Firmes en Cristo, Saber decidir: Hoy día en el mundo se suele decir que todo tiene su precio, todo se vende y se compra. La conciencia de la gente también tiene su precio. Por ejemplo, si un empresario necesita que una persona en un alto cargo tome determinada decisión que le favorezca o le facilite hacer algún negocio, indaga cuánto es lo que exige como compensación para decidir a su favor. Si el funcionario no acepta plegarse a sus deseos, el empresario piensa: «Caramba, este tipo se cotiza muy alto ¿Cuánto será lo que quiere?» Así que intenta negociar de nuevo el monto.
En su caso, ¿ha pensado cuál es su precio? ¿Hasta que suma de dinero usted es incorruptible, insobornable? ¿Diez mil dólares? No, quizá eso es muy poco. ¿Pero si le agregan un cero a la derecha y le susurran al oído cien mil? ¿Está dispuesto a ceder? ¿Se pone usted firme y dice: Yo no puedo aceptar este tipo de ofertas? ¿O trata de justificar su deshonestidad diciéndose a usted mismo que hay ofertas que no se pueden rechazar?
Si le proponen un negocio incorrecto ¿hasta qué ganancia está dispuesto a renunciar para mantenerse a un lado?
La gente está acostumbrada a deslizar un sobre o un billete a la persona que tiene que tramitar un expediente, para que no ponga trabas y lo haga rápido, aunque es su obligación hacerlo por el sueldo que recibe. Esto es tan común que ya ni nos sorprendemos ni nos sonrojamos si nos acomodamos a la costumbre.
Hay quienes no se venden por dinero (¡son incorruptibles!) pero sí lo hacen por una «pequeña» ventaja temporal, como podría ser un viaje, o un puesto, o un honor, o una posición de cierta importancia, y, a pesar de eso, se consideran honestos. Nunca se rebajaron a recibir un soborno pero sí un beneficio de otro orden.
El personaje de Daniel es sumamente interesante y las peripecias de su vida son extraordinarias lecciones. Él fue un hombre público que desempeñó altos cargos desde joven y sirvió a sucesivos gobiernos durante su larga carrera.
Era un muchacho israelita que había sido llevado a Babilonia cuando Nabucodonosor conquistó Jerusalén hacia fines del siglo VI antes de Cristo. El propósito del rey era doble: de un lado privar a la nación conquistada de lo mejor de su gente; y, de otro, aprovechar para su propia nación a lo más capaz del país vencido.
El joven Daniel fue llevado a Babilonia junto con otros jóvenes que, como él, formaban parte de la aristocracia judía y habían recibido desde niños una educación esmerada. Ahora debían aprender el idioma de los caldeos y familiarizarse con las costumbres babilónicas. Si él y sus amigos demostraban ser excelentes alumnos les esperaría una brillante carrera en su nueva patria.
El rey encargó a un hombre de su confianza el cuidado, la mantención y la educación de los jóvenes israelitas. Pero Daniel como buen israelita, debía obedecer a las prescripciones de la ley dada por Dios a Moisés acerca de los alimentos, y había ciertos manjares y ciertas bebidas que le estaban prohibidas.
Dice la Escritura: «Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse» (Dn 1.8). Y el funcionario, aunque con algunas dudas, accedió a su petición.
Daniel y sus compañeros rehusaron gustar de la comida del rey a pesar de que eso significaba correr el riesgo de enojar a su tutor y, peor aún, de suscitar la cólera del soberano. En esa época los reyes no se andaban con contemplaciones. Si alguien se oponía a sus deseos, simplemente lo mandaban matar.
Pero Daniel no condescendió con el mundo que le ofrecía satisfacciones y halagos: una mesa bien servida, vino abundante, diversiones y encima, una brillante carrera y formar parte del grupo privilegiado.
¿Cuántas veces nos hemos encontrado en situaciones parecidas? Se nos ofrecen ciertas ventajas, con tal de que cedamos a la palabra recibida de parte del Señor. ¿Mantenemos entonces la santidad al Señor o nos acomodamos? ¿Estamos dispuestos, por razones de conciencia, a renunciar a las ventajas que nos ofrecen, o peor, a ser marginados por no colaborar?
Si usted es un profesional ¿se negaría a hacer lo que su conciencia le prohíbe, pese a las amenazas de represalias? Si es juez ¿cambiaría la sentencia a favor del culpable porque alguien bien situado se lo ordena? ¿Está dispuesto a arriesgar que lo cambien de puesto o que lo acusen falsamente de no ceder a las presiones?
Si es investigador o fiscal ¿cambiaría el atestado policial por una buena oferta de dinero o por la promesa de un ascenso? ¿Acusaría al inocente por unos cuantos billetes? Si es médico ¿esterilizaría a esa pobre campesina ignorante, sin explicarle claramente lo que esa operación significa, o sin que su esposo esté de acuerdo? Hay pocos médicos que se negaban hace pocos años a hacerlo por temor de perder su puesto y su sueldo. ¿Realizaría un aborto por un buen fajo de billetes?
Si está a cargo de las compras en una repartición pública ¿haría pedidos innecesarios en complicidad con otros colegas para recibir la comisión que le ofrece el vendedor? ¿O se niega, como debiera, a recibir un centavo?
Casos como estos ocurren diariamente en la administración pública, en los negocios y en todas las profesiones. Y ahí es cuando se descubre el temple de nuestro carácter y de nuestras convicciones.
Queremos formar parte del grupo que está al tanto de las mejores oportunidades para hacer dinero, de los que se benefician con los repartos o de los ascensos.
Hoy más que nunca reinan los que venden su conciencia. ¿Cuál es su precio? ¿Ya lo ha fijado?
Seguir a Cristo también tiene su precio, pero es un precio de naturaleza diferente, que no siempre se mide en dinero. Puede que nos pidan que mintamos ante la opinión pública, o que tomemos parte en manejos que nuestra conciencia reprueba; o, simplemente, se nos pide que neguemos nuestra fe cristiana.
El apóstol Pedro se encontró una vez en una situación de peligro parecida y, para escapar de ella, negó que él era uno de sus discípulos de Jesús. Si él decía que sí, quizá lo hubieran involucrado en el juicio como cómplice y hubiera acabado en la cruz junto a su maestro. Él lo amaba pero no como para arriesgar la vida o como para ser torturado.
Poco antes Pedro le había jurado a nuestro Señor Jesucristo que estaba dispuesto a morir por él pero llegado el momento de la prueba, el miedo pudo más. Cuando cantó el gallo y se acordó del anuncio que le había hecho Jesús ya era tarde, ya lo había traicionado.
¿A qué le teme más? ¿A desafiar la ira del rey, de los poderosos, o a desafiar la ira del Dios Vivo? ¿A quién le teme más? ¿A Dios, o a la gente del mundo, o a la sociedad, o a los poderosos? ¿Ante quién tiembla?
Jesús dijo: «Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno» (Mt 10.28). Hay quienes creen que nuestro Señor se está refiriendo en este pasaje al diablo pero se está refiriendo a Dios. Sólo al Señor debemos temer.
También el Señor Jesucristo dijo: «Porque ¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?» (Mt 16.26). Si pierde su alma, lo perdió todo porque los bienes son muchos pero el alma es una sola. Además el bien que pudo ganar a cambio de su alma dura muy poco. En cambio su alma es eterna.
Antes había dicho: «Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará» (Mt 16.25). Lo que usted esté dispuesto a renunciar por mantenerse fiel al Señor, inclusive la vida, lo recuperará mil veces aumentado, multiplicado.
Dios premió la fidelidad de Daniel y de sus compañeros haciendo que ellos encontraran gracia ante el funcionario que se encargaba de ellos. Dios hizo que ellos no se vieran demacrados, como temía el tutor por el hecho de comer sólo legumbres y otros alimentos permitidos a los israelitas (Dn 1.12-15). Por último, los premió dándoles más sabiduría que a los otros jóvenes de su edad (Dn 1.19-20), de tal manera que se destacaron en el grupo. El texto sagrado dice que el rey se mostró satisfecho con ellos y los convirtió en sus consejeros.
Ser fiel a Dios conlleva un precio, pero trae consigo también una recompensa. Puede haber sacrificios que afrontar, es decir, renunciar a los premios que da el mundo a los que se doblegan. Puede también haber peligros que sortear, incluso arriesgar la vida. Pero, al final, Dios en Cristo Jesús nos bendice y su recompensa tiene mucho mayor valor que las satisfacciones transitorias que ofrece el mundo.
En última instancia, aunque al principio lo critiquen o se burlen, al final reconocerán el testimonio, debido a la gracia del Señor en usted y glorificarán a nuestro Dios y Padre. Back to Top
Sabiduria, en las pruebas de la vida Una de las preguntas más comunes en la vida es, "¿por qué permite Dios que sus hijos atraviesen por tiempos difíciles de prueba?" Reconocemos que Dios es todopoderoso y que podría prevenir estas pruebas si así lo quiere. Sin embargo, no lo hace con frecuencia. Por lo tanto debe haber algún propósito para ellas, alguna razón divina para no librarnos de estas dificultades.
Una vez que empecemos a entender el propósito del Señor para estas cosas, podremos estar firmes en cualquier tormenta de la vida.
Santiago 1:1-12 establece un reto muy serio para todo creyente. Lo primero que debemos notar es la seguridad de Santiago al decir en el versículo 2 que todo cristiano, de hecho, enfrentará muchos tipos de pruebas. El autor no deja lugar para la duda; dice "cuando os halléis en diversas pruebas", lo que nos indica que no podemos evitar tales acontecimientos. Por ello, no debemos preguntarnos cómo evitar las pruebas - porque no podemos - sino más bien debemos pedir a Dios nuestro Padre que nos muestre cómo lidiar con ellas cuando surjan.
Lo segundo que debemos notar en el versículo 2 es la instrucción que hasta parece absurdo, "tened por sumo gozo" cuando las dificultades lleguen a nuestra vida. Ésta es una declaración que cuesta entender; las pruebas y el gozo simplemente no van juntas. Lágrimas, desaliento, desilusión, desesperación. éstas son las cosas que asociamos con las pruebas. ¿Pero gozo? Santiago debe haberse dado cuenta de que esto sería una contradicción para el razonamiento de nuestra naturaleza humana; así que, debe haber una respuesta más allá de los que podemos percibir.
En Santiago 1:5, en medio de una discusión acerca de las pruebas, el autor parece cambiar de tema a medio camino. Él acaba de explicar cómo las pruebas espirituales producen resistencia y madurez, y luego dice, "Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios.y le será dada".
Santiago en realidad no está cambiando de tema sino que está presentando un argumento consistente en cuanto a las pruebas. Para que podamos darle frente a las pruebas y "tenerlas por sumo gozo", debemos ver el asunto desde la perspectiva de Dios. Esto es lo que hace la sabiduría.
Más allá de simplemente entender el razonamiento de Dios, también debemos activamente aplicar esa sabiduría. Cuando hacemos esto, podemos evaluar a las personas y las circunstancias de mejor manera y por ende estamos mejor preparados para tomar decisiones sensatas.
La función primordial de la sabiduría es la de ayudarnos a discernir la fuente de nuestras pruebas. Descubrir la fuente es de mucha ayuda para entender el propósito de Dios en cada dificultad. A veces, nuestras pruebas nos llegan por haber tomado decisiones incorrectas. Estos momentos son difíciles de aceptar porque nos damos cuenta de que no podemos echarle la culpa de nuestros problemas a nadie.
Una segunda fuente de pruebas es la persecución de otros. Al esforzarnos por vivir como el Señor nos manda, el enemigo empezará a buscar nuevas maneras de atacarnos. Un ataque efectivo es a través de otras personas que son enviadas a herirnos, a burlarse de nosotros, o a distraernos.
Otra fuente incontrolable es el simple hecho de que vivimos en un mundo caído. No podemos evitar terremotos, inundaciones, enfermedades, sufrimientos, guerras y otras dificultades.
Un asunto difícil de entender para muchas personas es que Dios permite cada una de las pruebas que enfrentamos. A veces, Él mismo envía las pruebas. Es por esto que Santiago instruye a los creyentes a pedir sabiduría en medio de las dificultades. La sabiduría nos permite ver claramente la fuente de nuestra prueba, y cuando la conocemos, estamos mejor preparados para evaluar, manejar y crecer.
Una vez que entendamos la razón de la prueba, necesitamos sabiduría para que nos permita discernir su propósito. En esto, la sabiduría nos ayudará a comprender el tiempo de prueba que vivimos y a través de eso preguntarnos ¿Señor, qué quieres que aprenda?"
Dios permite la prueba para probar nuestra fe. Santiago 1:3 dice, "sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia". La palabra "prueba" aquí significa ser probado y ser encontrado aprobado; esto es, Dios está probando su fe; la fortaleza de su fe.
La fe no probada, es prácticamente inútil. ¿Cómo sabe lo que puede enfrentar en la vida si su fe no ha sido probada? Primera de Pedro 1:6-7 explica este aspecto valioso, "En lo cual vosotros os alegráis. tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe. sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo".
Al ser probada nuestra fe produce madurez espiritual, lo que conduce a la paciencia. Ser probados por Dios nos fortalece para que podamos enfrentar prueba tras prueba y todavía resistir.
Segundo, Dios permite nuestras pruebas para probar nuestra devoción a Jesucristo. La devoción verdadera demanda que sigamos a Jesús fielmente, independientemente de las circunstancias. ¿Obedecerá usted a Dios cuando no entiende el por qué? ¿Le obedecerá usted cuando las cosas no estén a su favor? Esto se descubre durante periodos de prueba.
Tercero, Dios permite las pruebas para purificar nuestra vida. Las pruebas tienen una manera de ejercer presión en las partes más secretas de nuestro ser, trayendo a la superficie, pecados escondidos, malos hábitos, y áreas descuidadas. Esto es necesario para alcanzar la madurez espiritual.
Cuarto, nuestras pruebas le dan a Dios la oportunidad de demostrarnos durante tiempos difíciles, el poder sustentador que sólo proviene de Él. Este es un testimonio asombroso para los que no son creyentes, quienes pueden presenciar cómo usted pasa por una situación terriblemente difícil mientras al mismo tiempo mantiene la paz del Espíritu Santo.
Quinto, un propósito mayor de nuestras pruebas es producir en nosotros un carácter semejante a Cristo. Las pruebas nos revelan que no podemos vivir una vida cristiana separados de Él. Esto significa que la vida cristiana es en realidad Jesucristo viviendo en y a través de nosotros. Esto requiere nuestra completa entrega a la voluntad del Padre, para que nuestras reacciones durante tiempos difíciles sean reacciones del Señor, vividas a través de nosotros.
Finalmente, las pruebas nos equipan para servir en el Reino de Dios. Segunda de Corintios 1:4 señala claramente este punto "(Dios) el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios." Dios está usando nuestras pruebas para hacernos más útiles.
Al entender e identificarnos completamente con el dolor de otra persona, podremos alcanzarla de una forma en la cual otro no estaría preparada para hacerlo. Si es que hemos pasado por eso nosotros mismos, tendremos un entendimiento profundo de lo que el individuo en sufrimiento necesita.
Si usted es un hijo(a) de Dios, tiene el medio por el cual puede estar firme frente a cualquier prueba. Confíe que el Señor tiene una razón para sus dolencias, y sométase a lo que sea que Él desea enseñarle. El camino puede ser rocoso y dificultoso, pero una respuesta sabia le conducirá hacia el gozo que Dios le ha prometido. Back to Top
Fe practica, el llamado a confiar Hubo un tiempo cuando había gigantes en la Tierra. No gigantes literales, sino hombres cuya fe se destacaba por sobre los hombros y cabeza de los demás. Estos hombres, cuya fe en Dios trascendía la mera creencia, llegaron a ser legendarios.
Eran hombres como Enoc, Abraham, Samuel. Estos eran los antiguos: hombres que conocieron a Dios íntimamente. No usaron la palabra fe como un estado mental. Pensaban solo en términos prácticos, como caminar con Dios, servirle, temerle, obedecerle y aferrarse a Él. Eso es la fe, y por eso la Biblia debe ser nuestra guía en cada centímetro del camino.
Hoy, tristemente, se piensa de la fe como una posesión almacenada con seguridad en algún lugar de nuestros anaqueles sicológicos. La sacamos, la desempolvamos y la mostramos según lo requiera la ocasión. Los antiguos no enfrentaban el día sin fe, como tampoco lo enfrentaban sin sus vestidos. Era la atmósfera que respiraban. No obstante, el mundo piensa en la religión como un simple tema de conversación, de práctica ocasional, y tienen al domingo como el día designado para exhibirla. Pero para aquellos grandes hombres su relación con Dios era la cualidad esencial de todas sus horas de vigilia. Era la misma sustancia de sus vidas.
En los tiempos bíblicos, el mundo era un lugar peligroso. Las naciones no tenían ni idea de cómo enfrentar las enfermedades, las plagas, las sequías y las hambrunas. Los enemigos los rodeaban, los perseguían y los mataban. Pero Israel aprendió de los hombres de fe que Dios era "El Shaddai", su todo suficiente protector, libertador, sanador, fortaleza y escudo.
La primera preocupación de los antiguos debía ser la seguridad física y la prosperidad, porque ambas cosas se veían constantemente amenazadas. Pero eran creyentes maravillosos. Su fe no era la creencia fácil en un credo, sino algo que tenía que ser puesto en práctica diariamente como un escudo contra los peligros constantes.
Fueron pioneros de la verdadera fe en un mundo que era enteramente idólatra. Estos personajes de la antigüedad, bajo las pruebas más severas, nos mostraron cómo creer. Sus ejemplos se registran en las Escrituras porque nos ofrecen dirección vital para todos los tiempos.
El Nuevo Testamento, no obstante, introdujo una fe de otra clase. Ciertamente la confianza que expresaban los profetas de la Biblia continúa, pero se amplía más allá del pacto físico y alcanza más de lo que entendieron los profetas que la profetizaron.
Grados de fe
Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento podemos encontrar que hay diferentes grados de fe. Podemos empezar con una visión limitada de las cosas por las cuales confiamos en Dios, o con una sola oración: "Oh Dios, ayúdame". En forma concisa, nuestra fe puede seguir un proceso similar a éste:
Creer que algo es cierto
El libro de Santiago recuerda a los que creen en un Dios que los demonios también creen y tiemblan (Santiago 2:19), ¡lo cual no es muy alentador! En Juan 11, Marta creía en la resurrección en el día postrero, pero Cristo quería una fe que saltara a la resurrección allí mismo. "Yo soy la resurrección y la vida", dijo, "el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (v. 25). Asimismo, los judíos creían que su religión era la verdadera, aun cuando lograban muy poco con su religión, debido a que nunca fue puesta en acción. La situación es similar en estos días. La fe puede ser solo un acuerdo con una afirmación de verdad, un asentimiento intelectual. Creer sencillamente que hay un Dios no es fe que salva, pero es un comienzo.
Creer que una persona es genuina
Por ejemplo, Nicodemo le dijo a Jesús: "Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él" (Juan 3:2). Jesús quería un nivel más elevado de fe, más que ser considerado simplemente un maestro. Le habló a este principal entre los judíos, de "creer" de una manera nueva, una manera que Nicodemo nunca había concebido. Muchos creían en Jesús como él creía, que era un hombre genuino. Pero la admiración puede convertirse en compromiso, y hay razón para pensar que ese fue el caso de Nicodemo. Sin embargo, creer sencillamente que Jesús es un buen hombre es un error fatal. Un buen hombre no será mentiroso, ni engañador, ni loco. Sin embargo, Jesús afirmaba ser el Hijo de Dios. No era un hombre bueno para afirmar tal cosa, sino un arrogante blasfemo... a menos que fuera verdad. Si era bueno, tuvo que haber sido lo que decía, mucho más que un buen hombre. De hecho, tendría que ser exactamente lo que afirmaba ser: Cristo, el Salvador del mundo.
Creer en Jesús como una persona inspirada, algo así como un profeta
En el libro de Mateo los discípulos le dijeron a Jesús que la gente pensaba que Él era un profeta: "Ellos dijeron: unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas" (16:14). Por ejemplo, cuando Jesús entró en Jerusalén la gente decía: "Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea" (Mateo 21:11). Lo aplaudían, pero Jesús, al igual que Jeremías, lloró. Había llegado a ese punto, pero no le permitían que los tomara bajo sus alas y los salvara. No podemos decir que Él es un profeta. Al profeta se le debe oír, y oír a Cristo nos adelanta muchísimo hacia el principal objetivo espiritual: la salvación por medio de Él.
Creer en el poder de Dios
En Jerusalén todo el mundo creía en el poder de Dios. Muchos también creían en el poder de Cristo. Por ejemplo, el evangelio de Juan dice: "Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre" (Juan 2:23-25). Como ve usted, la gente no dudaba de lo que veía. Él obraba milagros. Querían hacerle rey. Pero Cristo quería una fe más amplia. Creían en sus poderes físicos, pero no lo colocaban en la posición que debía estar, como Señor y Salvador. Le pedían milagros, pero Él tenía para ellos mucho más que satisfacer su encanto por lo sensacional. Su fe en Él era solo como sanador, que solo es un poco más que tener fe en un hombre como médico, chofer o plomero. Confiamos en el médico solo como médico, no como ayuda diaria. En Cristo hay que confiar para todo, no solo en cuanto a uno o dos milagros.
Creer en el sentido de tener confianza
Esto convierte la fe en una relación personal. Confiamos en las personas, como por ejemplo en nuestros padres. Nos conocen y tienen la llave de nuestro diario más confidencial. Sentimos que no nos fallarán. Esta es la fe personal que Dios quiere que pongamos en Él. Nuestras vidas están tan abiertas ante Él como si estuviera sentado en nuestra sala. Sabe nuestro pasado, presente, futuro, y nuestros más íntimos pensamientos. Y cuando empezamos a confiar en Él como nuestro Padre celestial, ese es el principio de la fe que salva. Si quedamos atrapados en un risco en una montaña y un alpinista experto viene a rescatarnos, ponemos nuestra vida en sus manos por brillantes que seamos. Cuando llevamos esa misma confianza al ámbito espiritual, eso es fe que salva y Cristo es nuestro Rescatador.
Creer en Cristo
Cuando confiamos en Cristo de una manera en la que nunca confiaríamos en un amigo íntimo, esa es fe real. La Biblia dice que los amigos pueden fallarnos. "Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar" (Salmo 41:9). Incluso nuestros padres pueden fallarnos: "Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá" (Salmo 27:10). Lo que quiere decir es que debemos rendirnos a Él y permitirle hacerse cargo de todo aspecto de nuestras vidas.
Así es como Pablo quiso que fuera para sus conversos. Cuando daba instrucciones a los creyentes en la iglesia en Tesalónica les dijo que su fe, esperanza, amor y perseverancia frente a la persecución eran ejemplares. Luego concluyó con una oración: "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará" (1 Tesalonicenses 5:23-24). Cristo puede salvar solo lo que le entregamos. Debemos entregarle todo: cuerpo, alma y espíritu, para siempre. Entonces Él puede hacer algo por nosotros. No quiere salvarnos a retazos. Satanás es su único rival en cuanto a poseernos de esa manera. Pero Cristo lo entregó todo, y nosotros debemos entregarle nuestro todo. Esa es la única manera real de expresar nuestra fe en Él.
Lo que produce la fe
La fe produce una interacción entre Cristo y nosotros. Es también un catalizador, un elemento que produce cambio. Creer es una relación. Es algo vivo y vibrante, que me afecta a mí tanto como a Cristo. Hallamos que esto es así según nos guía la Biblia: "Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor" (2 Pedro 1:3-7).
El apóstol Pablo también reconoció esta verdad y señaló el ser un verdadero creyente y revestirse de la nueva naturaleza como estar "en Cristo". Por ejemplo, en 2 Corintios 5:17 Pablo dice: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas".
Transformados espiritualmente
Pablo describía la transformación espiritual que ocurre en el hombre interior cuando cree en Cristo como Salvador. Pero también hay libertad. Romanos 8:1-2 dice: "Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte".
La fe más sencilla en Cristo tiene efectos asombrosos. La persona más sencilla y la más sabia pueden creer y disfrutar de los mismos efectos. Jesús también prestó atención a las palabras. Él había oído la jerga religiosa de los escribas, la que no podían ni apreciar ni comprender las personas comunes. Pero la gente ordinaria oía alegremente a Jesús. Jesús hablaba de la fe, pero poniéndola en los términos más sencillos, tales como: "Venid a mí", "ámame", "permaneced en mi" y "sígueme".
La fe no es un acto religioso. Es la transferencia a Dios de la responsabilidad de la totalidad de la vida de uno cuando nuestros recursos son inadecuados. La fe es una mezcla espiritual que nos hace uno con Cristo. Parece un concepto muy sencillo y lo es. No hay otra manera de poder alcanzar todo lo que Cristo logró en la cruz por nosotros. Somos salvos por fe.
El carácter de Dios
Dios, en su naturaleza, desea que lo conozcamos. Él nos hizo y no quiere que sus criaturas ignoren quién es Él. Cuando acudimos a la Biblia tenemos la impresión de un Dios tan poderoso que la imaginación jamás lo hubiera igualado.
Dios es el Dios de buena voluntad para nosotros. Los ángeles que anunciaron el nacimiento de Cristo usaron la misma frase. En Lucas 2:14, los ángeles dieron la noticia del nacimiento de Jesús a los pastores que guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado, y les proclamaron: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!" Esa es la actitud de Dios: buena voluntad hacia los hombres. Somos el pueblo de un Dios de buena voluntad, pueblo sobre el cual descansa su favor.
La buena voluntad de Dios
La voluntad del que estaba en la zarza ardiente era aterradora. Para libertar a Israel e introducir la idea de libertad, Dios estremeció a Egipto e hizo temblar la naturaleza. Nada pudo interponerse en su camino: ni el Faraón, ni los ejércitos, ni dioses, ríos, mares ni la ingratitud y renuencia de Israel. Parecía que querían aferrarse a las cadenas que los ataban, pero eso era inaceptable para Dios. Dios quería lo mejor para su pueblo.
Ése es su carácter: buena voluntad, listo para poner al mundo de cabeza, incluso desprendió al Hijo de Dios de su seno para que viniera a la Tierra para cumplir sus deseos, para beneficio y bendición de los indignos hijos de los hombres.
El Señor Dios de Israel y nuestro Señor Jesucristo hicieron cosas más grandes que nunca, y Jesús continúa realizando miles y miles de maravillas cada hora, todos los días.
Para confirmar su deidad, Jesús dijo: "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo" (Juan 5:17). Tiene rivales, pero no son competencia. Su carácter brilla más de lo que jamás lo han pintado los hombres, las mujeres o el mito.
El carácter de Dios, por consiguiente, se ve en Cristo y en su evangelio. El evangelio se levanta solo y su gloria demuestra ser inigualable. Vastas multitudes vienen a Cristo debido a que sus propias religiones ofrecen muy poco. El evangelio de Cristo lo ofrece todo. Lo acompañan señales, así como también maravillas de salvación, conversiones y milagros de sanidad. Su luz y verdad iluminan el futuro y la eternidad. Los espíritus malignos son expulsados. Cristo da inmunidad contra conjuros, maldiciones y todas las obras del diablo (1 Juan 3:8). Adoramos al Dios supremo de todos los dioses; millones reconocen este hecho.
Si vamos a estar llenos de fe, entonces Dios debe ser fiel. La fidelidad de Dios es la gran característica del carácter divino. Los pueblos del Antiguo Testamento exaltaban al Señor por su fidelidad y cantaban de ella en los Salmos. No leemos que el pueblo israelita antiguo haya tenido fe, sino que se les describe como confiando en Dios, invocándole y obedeciéndole. La palabra fe se aplicó al Señor: Él guardó la fe en su pueblo.
Nunca cambia
La fidelidad de Dios significa que nunca cambia. Es fiel en sí mismo. Nunca se desvía de lo que ha sido: un Dios de integridad, siempre el mismo, constantemente el mismo. Cualquier cosa que hizo, siempre fue consistente con lo que era. Nunca hizo nada fuera de su carácter. Lo que hizo era propio de Él. Esa fidelidad quería decir que la gente podía confiar en Él en cada etapa de sus vidas.
Esto tiene enormes aplicaciones para los creyentes cristianos. Lo que Él era cuando fue al Calvario y fue colgado en la cruz, cuando sus enemigos se mofaban de Él, y cuando resucitó, eso es Él. Ese es Jesús. Siempre ha sido y siempre será. Es el "Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo" (Apocalipsis 13:8), y es el mismo Cordero que Juan vio sentado en el trono de gloria.
Todavía hoy, es el mismo Cristo. Su amor no se extinguió en el gran esfuerzo de esas horas amargas. No se agotó su buena voluntad. Lo que hizo en la cruz es lo que es ahora. Lo que fue, sangrando, herido y clavado al madero, lo es ahora, coronado con gloria y sentado en el trono principal de toda la creación.
Es el mismo que moraba en la zarza ardiendo, el Dios de buena voluntad. El carácter de nuestro Dios es incomparable. El Dios de fidelidad es Aquel en quien podemos confiar que hará por nosotros solo el bien. Eso es lo que Él es. No hay nadie fuera de Él ni nadie como Él. Back to Top
Reposo en Dios: Cuando los problemas oprimen Todos los estudiosos de la Biblia coinciden en que, tanto el éxodo de Israel de Egipto, como su estada en el desierto y su entrada a Canaán son hechos históricos concretos. No obstante, ellos también coinciden en que son, a la vez, hechos representativos, simbólicos y con un valor trascendente en el plano espiritual: ellos son verdaderas metáforas del caminar del cristiano.
El apóstol Pablo, luego de pasar brevemente revista a algunos de los hechos que acontecieron a Israel, lo confirma cuando dice: "Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos." (1ª Cor. 10:11).
Siguiendo esta línea -muy ortodoxa- de interpretación bíblica, quisiéramos considerar algunos aspectos de la historia bíblica del pueblo de Israel, en el comienzo de nuestro estudio de Hebreos.
Egipto y el mundo
La vida de Israel en Egipto tuvo sólo un fugaz momento de bienestar, en los días de José. Eran los albores de la vida de Israel como pueblo, en que gozaba del protectorado del sabio gobernador judío. Era la infancia de Israel.
Para el cristiano, evidentemente, Egipto es el mundo. Antes de nacer de nuevo, él participa de la posición de destitución del mundo (muerto y bajo condenación), siguiendo la corriente que lo envuelve. (Efesios 2:1-2;12). Por algún tiempo, el mundo se le ha mostrado favorable (tal vez en los días de su adolescencia), pero pronto esa actitud cambia, apenas él despierta a su propia condición pecaminosa. Entonces, el mundo le muestra su verdadera naturaleza y su condición hostil.
Más temprano que tarde, llegó para Israel la hora del dolor. Faraón desconoce los favores concedidos otrora a este pueblo, y lo considera una grave amenaza. ¡Así que lo convierte en su esclavo! Israel pasa a servir a los intereses de Faraón. Israel es ahora sólo una fuerza de trabajo que tiene valor en la medida que produce. Sus manos sostienen la grandeza del imperio. Faraón tiene cientos de miles de esclavos judíos, que hacen el trabajo más rudo, para que Egipto pueda lucir sus blasones al mundo entero.
Poco a poco la esclavitud se vuelve insoportable, la carga es ya insostenible. El pueblo gime bajo la impiedad de un amo cruel. Sus más legítimas aspiraciones han desaparecido: un esclavo no tiene ninguna opción. La voz se levanta entonces hacia el cielo. El clamor sube, y Dios oye.
El cristiano crece en el mundo. Aunque él es un escogido de Dios, todavía no conoce su poder liberador: es un esclavo. El trabajo lo oprime, el amo que impera en el mundo -el diablo- lo subyuga. La corriente del mundo le atrapa. Sus exigencias le abruman; él debe estudiar, hacer fortuna, alcanzar el éxito. Para cada una de esas demandas, hay un esfuerzo más que realizar. Las fuerzas le faltan. Siente que en el fondo de su alma hay un hoyo profundo, siente una gran insatisfacción. Piensa que en alguna parte debe haber una solución. Tal vez, más allá de las estrellas. El no lo sabe, pero Dios ha escuchado su clamor y prepara ya su liberación.
Entonces, en su bondad infinita, y en su anticipado conocimiento y consejo, Dios dispone para su pueblo una salida. Dios prepara en el crisol del desierto un hombre para atender tal necesidad. Nace Moisés. Crece, se levanta, cae, huye y se esconde. Cuando parece que Dios ha olvidado, Él lo llama, y lo envía. El Libertador hace su entrada en Egipto. Su palabra es una palabra libertaria que conmueve las entrañas del pueblo, y los cimientos del imperio.
Dios le habla al corazón a su pueblo, y su palabra, que es también poderosa, le saca de la esclavitud. Moisés trae los juicios de Dios sobre Faraón y sobre Egipto, le vence en todos los frentes, y saca a Israel con brazo poderoso.
La sangre del cordero les ha librado del último y más severo juicio, que es la muerte misma. Mientras los primogénitos egipcios caen bajo la hoz del destructor, los hijos de Dios comen con premura del Cordero pascual, para memoria perpetua de su gran salvación.
Aquella sangre esa noche en Egipto, puesta sobre el dintel de las puertas de las casas judías es la sangre del Cordero de Dios que ha librado de una vez y para siempre a los hijos de Dios de toda condenación. ¡La condenación ha pasado! ¡El destructor no los ha podido tocar! ¡La poderosa salvación de Dios ha llegado! Aquel "veré la sangre y pasaré de vosotros" suena todavía, glorioso, en los oídos creyentes. Todavía la sangre del Cordero de Dios está vigente. Tan vigente como ayer. Y lo estará por siempre.
Aquella noche el bordón estaba en la mano de todo israelita, la masa sin levadura que sobró del pan necesario, está envuelta para llevarla. ¡Hay que marchar! ¡Egipto debe quedar atrás! ¡Canaán les espera!
Egipto deja salir a sus cautivos, y no solos: les añade voluntariamente regalos y joyas en abundancia. Egipto es devastado por los mismos egipcios, para regalar a sus ex-esclavos que se van. ¡Qué terrible es el Dios que ellos tienen! ¡Que se vayan luego, antes que ellos sean consumidos!
Dios ha dignificado a su pueblo ante los ojos de Egipto y de Faraón. Dios ha enjoyado a sus amados; salen, no como esclavos que escapan de su amo, sino como príncipes que van a adorar a su Dios al desierto.
El cristiano es conducido por el Espíritu de Dios a salir del mundo. ¡Se ve todo tan distinto ahora! El mundo le es ajeno, él tiene una nueva patria. ¡Tiene que salir! Su pie se mueve, su corazón palpita. ¡Pertenece a otro pueblo! ¡Su patria está lejana! ¡Hay que salir!
El paso del Mar Rojo
Esta salida y definitiva separación del pueblo de Israel de Egipto es tan significativa, que debe quedar una clara constancia de ella. Deberá quedar grabada, no sólo en el recuerdo y la conciencia de quienes fueron sus protagonistas, sino aún debe quedar registrada en los anales de la historia misma. Su relevancia es tal que de ella habrá una perpetua memoria.
Israel avanza a paso lento. No sólo caminan los hombres de músculos endurecidos por el trabajo diario, sino que van los abuelos debilitados por la enfermedades, y los niños marchitados por la desnutrición. Pese a todo, la alegría se desborda. Hasta los animales se unen a ella aquí y allá con sus voces tan dispares.
Sin embargo, a poco andar, una nube de polvo y el ruido de carros por retaguardia les llena de pavor: Faraón y sus carros de a caballo se acercan a galope tendido.
La encerrona es perfecta. Al frente, el mar; detrás, el ejército más poderoso de la tierra. ¿Puede haber escape para esa multitud indefensa?
El cristiano sabe que ya no pertenece al mundo. Se sabe libre de él y perteneciente a otro pueblo. Su frente se alza para mirar a lo lejos. ¿Dónde estará la meta? ¿Dónde estará Aquel que lo ha llamado "por su gloria y excelencia"? (2ª Pedro 1:3).
Avanza con paso firme; le parece que nada puede perturbar su paz y su gozo. Sin embargo, de pronto se cierne un peligro a sus espaldas. Es el diablo que emprende una persecución. Tal vez use a amigos muy cercanos. O, tal vez, a familiares muy queridos. Desde algún lugar inesperado surge la amenaza. El gozo se mezcla con un extraño dolor, que nunca antes había sentido. Es como un puñal clavado en medio del corazón.
El pueblo está encerrado entre Faraón y el mar. Los ojos se abren desmesuradamente. El corazón se llena de pavor. Las mujeres y los niños buscan refugio en el seno del padre. Los hombres gritan a Moisés. Entonces, ¡oh maravilla!, la vara de Moisés, se alza y el mar huye. Las aguas se espantan y el fuerte viento oriental deja el paso expedito. Las aguas bullen a un lado y otro del camino, formando paredes gigantescas. "Todos en Moisés fueron bautizados ... en el mar ..." - dirá Pablo mucho tiempo después, interpretando ese glorioso hecho. (1ª Cor.10: 2).
Faraón está vencido, y los cánticos del pueblo así lo declaran con alborozo: "Ha echado en el mar al caballo y al jinete. Jehová es mi fortaleza y mi cántico, y ha sido mi salvación ... Echó en el mar los carros de Faraón y su ejército; y sus capitanes escogidos fueron hundidos en el Mar Rojo. Los abismos los cubrieron; descendieron a las profundidades como piedra. " (Exodo 15:1b-2; 4-5 a).
El pueblo, otrora esclavo, ha escapado, y ya está fuera de su alcance. El Mar Rojo está de por medio.
Cuando el enemigo hiere con esa primera punzada en el corazón, el cristiano se desconcierta momentáneamente, pero luego, asistido por el poder de la resurrección de Jesucristo -que está en su corazón- recobra fuerzas. Y en vez de la lágrima -que se enjuga- aparece en sus ojos un brillo desconocido. Es el valor del corazón que asoma con inusitada fuerza. ¡Sí, a la amenaza del diablo opondrá un testimonio de fe más claro aún que su primera y débil confesión de fe! ¡El bautismo! Será la demostración de una fe inclaudicable, de una decisión irrevocable. Será para él como quemar los puentes que lo unen al pasado. ¡Todos deben saber qué significa para él el mundo y quién es su Dueño ahora!
El bautismo es muerte y resurrección. El mundo queda atrás; adelante hay una nueva Tierra Deseable. La esclavitud ha terminado; la libertad comienza. El sistema corrupto ha quedado atrás, un nuevo día de justicia ya alumbra.
Al igual que Israel en el Mar Rojo, el cristiano también tiene su bautismo en las aguas. Son otras aguas, seguramente más calmadas, pero el testimonio -público- es tan firme como aquél:
¡El mundo quedó atrás! ¡Satanás está derrotado! ¡El cristiano es libre!
El Sinaí y la Ley
El paso del Mar Rojo es el inicio del peregrinar de fe en dirección a Canaán. El Mar Rojo es la separación del mundo. Egipto quedó atrás. Nunca más Israel volvió allí (aunque tuvo el deseo y la ocasión de hacerlo). La primera gran experiencia luego del Mar Rojo está en el Sinaí. Así que, hacia allá se encaminan los pasos de Israel.
El camino más corto entre Egipto y Canaán es la ruta costera; sin embargo, Israel es llevado hacia el sur, para que reciba la Ley en un ambiente de grandes demostraciones de poder de parte de Dios. Ellos entienden que la Ley es buena, y que sus mandamientos son santos y justos. Así que ellos dicen: "Todo lo que Jehová ha dicho, haremos." (Ex.19:8). Sin embargo, ellos no saben qué peso han aceptado sobre sus hombros. La Ley de Moisés es dada a un pueblo que aun camina en la carne. Se le demanda santidad y perfección a quien no puede producirla.
Así, a poco andar luego de su bautismo, el cristiano se encuentra con la Ley. No es que Dios se la imponga, son las criaturas de Dios -los ángeles, en el caso de Israel (Heb.2:2; Gál.3:19b); los mismos cristianos mayores, en el caso del cristiano (Gál.5:4,7)- quienes se la imponen. Ellos lo ponen bajo el peso de Ley de los mandamientos. Son maestros que, más por ignorancia que por maldad, quieren someter al nuevo cristiano a la esclavitud con una infinidad de ordenanzas según la carne. Él deberá vivir las enseñanzas de Jesús, autoimponiéndose para ello una férrea disciplina. Deberá producir cantidades de gozo, de amor, de paz y de bondad, sin claudicar. Aunque su ánimo esté triste y su alma agobiada.
Él aceptó de buena gana todas estas cosas. Él quería agradar a Dios. Si sus mayores le enseñan eso, ¡así deberá ser! Se siente honrado con las demandas, y al igual que Israel en el Sinaí, él dice: "Todo lo que el Señor ha dicho, eso haré." Así, él comenzó a añadir -sin saberlo- las obras de la carne, a la fe. Él estaba lleno de gozo, el gozo del espíritu. Pero ahora, a medida que se esfuerza por agradar en la carne, el gozo se ha ido secando. El desierto de sus propios esfuerzos fallidos lo ha ido consumiendo. ¿Por qué se siente ahora triste y agobiado? ¡Ah, es que él no se ha esforzado lo suficiente! - piensa. Así que deberá esforzarse más por tenerlo. ¡Ay, y si ya no lo siente, por fingirlo!
Deberá esforzarse todo lo necesario para poder agradar a Dios. Literalmente, tendrá que someterse a todo un código de leyes acerca de cómo agradar a Dios y cómo servir, según un régimen de estricto orden. Allí habrá leyes bíblicas y también otras que no son bíblicas. Mandamientos divinos mezclados con mandamientos humanos. Estos últimos forman parte de la larga tradición que pesa sobre el grupo de que forma parte. Aunque se esfuerza, no puede agradar a los demás ni agradar a Dios. ¡Se siente podrido! ¡Qué triste suerte le espera!
La vida en el desierto
El pueblo, premunido de la Ley, avanza ahora hacia el norte; su meta: la Tierra Prometida.
En el trayecto surgen inconvenientes, como era de esperar. El pueblo de Israel es un pueblo quejumbroso e iracundo. ¿Quién que viva bajo la Ley no es así? En Israel se cumplió anticipadamente la certera palabra dicha por Pablo: "Pues la ley produce ira." (Romanos 4:15). Si se habían airado antes de Sinaí por causa del pan y el agua (Ex.15:22-17:7), se quejan mayormente ahora en Tabera (Núm.11) y se llenan de nostalgia por los pescados de Egipto.
En pocos meses llegan a Cades-Barnea; están en las proximidades de Canaán. Ha llegado la hora de la verdad. Es la hora de la conquista ¡Por fin la meta está a la vista! Pero, entonces, surgen algunas interrogantes, que, lamentablemente, no proceden de la fe: "¿Qué tal es el pueblo al que tendrán que desalojar? ¿Están ellos en condiciones de emprender la conquista?"
Entonces, solicitan que se envíen espías. (Deut. 1:22). Es el primer signo preocupante, aunque Moisés parece no darse cuenta de ello. (Deut. 1:23). Ellos desconfían, no de sí mismos, sino de Dios, y temen al enemigo.
Los 12 espías van, y tras un recorrido de cuarenta días, regresan. Viene el informe lapidario y surge la reacción destemplada del pueblo. La incredulidad echa por tierra toda pretensión de conquista. Los hijos de Anac amenazan con su sola estatura.
Los hijos de Israel se ven a sí mismos como langostas; ¿y Dios? ¡A Dios no lo ven!
Cuarenta años han de pasar. Un año por cada día del infausto recorrido de los espías. La generación que recibió la Ley ha de morir. Ninguno de los que dijo: "Todo lo que has dicho, haremos" conquistará la Tierra. ¿Por qué? Ellos no caminaban por fe, sino por las obras de la Ley. La Ley es inútil para vencer a los enemigos de Dios. A los enemigos de Dios se les vence con las armas de la fe, no con las de las obras. "Todo lo que no procede de fe, es pecado". (Rom.14:23 b). Sólo Josué y Caleb están en condiciones de vencer, porque ellos creyeron.
¿Hay un espectáculo más triste que este? Israel da vueltas en círculos, interminablemente. Ellos ya no tienen metas, ellos no tienen aspiraciones. Para ellos ya no existe Canaán. El propósito de su salida de Egipto se ha desvirtuado. Ellos sólo caminan, comen y beben para morir. ¡El sentido de su peregrinar es la muerte!
Para muchos cristianos hoy, las cosas parecieran no ser diferentes.
El cristiano que echa mano a la ley de las obras da vueltas en el desierto, y finalmente tiene que caer allí. El desierto es la vida cristiana vivida en la carne, como un sistema de obras, de rituales externos, sin esperanza de avanzar a Canaán hacia una plenitud de vida en Cristo. Es la vida del alma no crucificada. El cristiano sólo piensa en saciar su hambre y su sed, y si alguna vez mira hacia lo lejos, no es hacia Canaán, sino hacia Egipto. No obstante, la fidelidad de Dios se manifiesta cada día: no le falta la nube de día y la columna de fuego de noche. El calzado no se gasta y el vestido no se envejece. Es un hijo de Dios, y como tal, disfruta de sus favores. Sin embargo, no conoce la plenitud de la vida interior. Lamentablemente, confunde la misericordia de Dios con la buena voluntad de Dios.
Cuando Dios le invita a pasar a Canaán ve sólo dificultades. Su vista se ha acostumbrado al amarillo desvaído del desierto y no puede recordar el verde intenso de los valles. No puede concebir cómo es una tierra de arroyos, de la cual fluye leche y miel. Las excelencias de Cristo le son desconocidas.
Muchos cristianos acaban su vida sin ver a Canaán. Ellos piensan que Canaán es el cielo y se consuelan con una dicha sólo futura. Ellos no saben que los lugares deleitosos son para su disfrute, hoy.
¿Quiénes entran en Canaán?
Dos clases de personas entraron en Canaán: los menores de 60 años, la mayoría de los cuales habían nacido en el desierto; algunos de ellos eran los niños que habían sido objeto de los temores de sus padres en el tiempo del informe de los espías.
Estos representan a los niños a quienes el Padre les revela su Hijo (Mat.11:25), a los que se vuelven niños para entrar en el reino. (Mateo 18:3). Y también a los jóvenes fuertes de que habla Juan. (1ª Juan 2:14 b). Estos son los que no se conforman con los secos rituales y se atreven a avanzar, dejando el desierto.
La otra clase de personas son los vencedores longevos, representados por Josué y Caleb. Ellos son los que soportan 40 años en el desierto. Pertenecen a una generación que cayó bajo los juicios de Dios. Son los sobrevivientes al sistema. Los pocos que vencen en medio de la mediocridad de la cristiandad sin incentivo ni metas. Ellos se mantienen vigorosos y fuertes como el primer día, porque son hombres de fe. (Josué 14:10-11).
Muchos cristianos piensan que las aguas del bautismo son las únicas aguas que el cristiano debe cruzar. Sin embargo, hay otras aguas que esperan a los vencedores. Son las aguas del Jordán. En el Jordán hay un nuevo bautismo, esta vez no se trata de una separación del mundo, pues Egipto ya quedó atrás más allá del Mar Rojo. El bautismo en el Jordán le separa de las tierras áridas, de Meriba y de Masah, de una vida de incredulidad y de obras.
Pero hay más. Luego del Jordán está Gilgal. Gilgal es la circuncisión. Es la circuncisión de Cristo, de que habla Col.2:11: "En él (Cristo) fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo." Allí se queda el viejo hombre con sus hechos, y surge un hombre nuevo, un hombre espiritual, capaz de servir a Dios en el espíritu. Sólo los que han pasado por Gilgal pueden llegar a ser vencedores.
¿Qué es Canaán?
Más allá del Jordán está la Tierra Prometida que espera a los vencedores.
La Tierra Prometida es Cristo. Cristo, para ser disfrutado. Cada palmo de esa Buena Tierra espera por nosotros para que pongamos sobre ella nuestro pie. (Deut.11:24). Es un terreno casi inexplorado todavía.
Sus riquezas son inefables, y bien ameritan una detallada descripción (Deut. 8:7-10). Cada vertiente, cada flor, cada árbol. Cada surco es objeto de la mirada atenta de Dios. (Deut.11:12). ¡Oh, de verdad, Cristo es precioso! Con razón, el salmista podía decir: "Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; Tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos; es hermosa la heredad que me ha tocado" (Salmo 16:5-6).
Pablo decía: "En quien (en Cristo) están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento." (Col.2:3). Cristo es la Buena Tierra que esconde tesoros.
Israel no conquistó, por pereza o por cobardía, toda la tierra que Dios le dio. ¿Haremos lo mismo nosotros? Cada vericueto, cada brizna de hierba, cada metro cuadrado (por decirlo así) esconde algún tesoro que espera por nosotros. Ellos no están a la vista, para que no los hollen los cerdos. ¡Ellos están escondidos, pero no tanto como para que tú no los puedas hallar, si lo pides al Padre! Cristo es la Belleza suma, es el Don de Dios, precioso y perfecto.
Más que el Edén de Adán, más que el Canaán de Israel (las cuales son sólo figura y sombra) es el Cristo de Dios para aquellos a quienes ha sido revelado. Así que, ¡Adelante, cristianos! ¡A conquistar la Tierra!
A cada cristiano le es dada una porción de Cristo. Ningún cristiano particular puede conocerle y disfrutarle enteramente.
Tampoco puede expresarle completamente. Una porción es suficiente para el regocijo de cada uno. Pero al juntarnos todos en amor y al compartir lo que de Cristo hemos recibido, vemos a Cristo completo, expresando todas sus inefables gracias en el cuerpo que es la iglesia. ¡Entonces, toda la heredad viene a ser nuestra!
En Canaán, en Cristo, está el reposo del cristiano. Está el reposo de sus enemigos, y de Amalec, que es, por fin, destruido. (Deut.25:19). Es también el reposo de las obras de la Ley. La carne y sus obras quedan atrás. Ahora entramos al régimen del Espíritu.
En Cristo está la plenitud y la riqueza suma. En Cristo, y sólo en Él está la perfección - todo en Él es deleitoso. En Cristo somos hallados perfectos. ¡Nada menos que eso ha preparado Dios para los que le aman! Back to Top
Hijos de creyentes: ¿Porqué abandonan la iglesia? Hay una realidad sociológica que no podemos ni debemos ignorar. En nuestras congregaciones hay un número creciente de personas que son segunda e incluso tercera generación de evangélicos. Se trata de muchachos y muchachas que por decirlo de alguna manera no vienen directamente del mundo, no provienen de un ambiente no cristiano o secular, sino que se incorporan a nuestras iglesias porque sus padres se convirtieron y ellos ya han nacido en un contexto evangélico.
Es precisamente, cuando aumenta el número de hijos de creyentes en nuestras iglesias, cuando comienza la deserción de los mismos. El proceso incluso se ve agravado por la existencia de una tercera generación de evangélicos, hijos de los hijos de aquellos que una vez abandonaron el mundo.
¿Qué quiere decir todo esto? Fundamentalmente que han habido dos generaciones de evangélicos que han accedido a la información relacionada con la fe y el Evangelio no por una decisión propia sino como consecuencia de una herencia cultural familiar. Estos jóvenes han crecido desde pequeños conociendo y teniendo acceso a toda la información que permite a una persona ser cristiana, han tenido numerosas oportunidades de formación y recibir instrucción y familiarizarse con la fe que puede otorgarles la salvación.
Esto, sin embargo tiene unas ventajas y tiene unos inconvenientes. La ventaja es que les ha permitido un acceso privilegiado al conocimiento de Dios y su Palabra. Desde la niñez han podido aprender conceptos que pueden no sólo otorgarles la salvación sino hacer que sus vidas sean mucho más ricas, plenas y dignas de ser vividas. Han podido conocer el consejo de Dios que puede librar de multitud de situaciones de dolor y sufrimiento como consecuencia del pecado. Pero también esto tiene unos inconvenientes. El conocimiento sin práctica produce un efecto de inmunización. Estos jóvenes saben pero no viven y por tanto pueden llegar a pensar que el Evangelio realmente no funciona y no sirve para la vida cotidiana. Pueden llegar a pensar que estar en la iglesia es lo mismo que formar parte de la familia de Dios y por tanto no ver o no entender la necesidad de la conversión personal.
En muchos de estos jóvenes se ha dado o se da una confusión en relación con la experiencia de la conversión. ¿Creen por convicción personal propia o porque han recibido esas creencias de sus padres? ¿Son religiosos o convertidos? ¿Han aceptado a Jesús o han aceptado una ética y una moral? ¿Tienen relación o tienen religión? Para algunos lectores de este artículo estas afirmaciones tal vez pueden carecer de sentido, pero son muy importantes. Demasiado a menudo hemos dado por sentado que todos estos jóvenes eran creyentes simplemente porque estaban allí, los hemos tratado y les hemos exigido conformidad con un estilo de vida que no podían mantener simplemente porque no eran creyentes y a diferencia de sus padres, nunca habían tenido una experiencia personal de salvación porque nunca habían entendido qué es lo que Dios esperaba y exigía de ellos. En definitiva, hemos partido de la premisa de que eran creyentes, en vez de partir de la premisa de que no lo eran.
Ante esta crisis de identidad religiosa, ante esta confusión en relación con su fe y su experiencia personal de conversión, los hijos de creyentes reaccionan de dos formas diferentes:
1. Abandonan la iglesia
Tengo 41 años y son muchos los hombres y mujeres de mi generación que han abandonado el Evangelio. De hecho, me encuentro entre ese escaso número de los que permanecimos fieles. Todos nosotros podemos recordar compañeros, amigos, familiares que hoy no están con nosotros pero que un día estuvieron. Muchos de ellos abandonaron la fe tal vez debido a que conocieron la letra pero nunca tuvieron un encuentro personal con Cristo. Tuvieron religión, no relación.
2. Nominalismo evangélico
Esta es la segunda respuesta. El nominalismo no es un fenómeno exclusivamente católico. Muchas personas en nuestras iglesias viven una fe nominal. Una fe caracterizada por la observancia de un mínimo de manifestaciones externas de la fe cristiana y un escaso compromiso con los ideales radicales del Evangelio. Una pequeña minoría mantiene vivas y en funcionamiento la mayoría de nuestras iglesias ante la pasividad y/o indiferencia de una mayoría.
Aumento del nivel cultural
Mis padres no pudieron ni siquiera acabar sus estudios primarios. Yo he tenido la oportunidad de acabar la universidad y hacer un curso de postgrado en un país extranjero. Mis padres nunca pudieron soñar que su hijo tendrían semejantes oportunidades culturales. Mi caso no es único. La generación de la postguerra (En España) trabajó duro para conseguir que sus hijos tuvieran las oportunidades culturales y materiales que ellos nunca pudieron conseguir. A principios del periodo histórico que abarca este artículo un graduado universitario en nuestras iglesias era "rara avis" y el orgullo de toda la congregación. Conforme fuimos avanzando en este el número de personas con acceso a la universidad aumentó notablemente y hoy en día los jóvenes con formación universitaria están siendo cada vez más habituales en los ambientes evangélicos.
La mayor cultura y educación ha traído consigo nuevas y desconocidas presiones, ataques y cuestionamientos de la fe de los hijos de creyentes. Su fe, en muchos casos una fe cultural, no meditada, no profundizada, no madurada, no asimilada en la vida cotidiana, ha sido despiadadamente desafiada y puesta en entredicho por las ideologías y filosofías prevalecientes en nuestra sociedad.
Los jóvenes han visto su débil fe puesta bajo asedio y se han producido dudas y crisis con respecto a la validez, racionalidad y sentido de la misma.
Desgraciadamente y con excesiva frecuencia estas dudas no sólo no han sido resueltas por la iglesia, sino que las personas han sido cuestionadas y vistas como sospechosas por el simple hecho de atreverse a dudar, a no tener las cosas claras. Una duda no resuelta conduce a una crisis de fe, a una creencia de que el Evangelio no es realmente compatible con una mente racional, con una formación intelectual.
A modo de resumen, es posible que la confusión en relación a la experiencia de la conversión y la falta de respuesta a las dudas y crisis de fe hayan sido, si no los únicos, si dos factores fundamentales que nos permiten entender el porqué del abandono de la iglesia por parte de los hijos de los creyentes.
Modelos deficientes
Una tercera razón por la cual los jóvenes abandonan la iglesia es por causa de los modelos deficientes de espiritualidad que hay a su disposición. Lamentablemente, muy a menudo, no somos lo suficientemente conscientes de la tremenda importancia de los modelos o marcos de referencia para los jóvenes. Estos modelos o marcos de referencia le proporcionan puntos de orientación que por medio del enfrentamiento, el contraste, la comparación o la imitación le ayudan a desarrollar y formar su identidad personal, incluyendo naturalmente su identidad espiritual.
Cuando estos marcos o modelos son deficientes entonces el joven, como afirma el educador Antonio Jiménez Ortiz, desarrolla una aguda fragmentación interna, sin columna vertebral que sostenga su personalidad. ¿Cuáles son los dos marcos básicos de referencia para la formación de la identidad espiritual del joven? Sin duda la iglesia y la familia. Entonces, si estos son débiles y no cumplen adecuadamente su función, no hemos de extrañarnos que se produzca un abandono de la fe por parte de los jóvenes.
Hablemos en primer lugar de la iglesia. ¿Somos plenamente conscientes del tremendo poder moldeador que tiene la congregación sobre el individuo? No es una exageración afirmar que los grupos por norma general moldean a su imagen y semejanza a los individuos que en ellos se integran. ¿Por qué se produce esta influencia? Bien, esto es debido a que el grupo ya en funcionamiento y normalmente con muchos años de estructuración provee al individuo que se desea integrar en él una serie de pautas de comportamiento que son presentadas como la "normalidad" y por tanto, el recién llegado observa a su alrededor y toma sus propias conclusiones acerca de lo que se considera el comportamiento normal y por tanto lo que de él se espera. Pongamos un ejemplo que nos ayude a entenderlo. Si nos incorporamos a un nuevo trabajo, normalmente el primer día procuramos llegar con antelación suficiente a la hora de comienzo de la jornada laboral. Pero si observamos que todo el mundo llega diez o quince minutos más tarde del horario supuesto, se ponen a leer el periódico, comentan las noticias del día y el partido del sábado y tan sólo se ponen a trabajar media hora después de cuando se suponían que debían hacerlo ¿qué conclusiones sacaremos? Si ese comportamiento se da día tras día, asumiremos que esa es la "normalidad" y nos adaptaremos a la misma.
Lo mismo sucede con nuestras iglesias. Cuando el niño crece y se convierte en joven y busca su propia identidad espiritual ¿hacia dónde dirigirá sus miradas? Sin duda, en primer lugar a la comunidad (posteriormente hablaremos de la familia) Esta, le ofrecerá una idea de lo qué significa el ser cristiano y en qué consiste la vida cristiana. Si nos encontramos ante una comunidad comprometida, amante de la Palabra, celosa en la evangelización, comprometida con la santidad y ardiente en la adoración, nuestro joven asumirá que la vida cristiana "normal" consiste precisamente en eso y tendrá un modelo correcto y desafiante. Si contrariamente encuentra una comunidad fría, legalista, poco comprometida con la santidad, la evangelización y carente de entusiasmo por la Palabra ¿qué hará nuestro joven? Hay muchísimas más posibilidades que rechace una fe que probablemente considera que es hipócrita y carente de sentido para él.
Un estudio realizado por el pastor Carl K. Spackman y publicado en su libro Transmitiendo la fe a nuestros hijos (Ediciones Las Américas: Méjico 1992) indica que un 19,3% de los jóvenes por él encuestados manifestaron que la hipocresía en la iglesia era la razón decisiva para su abandono de la fe. En efecto, los jóvenes nos observan, sacan sus conclusiones y toman sus decisiones con respecto a la fe y tristemente en muchas ocasiones, sin ser ni siquiera conscientes de ello les estamos empujando al abandono de la fe con nuestro pobre, hipócrita y mezquino estilo de vida. En este contexto cabría recordar las palabras de Jesús: ".imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos" (Lucas 17:1-2)
Las iglesias y sus líderes nos deberíamos plantear muy seriamente qué tipo de influencia moldeadora estamos teniendo sobre nuestros niños y nuestros jóvenes. ¿Podría darse la triste situación de que lejos de ayudarles a acercarse al Señor, seamos una piedra de tropiezo y escándalo para ellos? Hace falta madurez, honestidad y humildad para contestar esta pregunta y actuar en consecuencia.
El otro marco de referencia es el ofrecido por los padres. El Doctor Kenneth E. Hyde, investigador de la Universidad de Birmingham y autor entre otros libros de Religion in Chilhood and Adolescence (The Religious Education Press: Birmingham, Alabama, 1990) hace una afirmación que es desafiante y esperanzadora para todos los padres creyentes:
Para concluir, los descubrimientos científicos confirman lo que hacía tiempo ya habíamos entendido. La religión es aprendida en primer lugar en el hogar, y la calidad de la vida religiosa de los padres, y su involucración activa en la iglesia es la más grande las influencias que reciben los adolescentes. Los hijos adoptan las actitudes y opiniones de sus padres; la adolescencia trae una madurez emocional e intelectual más grande y con ello una actitud más crítica. La influencia de los amigos se convierte en algo de gran influencia -pero su elección de los amigos habrá sido afectada por las actitudes que ya se hayan formado en sus hogares.
Esperanza y responsabilidad. El hogar es la principal influencia a la hora de formar la identidad espiritual de los jóvenes. La iglesia no es y no debería ser la principal fuerza moldeadora de la identidad espiritual de los niños y jóvenes. No estamos afirmando nada nuevo. De hecho la Escritura claramente coloca en los hombros de los padres dicho privilegio y responsabilidad. Deuteronomio 6:4-9 es el pasaje emblemático. En contraste no encontramos ni un sólo pasaje en que esta responsabilidad sea delegada en la iglesia, aunque ésta tenga un importante papel que jugar.
Desgraciadamente hoy en día se están dando dos fenómenos que contribuyen a que los jóvenes dejen la fe. Por un lado la baja calidad espiritual de los padres. Muchos padres no cultivan su propia vida espiritual. No dedican tiempo a un mejor y más profundo conocimiento de Dios y su Palabra y su vida religiosa se ha convertido en nominal en un alto porcentaje. El resultado directo de esto es el abandono de la fe como estilo de vida, los valores, prioridades, formas de comportamientos, ilusiones y otras fuerzas que mueven a estos adultos ya no son las que emanan de la Biblia, al menos no principalmente, sino las normales que mueven a cualquier miembro de nuestra sociedad. Esta pérdida de valores bíblicos afecta como es natural a los hijos que no ven una coherencia entre lo que sus padres dicen y sus padres viven.
El Doctor Julián Melgosa de la Open University de Londres afirma:
Se dice, y con razón, que el joven cierra el oído al consejo y abre los ojos al ejemplo. Cuando lo que se sostiene de palabra no es confirmado con los hechos, es lógico que no sólo se ponga en duda la fidelidad a los principios de los mayores, sino que se cuestione incluso la validez de estos principios.
Sin embargo existen muchos padres que son fieles al Señor, comprometidos con Su Palabra y la iglesia local y ven con temor como sus hijos se acercan a esa edad crítica en que pueden dejar la fe. En algunas ocasiones se produce un abandono de la fe porque los padres no han sido conscientes de cuál era su papel como educadores y por tanto no lo han podido asumir.
La educación no es algo que simplemente sucede. La educación es una acción consciente de la voluntad que tiene como finalidad producir un cambio conductual y moral en la vida de los hijos. Dicho de otra manera, la educación no sucede, se provoca y se lleva a cabo, se promueve. Del pasaje de Deuteronomio antes mencionado podemos sacar tres principios claves que todos los padres debemos aplicar en nuestro proceso educativo con los hijos:
El primer principio es el de encarnar la verdad en nuestras vidas. Nuestros hijos deben ver que somos coherentes, no perfectos, con nuestras creencias. Que vivimos aquellos principios, hábitos y estilos de vida que nacen de la Palabra y que deseamos que ellos asuman e incorporen en sus vidas. No vamos a hacer una lista exhaustiva de todos ellos, pero los padres hemos en encarnar entre otras cosas, el perdón, la entrega, el amor incondicional, el servicio y el respeto. Hemos de mostrar que amamos y seguimos a nuestro Dios de forma consciente y responsable.
El segundo principio es la repetición continuada de los preceptos de la Palabra de Dios. El hogar es el lugar para enseñar la Biblia y sus principios a nuestros hijos. Una y otra vez hemos de exponerlos, enseñarlos y repetirlos. Hemos de asegurarnos que nuestros jóvenes conocen y entienden el consejo de Dios y tienen la oportunidad de aplicarlo en sus vidas. Para ellos hemos de tener tiempos formales (culto familiar o similar) y tiempos informales de enseñanza (enseñando usando las situaciones reales y cotidianas de la vida)
Por último, hemos de ayudarles a aplicar los principios de la Biblia en las situaciones de su vida cotidiana. Hemos de aprovechar cualquier situación, incidente y experiencia de la vida para hacer aflorar los preceptos y enseñanzas del Señor y relacionarlos de manera viva y relevante con ellos. De esta manera nuestros hijos aprenderán que la Escritura involucra todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida, y que tiene y puede dar luz sobre cualquier circunstancia o situación humana.
Posibles soluciones
Un buen diagnóstico es básico para un tratamiento eficaz. Hemos tratado de discernir las causas del abandono de la iglesia por parte de los hijos de los creyentes porque partir de ellas es fundamental para tratar de aportar soluciones de cara al futuro. ¿Qué podemos hacer al respecto?
1. Ayudar a los jóvenes a clarificar su experiencia de conversión
Vamos a partir de unas premisas claras. Nuestros hijos no son creyentes por el mero de hecho de estar en el local de la iglesia. Tampoco lo son por tener toda la información necesaria -demasiado a menudo fragmentada y presentada sin sistema ni coherencia, tampoco lo son porque se hayan bautizado.
Hemos de pensar en términos de un campo de misión o evangelización interior. Muchos de nosotros nos sorprenderíamos al comprobar el escaso conocimiento bíblico de nuestros jóvenes, su deformada comprensión de la vida cristiana, las ideas peregrinas que tienen acerca de Dios, lo mucho que están influenciados por valores y filosofías no cristianas, todo ello, incluso aunque estén bautizados y activos en su grupo de jóvenes.
Necesitamos plantearnos estrategias para evangelizar a nuestros jóvenes teniendo en cuenta sus características. Son personas que conocen la información básica, que pueden dar las respuestas correctas sin que necesariamente hayan tenido una experiencia real de conversión ni una comprensión del significado y las implicaciones de lo que saben. Para muchos de ellos la fe es más una cuestión de conceptos que de experiencia.
Es trabajo de la iglesia ayudarles a clarificar su posición delante de Dios. No es nuestra responsabilidad negar ni afirmar su situación ante Dios, antes bien procurar los medios y las situaciones que les permitan a ellos mismos entender de forma clara y directa el Evangelio, cómo éste se relaciona con su realidad personal y qué espera Dios de cada uno de ellos. Debemos asegurarnos que todos y cada uno de ellos son confrontados con el mensaje de salvación de tal manera, que como resultado de dicha confrontación todos, sin excepción, entiendan, cuál es su posición ante Dios.
2. Crear espacios de libertad para las dudas y las crisis
La duda no es mala, la duda es una actitud intelectual que hace que la persona precise de más información o una mejor comprensión de la que actualmente tiene. La duda no debe ser confundida con la incredulidad que es una negativa a creer. La duda es honesta, la incredulidad no lo es. La duda debe de ser respetada, valorada y aceptada. Es más, creemos que debe primarse, que los jóvenes puedan expresar sus dudas con toda su crudeza y profundidad sin que ello implique el riesgo de que puedan verse "catalogados" o bien marginados emocional o espiritualmente.
Algunos adultos, dirigentes o no, ven la duda como algo peligroso, algo a erradicar. Las dudas no se erradican, si por tal término se entiende reprimirlas, ignorarlas, pretender que no existen o obligar directa o indirectamente a sus portadores a ocultarlas. Las dudas se resuelven con amor y con respuestas honestas, íntegras y coherentes. Un líder de jóvenes que siempre favoreció que sus jóvenes expresaran todo tipo de dudas acostumbraba a agradecerles su confianza por hacerlo y prometía que siempre encontrarían una respuesta íntegra, honesta e intelectualmente coherente. Tal vez no sería la que los jóvenes desearían oír, pero sin duda los propios jóvenes sabrían apreciar la coherencia de la misma. Pensamos sinceramente que este es el tipo de actitudes que deberían de existir ante la duda.
Es posible que la razón por la que muchos adultos se horrorizan delante de las dudas que pueden plantear sus jóvenes sea el hecho de la propia debilidad y la inseguridad espiritual en la que ellos mismos viven. La inseguridad de otros pone de manifiesto su propia inseguridad y debilidad, tan laboriosamente mantenida bajo control.
Hemos de transmitir a nuestros hijos el sentimiento de que la fe no ha de tener miedo de ser cuestionada. La fe, si es verdadera, tal y como creemos los cristianos, no debe tener miedo de la prueba de la duda o el cuestionar. Si permitimos que nuestros jóvenes se cuestionen y planteen su fe y somos responsables en elaborar y proveer respuestas coherentes y maduras, la fe de nuestros hijos prevalecerá. Sin embargo, no olvidemos que una duda no resuelta o reprimida puede ser una semilla de incredulidad. Por otra parte animar a nuestros jóvenes, no a dudar -eso pueden hacerlo y lo harán por sí mismos- sino a expresar sus dudas, puede ser tremendamente beneficioso para nosotros ya que nos permitirá conocer las necesidades reales de nuestros jóvenes, sabremos cuál es su situación real y estaremos en condiciones envidiables para poder ayudarles.
3. Hacer una seria autocrítica como congregación
Cuando nos convertimos somos añadidos al cuerpo de Cristo, pasamos a formar parte de la familia de Dios y nos guste o no, seamos conscientes o no, entramos en una situación de interdependencia los unos de los otros. Ya no somos seres aislados que viven su vida en solitario e individualmente. Como cuerpo interdependiente todo lo que yo hago tiene repercusiones positivas o negativas en otros miembros de la asamblea. Mi testimonio, sin que yo tal vez tenga la más mínima conciencia puede ser un factor de motivación, estímulo, consuelo y ánimo para otros hermanos y hermanas, o puede ser un factor de desánimo, desmotivación y una razón más para que otros se alejen o se enfríen en su relación con el Señor.
Por esta razón las congregaciones encabezadas por sus líderes deben hacer un sano y necesario ejercicio de autocrítica y plantearse ¿cómo está afectando a nuestros niños y jóvenes nuestra vida como congregación? ¿somos una congregación con un estilo de vida digno de ser imitado? ¿somos un motivo de ánimo, estímulo y motivación para el sector más joven de nuestra hermandad?
4. Proveer a los padres con motivación, recursos y adiestramiento para que puedan desempeñar su función educadora. Hemos afirmado el protagonismo de los padres en la función de transmitir la fe y ayudar a los jóvenes a formar su identidad religiosa. La iglesia no puede dejar solos ante tamaña responsabilidad a los progenitores. Tenemos la firme convicción de que es responsabilidad de la iglesia local ser un soporte y un constante motivo de ánimo para los padres. La iglesia local puede cumplir esta función de la siguiente manera:
Primero, dando a los padres enseñanza y visión acerca de cuál es su papel como padres. La iglesia debe enseñarles qué es lo que el Señor espera de ellos en relación a la educación de sus hijos y motivarles a llevar a cabo la tarea encomendada.
En segundo lugar, la iglesia debe adiestrar a los padres acerca de cómo llevar a cabo la tarea. No sólo hemos de alertar a las personas acerca de su responsabilidad, a menos que los adiestremos y les enseñemos cómo hacerla vamos a producir en muchos padres más frustración que ánimo. No olvidemos que afortunadamente, muchos padres son plenamente conscientes de su responsabilidad y lo único que necesitan es que alguien les ayude a saber cómo pueden hacerla.
En último lugar, las comunidades locales deben proveer a sus miembros con los recursos necesarios para llevar a cabo su tarea. La iglesia debe buscar y averiguar cuáles son los mejores materiales y métodos que pueden ser usados por los padres y ponerlos a la disposición de los mismos.
Conclusión
Nuestros hijos han de tomar sus propias decisiones en relación con Dios. Todo ser humano es responsable personal e individualmente de la actitud que tome ante el Señor y su Evangelio. Nuestros jóvenes son entidades morales libres y responsables y finalmente es suya la decisión. Sin embargo, es responsabilidad de la iglesia proveer lo necesario para que esta decisión pueda ser tomada con plena comprensión de las implicaciones y consecuencias de la misma. ¿Evitaremos que nuestros hijos abandonen la iglesia si les ayudamos a clarificar su confusión con relación a la conversión y les proveemos de respuestas a sus dudas? Mi convicción es que probablemente muchos casos de deserción podrían ser solucionados si prestáramos atención a estos dos factores claves. Quiera Dios que ningún joven más abandone la fe debido a que no hemos provisto los medios necesarios para ayudarles en este sentido. Back to Top
Paz perfecta: El refugio en Dios Jesús decía siempre al llegar: "Paz a vosotros". Cuando envió a los discípulos casa por casa les instruyó que al llegar bendijeran la casa diciendo: "La paz sea sobre esta casa". Antes de irse a la gloria dijo: "Mi paz os dejo, mi paz os doy, no como la da el mundo".
· En el mundo no hay paz
"Los impíos son como el mar agitado, que no puede estar quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz para los impíos, dice Dios", Isaías 57:21. Mire las noticias y vea como está el mundo: asaltos, tiroteos, guerras, odios. Mire las películas, la televisión con movimientos rápidos de los videoclips, luces que se mueven prenden y apagan, las letras de las canciones, todo para excitar las pasiones violentas. Aún el sexo, expresión máxima del amor y ternura romántica se ha hecho violento. Los jóvenes que andan con cadenas, tatuajes, cada vez más perforaciones en su cuerpo. Todo es violencia.
Las relaciones familiares se han vuelto violentas, entre alumnos y maestros, entre políticos. Y qué diremos de nuestra amada América Latina donde ya no se puede caminar por las calles sin que lo asalten. Las puertas y ventanas son ahora de hierro porque los que roban y matan se han multiplicado, secuestran niños para vender sus órganos o para pedir rescate. Sí, los impíos son como el mar agitado. No hay paz para los impíos. Y la intranquilidad del mundo está afectando a la Iglesia.
¿Dónde comienza esta intranquilidad, ansiedad, temor, celo, envidia, resentimiento, odios y rencores? ¡Dentro de cada persona! Mateo 15:19. Es imposible tener una sociedad sana con individuos enfermos. Ni una comunidad feliz con individuos infelices. No hay iglesia alegre con familias tristes. La esperanza del mundo es la Iglesia, porque se ocupa de los valores internos del individuo y de una conversión personal. Las células donde cada persona es valorada y se enfatiza la responsabilidad familiar y social. La Iglesia enseña la moral y las buenas costumbres.
Jesús: "Vosotros sois la luz del mundo y sal de la tierra, si la sal se desvaneciere, no sirve para nada, sino para ser pisoteada por los hombres" Mateo 5:13. No podemos ser neutral. O salamos o nos salan, influenciamos al mundo o el mundo nos pisotea. Fríos o calientes Apocalipsis 3:16, recogemos o desparramamos Mateo 12:30, en favor o en contra Lucas 11:23, adelantamos o retrocedemos, empujamos o nos empujan, le arrebatamos almas al diablo o él nos arrebata las almas a nosotros. No se puede ser neutral. El mundo es agresivo. Agrede por televisión, propagandas, revistas, videos, diarios, las noticias, escuelas, libros, artistas, política, etc. Una Iglesia que no es agresiva, el mundo se la devora. Pero todo empieza dentro de cada uno de nosotros, en los individuos.
La guerra interior
La conciencia es el espíritu humano, el termostato de nuestra vida y es invisible como su Creador. No aparece en una radiografía, rayo X, ultrasonido o MRI, como el aire, como Dios. Es un jurado interior que aprueba y desaprueba nuestros pensamientos y acciones. Si está bien ilustrada es la regla del deber. Pero muchas conciencias no funcionan bien porque las hemos violado y se han arruinado. No hay taller mecánico que las arregle, solo Dios mismo, su Creador. Cuando robamos, mentimos, desobedecemos a Dios en el sexo, alcohol, droga, mentiras en los negocios, mal comportamiento en el hogar, todo lo malo y lo seguimos haciendo, es señal que la conciencia no funciona, se ha cauterizado 1 Timoteo 4:2. Si esta es tu condición, debes venir a Dios hoy mismo para que te haga nacer de nuevo. La cárcel no es la solución, salen de ella transformados solo los que encuentran a Dios allí, los que no, salen como entraron. Ven aquí al frente y pide oración para que aquí, en este lugar santo y en este día santo, Dios te haga nacer de nuevo con una conciencia o corazón nuevo.
Jesús prometió que el Espíritu Santo guiaría nuestra vida desde nuestra conciencia Romanos 9:1. Esta guía es a través de un continuo diálogo con la conciencia que es como conversar con uno mismo y con Dios. Mi conciencia es
mi verdadero yo y cuando invito al Espíritu Santo, mi conciencia se hace uno con Él. Ese continuo diálogo con el Espíritu de Dios que está en mi conciencia es orar sin cesar. Una conciencia vacía es un taller de Satanás, pero una conciencia llena del Espíritu de Dios permite a Este guiarme usando los medios naturales de comunicación de la conciencia. Cuando esos medios de comunicación están taponados de mensajes desobedecidos, lo único que los destapa es la confesión y el perdón que Cristo logró derramando su sangre en la cruz Hebreos 9:14; 10:2, 22.
Tenemos paz cuando nuestra relación con la conciencia es fluida y amigable. La conciencia es el "verdadero yo". La mente carnal es el "otro yo". En una persona normal, hay una conversación continua entre "el verdadero yo" y el "otro yo". Dios siembre tratando de convencernos a seguir el bien y nosotros argumentándole para desobedecer. Cuando el verdadero "yo" y mi "yo" carnal se ponen de acuerdo en obedecer a Dios, tenemos paz. Repito, ese diálogo es una continua oración. Hay muchas personas que no dialogan con su conciencia, están peleados con ella, ¡que es estar peleados consigo mismos! El verdadero yo nos hace notar lo que decimos o hacemos mal y le desobedecemos, vivimos enemistados con nosotros mismos. Esto es muy dañino para la salud emocional y espiritual y aún física.
Una persona con conflictos interiores tiene problemas con todo el mundo y con la vida. Es quejosa, ve todo mal, los defectos, culpan a otros de su desdicha. No se da cuenta que el problema está dentro de su propio ser, tiene guerra interior. Por eso si echa a la suegra de la casa, se pelea con la esposa, si ella se va, se pelea con sus hijos, si ellos se van se pelea con su patrón o empleados, y terminará sola y amargada, porque en realidad está peleando consigo misma, su problema está en su interior. El secreto de tu felicidad no lo tienen tus padres, ni tu cónyuge, ni ningún otro, lo tienes tú mismo. Tenemos ponernos en paz con nosotros mismos. Tenemos que ser amigos de nuestra conciencia. La conciencia con Dios allí y nosotros debemos andar en armonía. Paz interior es estar en paz consigo mismo que es estar en paz con Dios.
Receta humanas para la paz interior
Uno puede ir al psicólogo o psiquiatra por razones muy genuinas y los psicólogos pueden ayudar a mentes turbadas o a sentimientos heridos. Pero hay un sinnúmero de dificultades emocionales cuyas causas no son ninguna enfermedad, sino el pecado, la desobediencia a Dios. Los que van al psicólogo para escapar la culpa por su mal comportamiento, solo encontrarán un alivio pasajero, nunca una cura. El pecado es un asunto que va mas allá de las emociones, es un asunto espiritual, es un problema consigo mismo y con Dios, el creador de la conciencia.
El secreto de la psicología es precisamente lograr que la gente tenga paz. Es importantísimo que el psicólogo sea cristiano, de otra manera utilizará métodos que funcionan por corto tiempo y no curan. Hay psicólogos que sin ser cristianos, cuando se dan cuenta que la persona tiene un problema espiritual, los envían a una Iglesia y a un pastor. Pero otros tratarán de darnos paz aprobando lo que está mal para que no nos sintamos culpables y tengamos cierta paz. Hay psicólogos que aconsejan sexo a los solteros, otros son muy prontos a aconsejar el divorcio, el aborto, y otros escapes superficiales a los problemas. El único que va a la raíz verdadera del problema espiritual es el Espíritu Santo en la conciencia, un psicólogo bien cristiano, o un pastor.
La psicología barata tratará de suavizar el mal. Dirá que lo que usted está haciendo no es tan malo, que en la sociedad moderna todos lo hacen y que esa es la nueva moral donde todo es relativo. Pero nuestra conciencia, dada por Dios, tarde o temprano nos volverá a reprender, porque los principios morales de Dios son universales y eternos. La paz que da la psicología barata no es duradera porque procura que uno se engañe a sí mismo. Para tener esa paz uno debe vivir engañado Isaías 5:20. Otros en casos más graves recetan pastillas para hacernos olvidar de nuestra culpabilidad y así esquivar la verdadera solución. Eso tampoco dura mucho. Si la culpabilidad es por causa del pecado, entonces hay que solucionar el problema del pecado.
Decir: "Bueno.todos los comerciantes roban", o ".todos los abogados mienten", o ".todos los jóvenes modernos tienen sexo antes del matrimonio", o decir ".a todos se nos escapan mentirillas, y. hay mentiras de necesidad", ¡eso no es la solución! Tampoco es la solución decir que todo es relativo, que las circunstancias deciden, que el fin justifica los medios. Que robar por necesidad está bien. Que mentir por necesidad también, mentir en la declaración de impuestos, etc. es lo normal, que "todos lo hacen. Todo eso va carcomiendo la conciencia y llega el día que somos unos simples inmorales.
La verdadera terapia
El primer paso para la verdadera cura es no esquivar la realidad, la verdad, no debemos excusarnos ni justificar el mal. Debemos llamar a las cosas por su nombre. No decir: "tengo algunas debilidades", o "es el único vicio que tengo", nadie es perfecto, o "errar es humano", o soy como todos. ¡Esto no soluciona nada! El verdadero comienzo es decir la verdad: "Mi vida es una vida de Pecado. Yo vivo desobedeciendo a Dios. Estoy muy mal. Necesito un cambio radical, un nuevo nacimiento, esta vieja manera de vivir por una manera nueva. Necesito cambiar esta vieja persona por una persona nueva, soy un pecador." El primer paso es llamar a las cosas por su nombre: el pecado es pecado.
Si vamos al consultorio donde Dios es el psiquiatra, Él enfrentará la realidad, nos dirá: "su vida está perdida, lo que hace está mal, es pecado, usted merece el infierno eterno. Pero. yo tengo la cura perfecta y total ¡lo puedo perdonar! darle una vida nueva, con una conciencia limpia y sana llena de mi Espíritu Santo para que lo guíe y le dé fuerza para vencer las tentaciones. Y no se aflija, si tiene un accidente de pecado, venga, confiésemelo, y cada vez le perdonaré y ayudaré a ser la persona que usted siempre deseó ser." Dios no engaña, nos dice la verdad, pero como es nuestro Padre y nos ama, nos perdona, nos cura, nos cambia el corazón y nos da la Vida Eterna.
Todo esto es posible gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Dios decidió perdonarnos y el Hijo decidió pagar por todas nuestras faltas en la cruz y el Espíritu Santo vino a guiarnos desde adentro. El pecado es grave, no puede ser ignorado ni subestimado, causó que Cristo deba ir a la cruz. Dios no trata de hacer que el pecado no parezca pecado, sino que lo trata de frente, Jesús lo paga en la cruz y el Espíritu Santo nos comunica que estamos perdonados. Nuestros pecados son limpiados por la sangre de Jesucristo. Cristo sufrió la consecuencia de nuestra culpa y pagó nuestra condena. Por la Sangre de Cristo somos perdonados. La Sangre de Jesucristo Es la única cura total, radical y perfecta para el pecado. Esto es la gracia de Dios. No condona, sino que denuncia y desenmascara la realidad del pecado, para luego perdonarlo totalmente. Es un tratamiento realista, honesto y de cura total.
Cuando creemos a Dios y le damos nuestro ser interior para que lo habite, quedaremos limpios como un niño. Nuestra vieja vida quedará crucificada y enterrada. Comenzaremos una vida nueva, con una nueva conciencia, llena del Espíritu Santo que nos guiará a obedecer a Dios, Ezequiel 36:26-27. Nosotros también nos perdonaremos y haremos la paz con nosotros mismos. Comenzaremos a caminar de la mano de nuestra conciencia habitada por el Espíritu Santo, Juan 14:15-18. El Espíritu Santo a través de nuestra conciencia nos guiará por la senda del bien, Juan 16:7-15; 14:26 y seremos felices, tendremos paz.
Jesús dijo: "Mi paz os dejo, mi paz os doy, no como la da el mundo". La paz del mundo viene de afuera. Es el resultado de circunstancias externas favorables. Pero cuando algo anda mal afuera, se acabó la paz adentro. En cambio la paz de Jesús es de adentro hacia afuera y es más poderosa que los embates de las circunstancias desfavorables. Es una paz "que sobrepasa todo entendimiento", Filipenses 4:7. No importa lo que suceda afuera. No es paz por falta de luchas sino paz en el medio de la lucha. Es paz dentro del horno de fuego y dentro del foso de los leones. Es una paz que nadie nos puede quitar porque no sólo está adentro nuestro sino que nace de adentro. Donde un creyente va, lleva esa paz y la irradia a otros. Vayamos al mundo impartiendo paz como nos mandó el Señor. La fuente de esta paz es Jesús, Juan 4:13-14; 6:38. No depende de agentes externos. Cristo en la cruz pagó por todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros para que podamos tener perfecta paz en la conciencia. Si la sangre de Jesucristo es suficiente para Dios y para el Diablo, también tiene que ser suficiente para ti.
Invitación: Ven, acércate a Dios, reconoce que eres pecador y que le necesitas. El te perdonará, te dará una nueva conciencia y te transforme en una persona nueva. Back to Top
Revitalizar: Volviendo al gozo perdido "No sé qué me pasa. Cuando recibí al Señor Jesús como Salvador mi vida cambió. Mis pecados fueron perdonados, y mi corazón se llenó de gozo. Pero con el paso del tiempo el gozo fue desapareciendo y el pecado ha vuelto a ganar terreno en mí. Hoy me siento de nuevo insatisfecho. La vida de la iglesia es una rutina a veces insoportable. ¿Qué pasa conmigo? Sé que soy un hijo de Dios, pero no puedo vencer. Estoy deprimido."
El testimonio de este creyente puede ser el de muchos hijos de Dios. Creyentes que ayer lucían llenos de expectación y de anhelos de servir a Dios, hoy parecen veteranos de guerra, sin ganas de luchar. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué los ríos de Dios se secan en el corazón de muchos? ¿Por qué la vida cristiana llega a ser una rutina insoportable? ¿Es Cristo incapaz de dar satisfacción plena?
Sin duda que la salvación de Dios en Cristo es todo suficiente, y abarca toda la vida del hombre. Sin embargo, esa salvación no se expresa en la vida cotidiana. ¿Qué ocurre?
La vida cristiana es una larga carrera con muchas etapas sucesivas. Cada una de ellas tiene su peculiar característica. En cada una de ellas se descubre algún aspecto nuevo de la salvación de Dios, y un nuevo acento de la gloriosa persona del Señor Jesucristo. Cada una de ellas va precedida de una crisis, tiene un período de gloria, y luego deviene en una nueva crisis. Esta crisis es una situación de insatisfacción generalizada, de una profundas derrota, que abarca la totalidad del alma. Estas etapas no son rígidas ni simultáneas en todos los hijos de Dios. Cada creyente avanza según su particular disposición y entrega.
Normalmente, la llegada de los cristianos al Señor para ser salvos fue precedida de la primera gran crisis. Y luego, en el camino de la vida, vienen otras que son seguidas de otras glorias. Los cristianos van de gloria en gloria, pero suele preceder a cada una de ellas una crisis particular. La insatisfacción y la derrota (una búsqueda como la del ciervo que brama por las corrientes de las aguas) se traducen así en una búsqueda de ayuda en el Señor, y traen consigo una gloriosa respuesta para el creyente.
Hay algunas de estas etapas o pasos fácilmente diferenciables: el nuevo nacimiento, la seguridad de la salvación, la muerte al mundo, la liberación del pecado, el andar en la vida de resurrección de Cristo, la pérdida del individualismo, la visión de la Iglesia como cuerpo y la consagración, entre otras. Muchas otras etapas pueden ser la experiencia normal del cristiano, pero todas ellas obedecen al mismo patrón.
La Biblia habla de una puerta estrecha y de un camino angosto. La puerta estrecha es una crisis, y luego, el camino angosto es el tramo de la experiencia que le sigue. Esta alegoría, si bien es aplicada por el Señor a la totalidad de la vida cristiana, puede también aplicarse a cada una de las etapas de ella.
El Cantar de los Cantares también muestra la relación de intimidad gradual y ascendente entre el creyente y su Señor. En esta relación se van superando sucesivas etapas hasta alcanzar la madurez del cristiano.
Tal vez la primera gran crisis para un hijo de Dios es la que marca el paso de tener a Cristo como doctrina a la visión de Cristo glorificado.
La visión de cristo glorificado
El día que un hombre nace de nuevo es inolvidable. Su vida entera sufre un vuelco total. La vida de Dios ha entrado en su vida, y la ha enriquecido. Quiere servir a Dios y se deja guiar por los creyentes de mayor madurez y responsabilidad para hacerlo. Entonces se llena de actividades. Le falta tiempo para hacerlo todo en la iglesia, además, debe atender a su trabajo y su familia.
Sin embargo, al cabo de un tiempo, la situación del creyente suele volver a la insatisfacción inicial, aunque ahora sabe que tiene a Dios en su corazón. Intenta subsanar el problema leyendo, inquiriendo, orando, ayunando, consultando. Se autoimpone una férrea disciplina. Busca métodos para un andar victorioso, pero nada logra. Sus intentos por agradar a Dios fracasan uno tras otro. Sus obras de justicia no logran tranquilizar su conciencia. Se siente permanentemente lejos de Dios, e incapaz de agradarle. A esto se añaden algunas derrotas que le sumen en una confusión y depresión. Entonces se da cuenta de que necesita de Dios tanto o más que cuando era un incrédulo.
Y comienza a buscarle. Le parece que Dios se ha escondido, pero algo en su interior le dice que debe insistir. Tiene un par de promesas que le alientan: "Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá" (Mateo 7:7-8). "El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él" (Juan 14:23). Entre tanto, nada de lo que el creyente es o posee resulta satisfactorio. Todo lo que le rodea pierde brillo, el mundo es un desierto, los afectos humanos (siendo legítimos) no llenan el corazón, los ojos se cansan de mirar la vanidad del mundo.
Entonces Dios, que se inclina sobre la tierra para mirar en ella algún corazón que temprano le busque, se manifiesta a él. Y entonces comienza a hacerse la luz en su angustiado corazón. Alguna porción de la Biblia, o tal vez la lectura de algún libro cristiano o bien el mensaje de algún siervo de Dios, trae la buena nueva. Algo se destapa, un dique desaparece, los ojos se abren.
Y la primera gran cosa que ve lo sorprende tremendamente: que para toda necesidad del creyente, para toda hambre y sed espiritual, Dios tiene una sola respuesta: Cristo. Después, con el paso del tiempo, irá confirmando una y otra vez esto mismo. Toda nueva victoria de su andar cotidiano consiste en algún aspecto de la victoria de Cristo en la Cruz que ve y que se la aplica por fe a su vida espiritual. En Cristo, Fuente de bendición insondable, se halla toda la plenitud de la deidad (Colosenses 2:9), todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (Colosenses 2:3). Hasta ahora, todo lo que había estado haciendo, aquello que lo había tenido ocupado no era Cristo, sino cosas en torno a Cristo. Incluso muchas de ellas ni siquiera alcanzaban a eso. Por esa razón no podían saciar su alma ni traer paz a su corazón. Ha estado preso en sus muchas obras.
Ha estado padeciendo el síndrome de Marta, la hermana de Lázaro. Se da cuenta que las cosas que ha estado haciendo, aunque moralmente buenas, forman parte de un sistema creado por los hombres, paralelo a Cristo.
Pero ahora, Cristo le es revelado al corazón. Ve que el agrado de Dios es Cristo, en quien tiene perfecto contentamiento. Cuando Cristo es revelado al corazón ansioso del creyente, entonces se descubre un velo y se hace la luz. Lo que antes era difuso, ahora se viste de luz. ¡Cristo, la luz verdadera, la vida inmarcesible, es constituido en todo el Bien del cristiano!
Cuando la luz de la aurora se hace más y más notoria, las sombras van desapareciendo, los perfiles difusos y oscuros de las cosas van adquiriendo formas definidas y se visten de color. Así, al ser revelado Cristo al corazón, nuevos acentos de su maravillosa Persona se tornan nítidos; su obra en la cruz cobra mayor relieve; se alza maravillosa la conclusiva frase de la cruz: "Consumado es". La perfección de su obra, los alcances eternos de ella pasan a ser la herencia del creyente, la provisión con que Dios le agració desde el principio. ¿Salvo para siempre? ¿Justo? ¿Santo? ¿Agradando el corazón de Dios? ¡Es maravilloso!
La sed del cristiano desaparece bajo los torrentes caudalosos de las maravillas de su cruz. El hambre es plenamente saciada. La rutina de los rituales diarios se rompe como un vaso inservible. Ahora Cristo habita por la fe en el corazón. ¡Cuánta herida es sanada, cuántas preguntas son respondidas sin palabras! La lectura de la Biblia, los cánticos, la comunión antes pesada, el servicio antes desganado, adquiere una nueva dinámica. El corazón rejuvenece. Esto es, sin duda, más que recibir un don particular: es recibir la visión del glorioso Donador.
La justicia perfecta imputada al pecador, su santidad, su sabiduría; toda su gloriosa herencia viene a sumarse a la escuálida cuenta del creyente. ¡Es ahora una persona bienaventurada!
Todas sus injusticias pasadas, sus pálidos esfuerzos por agradar a Dios resultan casi abominables ante los méritos del Crucificado. Los pobres esfuerzos humanos por agradarle son torpes bordados de una torpe obra comparados con la perfecta obra de Cristo en la Cruz. ¡Oh maravilla de la fe! ¡Oh preciosidad infinita de la obra de la Cruz!
No se crea, sin embargo, que una experiencia así signifique la pérdida de los sufrimientos en el creyente. Las pruebas continuarán y aún serán mayores, pero ¿qué pueden ellas contra la visión del Cristo glorioso esculpido en su corazón? Ya no está más lejos, no más como escondido detrás de las nubes. Ahora Cristo pasa a ocupar el lugar que le corresponde en el corazón. Cristo viene a ser todo para el cristiano.
Entonces, las palabras de D.L.Moody, un amado siervo de Dios, vienen a ser plena realidad: "Cristo es nuestro Camino; caminamos en Él; es nuestra Vida, vivimos en Él; Es nuestro Señor, nos sometemos para que nos gobierne; es nuestro Amo, le servimos; es nuestro Abogado que vive para defendernos; es nuestro Salvador, salvándonos hasta lo sumo; Es nuestra Raíz, de Él crecemos; es nuestro Pan, nos alimentamos de Él; es nuestro Pastor, guiándonos a los pastos verdes; es nuestra Vid, permanecemos en Él; es el Agua de Vida, apaga nuestra sed; es el más Hermoso entre diez mil, le admiramos sobre todos; es el Sostén de nuestra vida, nos apoyamos en Él; es nuestra Sabiduría; somos guiados por Él; es nuestra Justicia, echamos todas nuestras imperfecciones sobre Él; es nuestra Santificación, todo el poder de una vida santa nos viene de Él; es nuestro Médico, curándonos todos los males; es nuestro Amigo, ayudándonos en todas nuestras necesidades; es nuestro Hermano, animándonos en nuestras necesidades".
Nada hay aparte de Cristo que pueda ser útil al cristiano, aunque en el mundo hay cosas de las cuales él puede servirse. Todo lo que hay en Cristo es alimento para su alma y vigor para sus huesos. La voluntad de Dios para el cristiano es atraernos a Cristo para que sólo en Él hallemos satisfacción plena. El propósito de toda insatisfacción y derrota del cristiano es colaborar en este aspecto de la voluntad de Dios. ¡No menospreciemos nuestras debilidades y derrotas, porque de ellas saca provecho el Señor y también nuestra alma! Para que al final de cada prueba digamos como Agustín de Hipona: "Mi alma no halla descanso, Señor, sino en Ti". Back to Top
Temores: ¿Cómo enfrentarlos? Cada uno de nosotros hemos sentido temor alguna vez en la vida. En mi caso hubo un momento en el cual me di cuenta que estaba luchando con el temor y me propuse descubrir su origen. Yo sabía que si no lo hacía, mi ministerio sufriría grandemente debido a ello. Al orar y pedir a Dios que me revelara la causa de mi temor, volví a vivir los recuerdos de mi niñez.
Los primeros años de mi vida fueron turbulentos. Mi padre murió cuando yo tenía dos años y mi madre se vio obligada a tener dos trabajos para que ambos tuviéramos techo y comida. El primer recuerdo que tengo de mi niñez es del temor que me invadía al dudar de que pudiéramos lograr tener lo necesario para subsistir. Crecí teniendo que prepararme tanto el desayuno como el almuerzo para ir a la escuela.
La meta de mi madre no fue infundirme temor; acaso ella me enseñó más sobre la fe que cualquier otra persona. Lo que provocó la inestabilidad y el temor fue consecuencia natural de las circunstancias en las que nos encontrábamos. Por las noches mi madre y yo orábamos juntos. Ella me enseñó que aunque los tiempos eran difíciles, Dios estaba con nosotros listo para suplir todo lo que necesitábamos.
Ella confiaba en el Señor y nunca nos quedamos sin comer. Quizá hubo tiempos de escasez cuando nuestro refrigerador estuvo casi vacío, pero siempre tuvimos todo lo necesario.
Ninguno de nosotros puede darse el lujo de permitirle la entrada al enemigo en nuestras vidas. Todo lo que Satanás necesita para hostigarnos es una oportunidad.
La oración y la Palabra de Dios son las armas más efectivas que tenemos contra el temor. Cuando reconocemos ante el Señor que somos presa del temor y le imploramos su protección y dirección, asumimos una postura de fe.
El temor es, en sí, una decisión. Me sorprende ver cuántas personas me dicen que tienen temor de haber cometido el pecado imperdonable. Pese a que la sangre de Jesucristo los limpia de todo pecado, siguen rodeados de una incredulidad persistente. Por lo general se reduce a que se sienten culpables de algún pecado, ya sea pasado o presente. Es entonces cuando les recuerdo 1 Juan 1:9: "Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad". Dios nos perdona cuando nos acercamos a Él en oración humilde buscando su perdón.
Si una persona insiste en seguir creyendo en un concepto falso del temor, lo más probable es que su vida esté saturada de temor. Jamás habrá un momento cuando tengamos que preocuparnos de que Dios nos perdone o no. Todo pecado -todo lo que jamás hayamos cometido- ha sido perdonado por su gracia mediante la obediencia de su Hijo en el Calvario. El Señor Jesús murió a fin de que nosotros podamos tener vida eterna. El nos ha dado libertad y no hay necesidad de vivir en pecado o temor.
En el libro "La sensación de ser alguien", el autor Mauricio Wagner escribe: "El temor paraliza la mente haciéndonos incapaces de pensar con claridad. El temor de gran magnitud desorganiza la mente temporalmente al grado de que la confusión llega a imperar. El temor tiene también la tendencia de multiplicarse; cuando tenemos temor quedamos inutilizados al grado de que llegamos a temer de nuestros temores. No podemos hacer frente a los problemas cuando tenemos temor de ellos. . .
"Se necesita fe para doblegar el problema del temor. Es imposible vencer el temor sintiéndonos culpables de esa emoción. En ninguna parte de la Biblia encontramos que Dios condene a una persona por tener temor; en cambio, Él constantemente alienta a los que temen con declaraciones como: No temas, porque yo estoy contigo (Isaías 41:10).
Cuando tenemos temor nos sentimos solos con nuestros problemas y estamos abrumados por ellos. La fe acepta el hecho de que el problema es demasiado grande para nosotros y también el hecho de que no estamos solos con él; tenemos a Dios con nosotros".
En Lucas 4:18 el Señor Jesús dijo: "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos". Una de las funciones de Cristo como Mesías es traer libertad de la opresión. Cualquier cosa que nos mantenga cautivos debe soltarnos de sus garras cuando le ordenamos que lo haga en el nombre de Jesucristo.
El pecado, o cualquier esclavitud emocional, no puede gobernar nuestra vida. El único poder que el pecado tiene sobre ella es el que nosotros le concedamos; o sea, que se trata de lo que nosotros decidamos hacer. Podemos tomar la decisión de pecar y rechazar el plan de Dios para nuestra vida o podemos elegir seguir a Cristo en obediencia. No hemos sido destinados para ser pecadores ni hemos nacido a una vida de temor.
La duda contribuye poderosamente al temor. Cuando dudamos de la habilidad de Dios para mantenernos y suplir nuestras necesidades, tenemos temor. Muchos han adoptado el punto de vista de que el hombre es el centro del universo y que todo lo que ocurre debe ser controlado por él. No obstante, la necesidad de estar a cargo de nuestro propio destino tiene un gran defecto. Nosotros no somos todopoderosos ni podemos evitar que acontezcan ciertos eventos, sólo Dios es soberano. En última instancia Él es la única fuente de nuestra seguridad.
Puesto que nos hemos sugestionado para creer en la mentira de que separados de Dios somos auto-suficientes, el temor impera en nuestras mentes sin control alguno. En lugar de tornarse a Dios en oración, nuestras mentes andan a la deriva, de un problema imaginario a otro. Intentamos arreglar todo y terminamos exhaustos espiritual y emocionalmente.
Satanás se complace en hacer que andemos corriendo emocionalmente. Él toma medidas extremas con tal de lograr que nos imaginemos todo tipo de cosas o situaciones. La mayoría de nosotros sabemos lo que es pasarnos una noche en vela debido a pensamientos o preocupaciones que se convierten en temores.
Un solo pensamiento puede multiplicarse y crecer mil veces si es regado por las mentiras del enemigo. Su principal objetivo es hacer que dejemos de confiar en Dios. Una vez que logra que lo hagamos, él nos despoja de toda sensación de paz y esperanza; comenzamos a dudar de las promesas de Dios y antes que nos demos cuenta el temor ha erigido toda una fortaleza en nuestra vida. Back to Top
Salto Mortal: Decisiones clave Miguel Vásquez, mexicano de diecisiete años, se veía firme y sereno. Estaba a diez metros de altura. Vestía ceñida malla de trapecista, y lucía un cuerpo joven, elástico y atractivo, hecho sólo de nervios, huesos, músculos y tendones.
Miguel Vásquez era trapecista del Circo de los hermanos Ringling. Esa noche en Tucson, Arizona, iba a realizar la prueba máxima: el cuádruple salto mortal. Iba a soltarse del trapecio y a girar sobre sí mismo cuatro veces, enrollado y agarrado de sus tobillos, a una velocidad de cien kilómetros por hora.
El muchacho dio el salto, giró las cuatro veces de la hazaña, y fue a tomarse de las firmes manos de su hermano Juan. El público que llenaba el circo estalló en aplausos, y Miguel añadió un galardón más a su carrera de artista circense.
"Lo que más importa en el salto mortal -dijo Miguel- son las manos firmes del otro, del que te recibe."
Tenemos aquí toda una parábola de la vida diaria. El salto mortal -sencillo, doble, triple y, en el caso de Miguel Vásquez, hasta cuádruple- es en los espectáculos de circo el plato fuerte del programa. Muchos trapecistas han muerto al intentar el salto triple o el cuádruple. Y lo que más importa, según lo afirman ellos, son las manos firmes del otro que se extienden en el vacío para agarrarse de ellas.
La vida diaria nos obliga a veces a dar una especie de salto mortal. Nos obliga a saltar en el vacío, por un acto de fe o tal vez por un acto de desesperación. La vida no siempre se presenta lisa, llana, tranquila y serena. ¡Tantas veces hay que dar un salto desesperado!
Lo que más importa en esos momentos duros de la vida es tener del otro lado unas manos firmes, fuertes y amigas. Y ha de llegar el día, porque este es el destino inevitable de todo ser humano, en que hemos de dar el último salto, el salto de veras mortal, cuando muramos en este mundo y saltemos a la eternidad.
En aquel día necesitaremos más que nunca esas manos firmes, fuertes, amigas, ¡las manos de Cristo! Esas manos son firmes porque nunca temblaron, son fuertes porque son las de un carpintero y son amigas porque están horadadas de clavos por nosotros...
Necesitamos las manos de Cristo para que tomen las nuestras en toda circunstancia de la vida. Las necesitamos cada día, y las necesitamos en el momento supremo, cuando demos el salto del que no se regresa. Back to Top
Nos Proveerá: Confianza en Dios Aquellos que ya tenemos algunos años a nuestro haber, registramos sucesos de nuestra vida que recordamos con cierta nostalgia. Sobre todo, aquellos que tienen que ver con nuestra vida familiar, tales como convivencias, cumpleaños, etc. Son situaciones en las cuales evocamos amigos, vecinos y seres queridos ¿Quién no recordará situaciones jocosas vividas con sus hermanos o vecinos de barrio? o ¿El primer día de clases en el colegio? o ¿Alguna de las reprimendas de sus padres? En fin... registros que quedan grabados en nuestra memoria, con los cuales aprendemos a convivir y que, en muchos casos, tenemos también que dejar que el Señor redima para vivenciar una completa restauración.
La vida familiar es muy amplia y compleja, y el efecto que puede provocar en los que participan de ella es profundo y hasta determinante para su futuro. La imagen que nos entregan nuestros seres más cercanos y queridos, junto con los vínculos afectivos que se desarrollan al interior de la vida familiar, son de vital importancia para nuestra vida como personas individuales, especialmente en lo que tiene que ver con nuestra vida psíquica.
Dentro de los recuerdos familiares anteriormente mencionados, viene a mi memoria un evento que nos puede ser provechoso para ilustrar la importancia de las funciones que cumple la familia en el desarrollo integral de sus miembros. Cuando en casa quedábamos a oscuras, alguien gritaba "saltaron los tapones", o bien, "se quemaron los tapones". Esto tenía relación con el antiguo sistema eléctrico de las casas, en el que, frente a un determinado desperfecto en el sistema, los tapones, cumplían la función de cortar el paso de electricidad, señalando así que existía un sobreconsumo de energía o un daño a reparar. En general, indicaban que algo serio y atendible estaba ocurriendo en el sistema eléctrico de la casa (cabe señalar que en algunos lugares aún funcionan con eficacia).
Actualmente, los sistemas eléctricos son más sofisticados, pero en general todos tienen la misma función. Tanto los tapones, como los interruptores, fusibles, o tableros eléctricos tienen la función de cortar el paso de energía, alertándonos sobre la existencia de un problema en el sistema.
Ahora bien, la familia es como un gran sistema eléctrico que, cuando existe un desperfecto, utiliza la parte más sensible de sí misma para darnos aviso de tal situación. Por lo general, los hijos son quienes cumplen esta función de advertencia.
Puesto que están aún en proceso de formación, son los que muestran más fácilmente algún tipo de síntoma, indicando que algo no está funcionando bien en la relación familiar. Los hijos, debido a su sensibilidad, pueden percibir que algo extraño está aconteciendo en la familia, aunque no puedan explicarlo, puesto que mucho de esto les ocurre de manera inconsciente.
Por consiguiente, los padres son quienes deben pesquisar tal situación y planificar los ajustes necesarios para reordenar la convivencia familiar. Si no prestan atención al problema, considerando a toda la familia en conjunto en lugar de "echarle la culpa" al comportamiento individual de los hijos, estos últimos sufrirán las consecuencias. Es decir, la familia tendrá "hijos quemados" (tapones quemados) y serios desperfectos en su funcionamiento.
Quisiera explicar brevemente lo que a mi juicio son algunas de las funciones más importantes de la familia como provisión de Dios para el desarrollo sano de los hijos.
Dios provee a través de la familia el sentido de pertenencia
Para ilustrarlo, podemos pensar en la típica familia de inmigrantes o colonos, donde, producto de la adversidad, todos se sienten parte de todos y el sentido familiar es notoriamente fuerte. El apellido se vuelve valiosísimo. Y cada parte de la familia siente en carne propia cualquier situación que le acontezca a otra parte de ella. La sensación de seguridad y respaldo entre sus miembros es muy fuerte, lo que provoca que sus esfuerzos laborales estén orientados al éxito del conjunto, creando un sólido bloque de dependencia mutua. Esta familia tiene un fuerte sentido de pertenencia, que puede incluso llegar a ser patológico. Ahora bien, en su justa medida, este sentido de pertenencia proporciona ambiente de confianza que es esencial para desarrollar el potencial de cada hijo. Un niño que sabe de dónde viene y a quién pertenece tendrá un punto de referencia que organizará su mapa interior, lo que, a su vez, le permitirá desarrollarse con seguridad en el medio que le rodea. Le otorgará elementos claves de seguridad para la formación de su estructura de personalidad. Una familia que no provea este sentido producirá niños desvinculados, inseguros y necesitados afectivamente.
Dios provee a través de la familia el proceso de "individuación"
Con mucha frecuencia nos encontramos ante conductas derivadas de la escasa capacidad de los padres para diferenciar a sus hijos. Es mas cómodo para la familia aplicar normas generales para todos y no respetar los componentes individuales de cada uno de sus miembros. Cada hijo tiene un modo peculiar de ser, reaccionar y funcionar. Por esta razón, los padres deben descubrir, orientar y facilitar el proceso de individuación y diferenciación en cada uno de ellos. Un hijo necesita sentirse diferente al resto de sus hermanos y, en esa diferencia, sentir el valor que tiene su aporte en el todo. De lo contrario provocará rebelión, aún cuando ésta pueda ser solapada.
Dios provee a través de la familia la vida afectiva
Sin lugar a dudas, podríamos escribir un libro entero respecto de este punto, por lo que quisiera mencionar solamente un aspecto de ella. Un niño aprende a reconocer lo que siente a través de lo que le refleja, como un espejo, su familia. Es la familia la encargada de dar a conocer al niño que aquello que siente en su interior tiene un nombre y una forma de expresión. El niño se conoce a través de su familia y es la madre quien cumple esta función especialmente en los primeros años de vida. Por otro lado, un ambiente que proporciona afecto, manifestándolo en forma objetiva en el trato y el cuidado, ayudará a los niños no sólo a conocerse a sí mismos, sino que también será un patrón de conducta para relacionarse con los demás.
Dios provee a través de la familia jerarquía y límites
Cada integrante de la familia tiene una posición desde donde se vincula con el resto de ella. Esta ubicación lleva en sí misma ciertos límites que deben ser respetados para el buen funcionamiento familiar. De lo contrario el caos reinará en sus relaciones y estructura. Aprender a respetar las normas y la autoridad proporciona la capacidad de dominio propio. Un niño que no tenga un encuentro con la autoridad dentro de la familia no reconocerá autoridad en ningún contexto social. Estará propenso a serios problemas conductuales en sus relaciones, como por ejemplo, en el colegio. Además de estar propenso a desarrollar un tipo de personalidad patológico.
Hermanos, Dios nos ha provisto de un núcleo básico para atender a nuestras primeras necesidades. Allí Dios quiere que nos formemos como hijos, creciendo en sabiduría, estatura, y gracia para con Dios y los hombres.
La provisión de Dios a través de la familia es vasta y generosa. Sus distintas funciones, su estructura y su dinámica, son esenciales para el desarrollo de cada uno de sus miembros. Con todo, la familia no es un fin en sí misma sino que es un medio para alcanzar el propósito de Dios el Padre (Ef. 3:14), quien desea llevar muchos hijos a la gloria. Por lo mismo, requiere más que nuestro mejor esfuerzo humano. Demanda nuestra absoluta y dedicada dependencia de su vida, poder y gracia obrando en y a través de nosotros.
Los que somos creyentes y hemos experimentado el poder transformador de nuestro Señor Jesucristo, hemos sido sanados de todo trauma, y tenemos, por tanto, el equipamiento necesario para tan digna labor. Su poder ha restaurado nuestras insuficiencias forma-tivas, pues en Cristo somos una nueva creación. Dios en Cristo nos ha dado el perdón y la capacidad de perdonar. Su restauración es completa y ya no somos extranjeros sino miembros de la familia de Dios (Ef. 2:19 ). Además, sabemos que su gracia nos capacita para la edificación de su herencia.(Sal 127:3). Ser esposos y padres se convierte así en una de las tareas espirituales más preciosas, ya que Su superabundante gracia opera efectivamente en los que le creen. Back to Top
Comprometidos: Luchas hasta el final Pablo no escribió el libro de Filipenses con un corazón cansado. Más bien fue con una gran determinación que documentó las palabras dadas por el Espíritu Santo. El momento en que esta carta fue escrita a la Iglesia de Filipo, Pablo estaba bajo arresto domiciliario en Roma encarcelado por hacer lo que Dios le había llamado a hacer. Sin embargo, él no permitió que las circunstancias adversas determinaran su calidad de vida, ni éstas evitaron que cumpliera con su meta de predicar la verdad de Dios a un mundo perdido.
Cada situación que enfrentamos es una oportunidad. Algunas dificultades extremas nos pueden tentar para que nos demos por vencido. Por otro lado, los momentos victoriosos son vistos como escalones hacia el éxito. Pero Dios tiene otro fin en mente para las dificultades de la vida, y éste es, enseñarnos a ser exitosos aún cuando enfrentamos situaciones que producen duda, temor e incredulidad. Ése no fue el primer encarcelamiento de Pablo. Él ya sabía como se sentía estar encerrado por barrotes y paredes de piedra. A pesar de todo, su corazón y mente estaban victoriosamente libres. Pablo había aprendido un principio asombroso a través de su relación íntima con el Señor: Mantén tu enfoque en Cristo, no en tus circunstancias inmediatas, y tendrás éxito.
Antes de su conversión al cristianismo, Pablo se consideraba un "hebreo de hebreos", "un fariseo", y un "perseguidor de la iglesia" (Filipenses 3:5-6). Así como les pasa a muchos hoy día, él buscaba sentido para su vida. Su posición como un fariseo, el entrenamiento teológico, y las creencias políticas le llevaron a creer que lo había alcanzado todo. Sin embargo, había una lucha extraña dentro de su alma una falta de paz y satisfacción auténtica. Dios enseña a Pablo que el éxito no se consigue por medio de lo que pudiese hacer en su carne, sino que se consigue a través de una relación y encuentro personal con Cristo.
Un encuentro directo con el Señor Jesucristo alteró el destino eterno del alma de Pablo. Desde ese momento, Pablo vio la vida desde una perspectiva eterna. Su actitud cambió junto con su sistema de creencias. Por primera vez, él experimentó el éxito verdadero en cada área de su vida. En Filipenses 3:8, Pablo escribe, "Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo." Pablo vivió en victoria, no en derrota, aunque enfrentó tiempos de mucha desilusión.
¿Cómo podía un hombre que había sido golpeado, dejado por muerto, abandonado y encarcelado escribir: "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias... Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús?"
La respuesta es simple. Pablo tenía fija su mirada en su Salvador. La actitud de su corazón estaba puesta en Dios. Él nunca olvidó su experiencia en el camino hacia Damasco (Hechos 9:1-31), ni perdió de vista el amor incondicional de Dios.
Su actitud fue de compromiso. En esencia, Pablo estaba comprometido con el camino puesto ante él por Dios. Su actitud establece la manera como usted mira la vida. Esto es especialmente cierto cuando la desilusión y la dificultad están involucradas. ¿Cuántas veces ha tenido temor y ha querido darse por vencido o ha enfrentado algún ataque personal y se ha sentido desanimado?
Pablo sabía como se siente ser rechazado, olvidado, odiado, asolado, aislado y malentendido. Pero él se rehusó a comparar la adversidad con la derrota o la desilusión con el fracaso. Él sabía que Dios planeó su futuro y que ese futuro rebosaba de esperanza. Así que, él no miraba los desafíos de la vida como imposibles. Sino que creía que "él todo lo podía en Cristo" (Filipenses 4:13).
El sistema de valores de una persona actúa como un termostato. Lo que usted cree acerca de Dios, acerca de usted mismo, y los principios de la Palabra de Dios determinarán su grado de éxito y victoria. Si usted cree que puede tener éxito, entonces lo tendrá. Tal vez involucre un compás de espera en Dios, resistencia y mucho carácter, pero Dios honra la obediencia y la determinación. Los dolores del alma, las aflicciones, y los tiempos de fracaso personal a menudo vienen con los desafíos. Pablo enfrentó esto y más, pero nunca consideró darse por vencido. Éste no fue un concepto que él haya aprendido a aceptar.
Nuestros padres y amigos juegan un papel importante en formar nuestras vidas. Las influencias positivas nos dan resultados positivos. También hay momentos cuando somos influenciados negativamente por las creencias de otros.
Por lo tanto, fije el curso de su corazón en Cristo y la verdad de su Palabra. Ésta es su mejor fuente de ánimo y fortaleza. También, asegúrese de que lo que escuche y crea esté alineado con la verdad de la Palabra de Dios.
¿Desearía saber que puede alcanzar las metas que se ha fijado? Sí, puede hacerlo si aplica los siguientes principios :
Acepte la verdad de Dios concerniente a su vida: Debe darse cuenta de que Dios lo ama con un amor eterno. Pablo estuvo cara a cara con ese amor eterno y aprendió que nada lo podrá apartar del amor incondicional de Dios. El Señor lo creó con su amor en mente. Muchos se preocupan de que no podrán cumplir sus metas. Sin embargo, cuando Dios está involucrado en el proceso de establecer metas, Él nos guía a ponernos metas sabias que nos ayudan a crecer espiritualmente y son para Su honor.
Apesar de que Pablo tenía muchas cualidades humanas, ninguna de ellas eran suficientes para ayudarle a alcanzar sus metas. Sólo una relación personal con Jesucristo pudo darle lo que su alma deseaba. Nunca dude del poder de Dios que está en usted. Si Dios le llama a hacer algo, Él le equipará para hacerlo. (1 Tesalonicenses 5:24)
Nunca se dé por vencido: Dios ha prometido abrir camino a través de cada dificultad y desafío (1 Corintios 10:13). Cuando enfrente una situación difícil, tal vez parezca más fácil, darse por vencido. Pero las consecuencias de esta decisión durarán mucho más que entregar su mejor esfuerzo. Aquellos que buscaron silenciar el esfuerzo evangelizador de Pablo estuvieron muy decepcionados cuando descubrieron que aún en prisión él continuaba alcanzando su meta. "Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio y a todos los demás". (Filipenses 1:12-13) Dios utiliza la adversidad para enseñarnos a depender de Él en vez de en nosotros mismos. Él siempre provee un camino para que podamos alcanzar las metas que nos hemos propuesto en la vida.
Lea y estudie la palabra de Dios: La Palabra de Dios es nuestra mejor fuente de ánimo. Cuando meditamos en Su verdad, nuestras vidas cambian y nuestros corazones se transforman profundamente.
Visualice y afirme los recursos que Dios le ha dado: Use cualquier don, talento o habilidad que el Señor le ha dado para Su gloria. Muchos cristianos se sumergen dentro de una trampa de auto-negación al evadir lo que saben que es verdad acerca de sus vidas. No hay nada malo en usar un talento o un don a su máxima capacidad. Dios es bendecido cuando usted tiene éxito y demuestra su habilidad en alguna área. Pablo no se avergonzó de las habilidades que Dios le dio, y tampoco lo debe hacer usted ni debe sentirse avergonzado.
Tome una decisión acerca de cómo llegar a ser la persona que desea ser y busque como alcanzar esta meta: Pablo sabía lo que deseaba alcanzar, y él fijó el curso de su vida en esa dirección. Si usted le entrega su vida a Dios, Él le enseñará como visualizar y alcanzar sus metas. Sus deseos estarán moldeados por Su voluntad en vez de por sus propias motivaciones.
Reemplace aquellos pensamientos negativos con creencias y valores positivos: Esto podrá parecer difícil, especialmente si de niño se le enseñó a esperar poco y suponer lo peor. El negativismo es algo aprendido y no adquirido. El éxito no es "mente sobre la materia". Es "verdad sobre el error". Nuestro pensamiento puede ser re-programado cuando tomamos la decisión de leer la Palabra de Dios cada día. Si la verdad de Dios no hubiese renovado la mente de Pablo, estas creencias irracionales le hubiesen impedido alcanzar la meta de llevar el mensaje del Evangelio a un mundo perdido y agonizante.
Cuando se levante un obstáculo, inmediatamente enfréntelo con la verdad que está en romanos 8:31: Dios siempre está para usted. Usted ha sido escogido para formar parte de Su equipo. Pablo escribe, "Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?" Nada es lo suficientemente fuerte como para desviar los propósitos de Dios en su vida. Usted podrá decirle a Dios "no" y escoger alejarse de Él. Pero no hay poder más fuerte que el de Dios. Ésta es la razón por la cual Pablo podía escribir con confianza que nada nos puede separar del amor de Dios.
Cuando Satanás le tiente a dudar de la misericordia y gracia de Dios, ore: "Padre, quiero agradecerte que realmente puedo hacerlo todo a través de Cristo quien me fortalece diariamente y momento a momento". (Basado en Filipenses 4:13) RECUÉRDE que no ESTÁ SOLO. Dios está involucrado en su vida. Él no está lejos. Él es un Dios cercano, amoroso y Santo que demanda su alabanza y adoración, así como también disfruta grandemente de su compañerismo. Back to Top
Tito 2:11-15 - Renunciar, vivir y aguardar Este texto es una síntesis del Evangelio. Ésta es una carta pastoral, contiene consejos para un nuevo líder, está llena de afecto.
Pablo había dejado en Creta a Tito, un no judío convertido al cristianismo, a quién había encargado organizar debidamente la Iglesia. Esta carta tiene un énfasis en el orden y la sana doctrina que debe imperar en la Iglesia.
Vivimos en un planeta que ha sido visitado por Dios
Versículo 11: Dios ha entrado en la historia. La gracia de Dios ha invadido el mundo. El Reino de Dios se ha manifestado. La historia tiene sentido para los cristianos. No somos fruto del azar. Dios quiere que todos se salven. La vida tiene propósito.
Se requiere una nueva calidad de vida
Versículo 12: La Palabra de Dios nos enseña y nosotros debemos enseñar "todo el consejo de Dios". A nadie le gusta renunciar y esto es porqué implica sufrimiento. ¡A que debemos renunciar?: A la impiedad y los deseos mundanos. Hoy vivimos una época en la cuál no hay respeto por las cosas de Dios. No hay amor al prójimo. Los anti-valores del consumo, individualismo, materialismo, el pragmatísmo y el hedonismo son los que reinan en nuestras sociedades.
El Evangelio es para vivirlo hoy
¿Pero Cómo vivirlo hoy? La respuesta está en la misma Palabra: sobria, justa y piadosamente. Buen juicio, rectitud y devoción a Dios (VP). La vida cristiana implica un estilo de vida sencillo. En la agenda de la Iglesia siempre debe estar presente la Justicia. Cuando hablamos de una vida piadosa también nos estamos refiriendo a la :Lectura de la Biblia, la oración, el ayuno y la participación en una iglesia local
Proclamar el mensaje de esperanza y esperar
Versículo 13: Debemos vivir expectantes del feliz cumplimiento que se nos ha prometido: "El regreso glorioso del Señor Jesucristo" ( 2ª Epifanía).
Para nosotros, los cristianos, la vida tiene sentido porque la historia tiene sentido. Esta esperanza es la que nos da fuerza para continuar luchando por los valores del Reino de Dios.
Se dio a sí mismo por nosotros
Versículo 14: La muerte de Jesús, fue una muerte que tenía propósito. La cruz estaba en el propósito de Dios. Es una muerte que tenía por objeto abrirnos el camino hacia Dios. Hoy, nuestras iglesias no están predicando la cruz, muchas veces no está en la agenda ya que es más atractivo hablar de la "teología de la prosperidad". Muchas veces el marketing guía nuestra agenda.
Importancia de las buenas obras. Este es un imperativo bíblico.
Dios ha hecho esto por nosotros, ahora nosotros debemos hacer esto:
1.- Renunciar: Este elemento esta siempre presente en la vida cristiana.
2.- Vivir: ¿Cómo? Rectamente, sobriamente y piadosamente.
3.- Aguardar: Esperar y vivir con esperanza, en forma realista.
Versículo 15: Éste es el mensaje que debemos predicar, enseñar y vivir con toda autoridad. ¡Que nadie nos menosprecie o desprecie! Back to Top
Adulterio - ¿Qué puedo hacer? Me alegra que haya abierto esta página. Si usted está en adulterio, está jugando con fuego. Usted lo sabe, pero no puede abandonarlo. Lo lamentable es que si continúa, no sólo destruirá su matrimonio sino que marcará para siempre su vida y la de su familia. Sé que no es fácil salir, pero nunca saldrá, si nada hace.
Es peligroso seguir sumiéndose cada vez más profundo en ese pozo ciego. Las reacciones que experimentará usted y su familia son impredecibles, así como tal vez usted nunca se imaginó que estaría en esta situación.
El adulterio no respeta posición, educación o el conocimiento que tenga la persona. En los tiempos de David, el rey de Israel, el aborto era realmente imposible. Cuando su amante Betsabé le contó sobre su embarazo, activó en el gran poeta, cantor y rey, las más terribles armas defensivas. Utilizó el engaño, la hipocresía y finalmente el asesinato.
Cuando David creía que su astucia le había protegido, pero el creador de la vida y el autor de las más hermosas leyes morales activó un juicio y luego un sistema disciplinario que no sólo afectó la vida espiritual, emocional y física del popular rey, sino que culminó con terribles consecuencias en los familiares inocentes. Llegó la rebelión de sus propios hijos y aun la violación y el asesinato entre hermanos.
Es que Dios dejó para nuestro bien, hermosas leyes morales, para que al cumplirlas, vivamos felices y evitemos consecuencias fatales.
Si usted está profundamente involucrado emocionalmente, al punto de querer llevar a cabo sus fantasías. O si ya está involucrado física e íntimamente con alguien que no es su cónyuge, usted está cometiendo uno de los peores pecados.
Si enceguecido por su pasión usted desestima las consecuencias terribles de perder la reputación personal, de arruinar su carrera, perder su trabajo y hacer daño y ser mal ejemplo para su familia. Necesita ayuda urgente.
Si ya perdió el dominio propio y rechaza todas las reglas morales de fidelidad y el compromiso con su familia que antes estimaba, usted no puede salir con sus propios esfuerzos.
Si está racionalizando sus acciones erróneas, si lo dudoso e inmoral se volvió aceptable y pasional, usted no puede salir sin ayuda y debe tomar la decisión de continuar dividido y destruyendo sus emociones y a su familia o terminar con su relación inapropiada.
Si desea tener una vida conyugal saludable, abandone la satisfacción de sus pasiones fuera del vínculo matrimonial aunque no sea fácil y busque ayuda profesional para saber cómo reestablecer su relacional matrimonial, aunque sea muy difícil. Back to Top
Ministerio - La necesidad del progreso Queridos compañeros de milicia: somos pocos y tenemos ante nosotros una lucha desesperada; de consiguiente, urge que cada uno de nosotros sea lo más útil posible y se esfuerce al grado más alto posible. Es cosa de desear que los ministros del Señor sean lo más escogido de la Iglesia, sí, lo más escogido del universo entero, porque tal es la demanda del siglo, por tanto, respecto a vuestras personas y talentos individuales, os encargo la divisa: ¡Adelante, adelante! Adelante en cualidades personales, adelante en dones y gracias, adelante en la conformidad a la imagen de Cristo. Los puntos que trataré empiezan en la base y ascienden.
En primer lugar, queridos hermanos, creo necesario que me diga a mí mismo y a vosotros que debemos avanzar en aptitudes mentales. No conviene, de ninguna manera, que nos presentemos continuamente en la peor condición. Ni en la condición mejor valemos nada para El; pero, cuando menos, no hagamos ofrenda con tacha o defecto por nuestra pereza. "Amarás al Señor tu Dios de todo corazón" es tal vez un precepto más fácil de cumplir que amarle con toda nuestra mente; no obstante, debemos entregarle tanto nuestra mente como el centro de nuestras afecciones, y nuestra mente bien provista para que no le ofrezcamos una cabeza vacía. Nuestro ministerio requiere mentalidad. No digo que sea del todo cierta la frase "siglo de las luces", que tanto se usa; pero es cierto que ha habido bastante progreso en la educación entre todas las clases sociales y creo que aumentará aún más.
Ya no se toleran sermones que sean atentados contra la gramática. Aun en los distritos rurales de los que se decía "nadie sabe nada" hay algún maestro de escuela, y la falta de educación en el predicador será mayor impedimento que antes; pues cuando el orador quiera que los oyentes se acuerden del Evangelio, sólo se acordarán de sus expresiones antigramaticales y las repetirán como una cosa de broma, en lugar de repetir las doctrinas divinas con la seriedad que fuera de desear.
Queridos hermanos, debemos cultivarnos cuanto sea posible, y esto primero, por recoger conocimientos vastos generales, y luego, por adquirir discernimiento para poder zarandear el montón y, finalmente, por una firme retención de mente, mediante la cual podamos almacenar en el alfolí el trigo zarandeado. Estas tres cosas no serán igualmente importantes, pero son todas necesarias para ser predicador completo.
Es preciso, digo, hacer grandes esfuerzos para adquirir conocimientos, especialmente bíblicos. No debemos limitarnos a un asunto de estudio si queremos ejercer y desarrollar nuestras facultades intelectuales todas... De todos modos, nuestro estudio principal es la Escritura. El trabajo principal del herrero es herrar caballos: que tenga cuidado en saber hacerlo bien, porque aun cuando supiera poner un cinturón de oro a un ángel, si no sabe hacer herraduras y fijarlas en las patas del caballo, fracasará como herrero. Importa poco que sepáis escribir la poesía más brillante si no sabéis predicar un sermón bueno que lleve consuelo a los santos y convicción de pecado a los pecadores. Estudiad la Biblia, hermanos, estudiadla con todos los buenos auxiliares que podáis conseguir, acordándoos de que hay facilidades hoy que no poseían nuestros padres y, por lo mismo, se puede en justicia pedir de vosotros que sepáis más que ellos.
Instruíos bien en la teología sin hacer caso alguno de los que se mofan de ella, ignorantes de lo que se trata. Muchos oradores no son teólogos; de aquí los errores que propalan. No perjudica al evangelista más ardiente ser teólogo sano: le salvará de cometer equivocaciones dañinas. Actualmente, oímos predicadores que sacan una frase del contexto y gritan: ¡Eureka. Eureka! como si hubiesen hallado una verdad nueva, cuando la verdad es que no han hallado un diamante, sino un pedazo de vidrio quebrado. Si hubiesen sabido comparar lo espiritual con lo espiritual o comprendido la analogía de la fe, o conocido la sabiduría santa de los grandes escudriñadores de las Escrituras en las edades pasadas, no se apresurarían tanto a echar a los cuatro vientos la noticia de su conocimiento maravilloso. Hagámonos bien y profundamente familiares con las grandes doctrinas de la Palabra de Dios y poderosos en la explicación de las Escrituras.
Estoy seguro de que ninguna predicación durará y edificará mejor a la Iglesia como la predicación expositiva de la Palabra. Renunciar del todo a la predicación exhortiva por la expositiva sería ir a un extremo dañino, pero no es demasiado si insisto que, si vuestro ministerio ha de ser duradero y eficaz, debéis llegar a ser expositores. Para este fin es necesario que comprendáis la Palabra vosotros mismos y que seáis capaces de comentarla de modo que la gente sea edificada por ella. Sed maestros en la exposición de la Biblia, hermanos. Podéis dejar de estudiar cualquier obra por buena que sea, pero que no se os ocurra esto con la Biblia: familiarizaos con los escritos de los apóstoles.. "La Palabra de Cristo habite en vosotros en abundancia."
Por otra parte, colocando en primer término, y por encima de todo otro estudio, el de la Palabra inspirada, no debemos, sin embargo, despreciar otros estudios de utilidad positiva para el ministerio. En los hechos históricos y en los de la naturaleza abundan enseñanzas preciosas sobre el gobierno de Dios y su providencia. No temáis instruimos demasiado. Si la gracia abunda, no os hinchará la ciencia, ni dañará vuestra fe en la sencillez del Evangelio. Servid a Dios con la cultura que tengáis, dándole gracias porque se digna emplearos como bocinas de cuerno de carnero; pero si hay posibilidad de que lleguéis a ser trompetas de plata, escogedlo con preferencia.
He dicho que es preciso aprender a discernir, y en estos días es muy necesario insistir en este punto. Muchos corren en pos de novedades, encantados por cada nueva invención. Aprended a distinguir entre la verdad y la imitación y no seréis desviados. Algunos se apegan, como el molusco a la roca, a ciertas enseñanzas antiguas que no son otra cosa que errores antiguos. Probadlo todo con la piedra de toque, la Palabra divina, y guardad lo bueno. El uso del cedazo y el aventador es de gran necesidad.
Queridos hermanos, el hombre que ha pedido al Señor que le dé vista clara mediante la cual pueda ver la verdad y discernir sus relaciones con el conjunto de la verdad entera, y quien por causa del constante uso de sus facultades ha conseguido un justo juicio, este tal está en condiciones de ser un guía de las huested del Señor; pero todos no son así. Da pena observar cómo muchos aceptan cualquier cosa con tal que se les presente con seriedad. Se tragan la medicina de cualquier charlatán religioso que tenga bastante osadía para aparecer sincero. No seáis niños de entendimiento, sino probad con cuidado antes de aceptar. Pedid al Espíritu Santo que os dé la facultad de discernir, v así podréis conducir vuestros rebaños lejos de los pastos venenosos y guiarlos a los pastos buenos y sanos.
Cuando, con el tiempo debido, hayáis alcanzado el conocimiento y la facultad de discernir, buscad luego la capacidad de retener y guardar firmemente lo que habéis aprendido. Actualmente algunos se glorian de ser veletas. No guardan nada; no tienen nada digno de guardar. Creyeron algo ayer, pero no lo creen hoy, ni lo de hoy lo creerán mañana. Y sería profeta mayor que Isaías quien fuera capaz de decir qué creerán en la próxima luna llena, porque están siempre cambiando de sar como si hubieran nacido bajo dicha luna, participando de sus fases. Tales personas pueden ser honradas como pretenden, pero ¿para qué sirven? Como buenos árboles transplantados con frecuencia, pueden ser de buena calidad, pero no producen nada. Su fuerza se gasta en echar raíces y volver a echarlas, no quedándoles jugo para llevar fruto alguno. Back to Top
Arrepentida - Me hice un aborto... Las palabras de arrepentimiento y el profundo dolor que he visto en muchas mujeres que han realizado un aborto han sido tan impresionantes que no quisiera que otros vivieran tan horribles experiencias. De ninguna manera quiero apuntar con un dedo acusador y condenarle. ¿Quién soy yo para hacerlo? Yo soy otro pecador. Yo he cometido terribles errores y pecados que me avergüenzo de mis acciones. No quiero condenar a nadie. Rechazo el pecado, pero no sólo el suyo, sino también los que yo cometo. No quisiera cometer pecados, pero soy igual que usted, un ser humano con una naturaleza pecaminosa. Yo tampoco quiero pecar, pero a veces peco. Pero espero que su decisión sea igual que la mía: luchar con todas las fuerzas contra las tentaciones que diariamente me rodean.
Mis primeras palabras están dirigidas a quienes están en el momento preciso de tomar una importante decisión. ¿Está usted embarazada y no quiere tener su hijo? ¿Esta tratando de decidir entre sus deseos y conveniencia y la moralidad y su conciencia?
No acepte la mentira de que una solución rápida no tiene consecuencias a largo plazo. No cometa uno de los más terribles errores por ignorancia. Quienes, en cualquier área de nuestra vida hemos fallado por no saber, igualmente hemos sufrido consecuencias que nos han hecho sufrir porque el pecar por ignorancia no elimina las consecuencias. Le suplico, no realice un aborto, busque ayuda de un consejero cristiano profesional.
Sin embargo, para quienes ese consejo no alcanzó a llegar tengo palabras directas, sinceras y con gran fundamento bíblico. Si usted siente dolor por su acción y ha vivido con angustia y depresión, este es el momento en que inicie su proceso de arrepentimiento. Yo conozco a un Dios de gracia que siempre esta dispuesto a darnos una segunda oportunidad.
Comprendo muy bien la presión que sentiste cuando determinaste esa acción errónea. Es muy fácil que las futuras madres se sientan atrapadas cuando no tienen altos principios morales, cuando están desesperadas y cuando nadie les informa sobre el daño que realizaran y las consecuencias que experimentaran.
Algunas mujeres no sólo fueron abandonadas por quienes le ofrecieron amor antes de la relación sexual, sino que fueron presionadas a no traer el niño al mundo. A la gran mayoría de estas muchachitas y jóvenes, nunca se les informó sobre el trauma emocional que acompaña el aborto. Es que los médicos que realizan estas operaciones por dinero y en las clínicas de abortos no muestran fotografías de bebes antes de nacer ni como ellos son masacrados. Más bien le hablan del bebé como tejidos para evitar el vínculo emocional con él. Si usted hubiera sabido que cuando el bebé tiene doce semanas ya está moviendo los pies y sus deditos, retorciendo las manos y haciendo muecas, tal vez nunca hubieran abortado.
Hablemos claro. Al realizar el aborto usted le falló a Dios, a su familia, a sí misma y a su hijo. Para sanar tan terrible herida no queda otro camino que el arrepentimiento. La vida no sólo puede continuar, debe continuar mi querida amiga a pesar de las fallas. Pero hay que corregir las obras erróneas.
Vivimos en un mundo imperfecto. Vivimos en sociedades que han ido deteriorando la moralidad y existe cada vez mas una mayor aceptación de lo que Dios rechaza. Nuestros actos erróneos son una muestra de la pecaminosidad del hombre. El pecado es pecado querida amiga, querido amigo y no debo llamarle error. Pero la verdad es que todos lo cometemos. Pablo dice: "Por cuanto todos pecaron están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:23). Todos hemos decidido en algún momento hacer lo que queremos porque nos gusta en vez de hacer lo que Dios nos demanda porque debemos y aunque no nos guste. El pecado es un grave problema, pero el no arrepentirse después de haber pecado es un grave problema mucho más grave. No sólo nos pone una barrera con Dios que nos producirá peores consecuencias, sino que ante la negativa a aceptar nuestras rebeliones destruimos nuestra propia vida por nuestras propias decisiones. El pecado nos afecta integralmente. No somos sólo cuerpo. Somos espíritu, alma y cuerpo y el pecado es una mancha que nos afecta totalmente. El salmista dice "mientras calle envejecieron mis huesos (su cuerpo experimento consecuencias físicas) en mi gemir todo el día (estaba agobiado y deprimido por las consecuencias emocionales) Porque de día y de noche se agravo sobre mi tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano (su vida estaba vacía y sin sentido con un vacío de Dios por las consecuencias espirituales) (Salmo 32:3 y 4)
Si ya no quieres seguir viviendo de esa manera, debes arrepentirte y cambiar. Debes tomar la decisión de salir de ese abismo de aflicción si tus angustias te han producido deseos de morir, después de todo eso no es vida. Si quieres hacer los cambios el secreto esta en hacer lo que hizo el salmista David. "Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: confesaré mis transgresiones a Dios y tu perdonaste la maldad de mi pecado." (Salmo 32:5) Dios espera el arrepentimiento porque anhela perdonarnos y sabe que es el único camino hacia la restauración de quien ha pecado y vive angustiado por las consecuencias. El perdón nos da el verdadero gozo, una felicidad real y nos libera de la culpa. El perdón siempre ha sido parte de la naturaleza amorosa de Dios. Debe confesar su pecado ante Dios. Debe admitir con su boca, ante Dios, que ha destruido la vida de su hijo y reconocer que fue un pecado. Abandone toda la racionalización y actitud defensiva. No justifique lo que hizo. Determine nunca más volver a hacerlo. Arrepiéntase. Abandone la acción malvada, tenga un cambio total de forma de pensar con respecto a los valores o emociones que le llevaron a cometer el pecado. Pida perdón a Dios. Dice la Biblia que usted se volverá a sentir feliz cuando su trasgresión haya sido perdonada, su pecado cubierto por el amor y la sangre limpiadora de Cristo, cuando ya no tenga culpa por su iniquidad y ya en su espíritu no tenga ningún engaño (Salmo 32:1 y 2).
Finalmente, recuerde que el Dios de la gracia que le perdona tan horrible pecado a veces permite que vivamos tristes consecuencias. Sí, mi querida amiga le estoy diciendo lo correcto. Estoy convencido que Dios esta dispuesto a amarnos como nadie nos ha amado y perdonarnos mas de lo que nosotros podemos perdonarnos a nosotros mismos porque no existe pecado tan grande que agote o rompa la gracia de Dios. Pero también no existe pecado tan pequeño que Dios lo pase por alto. No existe pecado tan pequeño que no active la disciplina divina. Dios perdona todo pecado porque no quiere que vivamos en esa condición pecaminosa. Él es un Dios de amor y ha prometido que si alguno hubiere pecado se lo confiese a Él y Él limpiara la maldad de nuestro pecado.
Cuando nos arrepentimos, Dios perdona todo pecado pero no siempre elimina las consecuencias de nuestras desobediencias. Sin embargo, el mismo Dios de gracia y fortaleza que nos perdona cuando genuinamente nos hemos arrepentido, es el Dios amoroso que nos dará su gracia y fortaleza constantemente para soportar algunas consecuencias que nos pueden acompañar permanentemente.
Recuerde que usted no puede cambiar el pasado y no agrave las consecuencias. Las drogas, el alcohol, sólo pueden hacer olvidar por un momento, pero luego cae nuevamente en mayor sufrimiento. Acepte el perdón y la gracia de Dios y comience la restauración de su vida haciendo lo que es correcto. Acepte el perdón de Dios aunque se sienta indigna y comience a hacer lo correcto aunque no haya sido su costumbre. Si usted aprende la lección y vive con prudencia y sabiamente, su futuro será mucho mejor que su pasado y aun que su presente. Obedezca a Dios y Él le acompañara y le ayudara a manejar con gracia y sabiduría las consecuencias penosas de su acción pecaminosa. Back to Top
Oración - 24 Principios 1 La oración no comienza en el hombre, sino en Dios. El hombre no sabe orar; por tanto, lo primero que hemos de pedirle a Dios es que Él nos enseñe a orar y que ponga en nuestro corazón el deseo por las cosas que Él quiere hacer. La oración que comienza en el hombre, como un mero deseo o propósito humano, termina antes de comenzar, o aborta a poco andar.
2 La oración debe estar impregnada de alabanza y adoración. Así, damos a Dios el lugar que le corresponde, reconociendo su poder y soberanía sobre nosotros, su amor, su fidelidad y sus maravillosos dones de amor. Así también despojamos al ego de su lugar y ponemos la mirada en el Señor.
3 Para obtener cosas mediante la oración es preciso conocer la voluntad de Dios respecto a todas las cosas. Si no conocemos la voluntad de Dios respecto a un determinado asunto estaremos pidiendo en un sentido equivocado, y Dios no nos concederá porque no estaremos orando conforme a su voluntad.
4 Con todo, pudiera ser que Dios conteste alguna oración que no se originó en Él. Entonces, dicha respuesta, que no procede de su voluntad perfecta, traerá consigo castigo y desdicha (Salmo 106:15).
5 Para conocer la voluntad de Dios debemos dejar que su Espíritu nos permita penetrar en su voluntad, en sus pensamientos y deseos, y su propósito, hasta que ellos se convierten en nuestra voluntad, en nuestro pensamiento y, consecuentemente, en nuestra oración. Esta oración es de gran valor. Si dejamos que el Señor imprima en nosotros lo que Él desea hacer, podremos interceder con gemidos, y habrá una verdadera oración de intercesión.
6 El pueblo de Dios tiene que orar antes que Dios se mueva y obre. Dios no se moverá antes que su pueblo lo haga. La voluntad y el poder de Dios se pueden comparar con una locomotora. Siendo una máquina de gran potencia, no puede avanzar a menos que tenga vías por las cuales hacerlo. Las oraciones ponen las vías para que Dios pueda obrar. La oración prepara el camino para que Dios actúe.
7 La oración no cambia lo que Dios ha determinado, pero la falta de oración puede limitar a Dios. La oración no puede obligar a Dios a hacer lo que Él no quiere hacer. Sin embargo, muchas cosas que Dios quiere hacer no las puede hacer, porque el pueblo de Dios no coopera con Dios orando para que Él pueda hacerlas. La falta de oración pone restricciones a Dios y retrasa su obra. Si no tomamos la responsabilidad de la oración, estamos impidiendo el cumplimiento de la voluntad de Dios.
8 En el universo hay tres voluntades: la voluntad de Dios, la voluntad de Satanás y la voluntad del hombre. Dios no destruirá a Satanás por sí mismo, sino que busca tener la voluntad del hombre unida a la suya, para, por medio de él, destruir a Satanás. Así que, cada vez que oremos, necesitamos ver estos tres aspectos: a) A quién estamos orando (Dios); b) conocer a aquel por quien oramos (el hombre); y c) saber contra quién oramos (Satanás). Nuestra oración se dirige a Dios, a favor de los hombres, y contra Satanás.
9 Cuando oramos conforme a la voluntad de Dios, nuestra oración revolverá el infierno y afectará a Satanás. Éste atacará con la intención de que nuestra oración cese; o bien pone obstáculos para que la oración sea detenida en los aires (Daniel 10:1-21). Por eso, debemos identificar sus tretas y clamar a Dios por venganza, pidiéndole, según sea el caso, que Él lo maldiga (Génesis 3:14), que lo haga callar (Marcos 1:25), que lo ate (Mateo 12:29), que deshaga sus obras (1 Juan 3:8), que lo reprenda (Judas 9); que lo quite de delante de nosotros (Mateo 16:23); que nos libre de él (Mateo 6:13), y que lo avergüence una vez más (Colosenses 2:15). Muchas veces será necesario arremeter con fuerza contra Satanás, rechazando el hostigamiento permanente que realiza sobre nosotros.
10 Dios desea que muchos sacerdotes acompañen al gran Sumo Sacerdote en su obra intercesora La más noble oración es la que se hace a favor de otros, por lo que requiere de hombres que hayan sido ennoblecidos para realizarla. Hablar a los hombres acerca de Dios es una gran cosa, pero hablar a Dios acerca de los hombres es más grande aún.
11 La oración es la clave de todo ministerio cristiano. Lo que no hace el colegio, la teología, los libros y la erudición lo hace la oración en la formación de un verdadero ministro. Un ministro que no empapa su mensaje en oración puede complacer el intelecto, pero no producirá ningún fruto espiritual perdurable.
12 La oración no es un ejercicio para ser realizado descuidadamente y con premura. Más vale no orar que orar a la rápida, como un mero ejercicio para tranquilizar la conciencia. Mucho tiempo empleado con Dios es el secreto de toda oración de éxito.
13 Las más de las veces habrá la necesidad de sostener una oración con perseverancia. Aunque la fe es primordial para recibir las cosas que pedimos, la paciencia es su complemento. Aprendamos a concederle tiempo a Dios. En esa espera se nos irán adhiriendo otros dones que ni siquiera habíamos pedido.
14 La oración no es sólo la instancia para pedirle cosas a Dios o para agradecerle. Es también el tiempo que le concedemos a Dios para que nos transforme, y nos deje impregnados de divinidad.
15 Quienes no apartan tiempo para orar, no oran; y quien no acude a la cámara secreta para estar a solas con Dios no orará eficazmente (Mateo 6:6).
16 Hay oraciones generales y también oraciones específicas. Hagamos oraciones generales, pero hagamos también oraciones específicas. Hacer una oración general cuando se requiere una oración específica es dejar muchos claros a Satanás para que él nos ataque. Debemos cuidar todos los detalles de una cierta cosa y así cerrar todo portillo al diablo.
17 Toda vez que sintamos una urgencia para orar, oremos, aunque no hayamos planeado de antemano hacerlo en ese momento. Esto indica que hay un asunto en la voluntad de Dios que requiere nuestra oración. Si no oramos, sentiremos un ahogo interno y Dios no nos podrá ocupar; si oramos, la oración será algo suave y gustoso, y Dios volverá a confiar en nuestra oración. Si no sentimos jamás esta urgencia, hemos perdido la comunión con Dios y Él ya no puede usarnos en su trabajo.
18 Si la carga de oración en el corazón se vuelve demasiado pesada y no podemos aliviarla con la mera oración, entonces debemos ayunar. Al orar con ayuno, la carga se alivia y desaparece.
19 El principio de orar tres veces (Mateo 26:44); 2ª Corintios 12:8) no significa necesariamente orar tres veces, sino orar sostenidamente las veces que sea necesario, hasta obtener una respuesta del Señor. Cuando esto ocurre, la carga que la provocó desaparece y alcanzamos la paz del Señor tocante al asunto por el cual hemos orado.
20 Después de orar, es preciso velar y observar cuidadosamente todos los cambios que se producen como resultado de nuestra oración. Ello nos permitirá reorientar la oración, redoblar su intensidad, o bien dar gracias por la respuesta, según sea el caso.
21 Aparte de la oración personal, está la oración colectiva, que es la oración de la iglesia. En muchas cosas, la oración personal es insuficiente; entonces se hace necesario que la iglesia ore. La porción de Cristo es más grande cuando los creyentes se reúnen en el nombre del Señor que en cada individuo en particular.
22 Para la iglesia local, la oración no es sólo una opción, sino que es su trabajo más importante, su ministerio fundamental. Si falla en esto, no surtirá efecto lo mucho que pueda hacer.
23 Según Mateo 18:18-20, la iglesia (representado en los "dos o tres") gobierna el cielo. Lo que ella decide, Dios lo hace. Esto es real cuando la iglesia local ha alcanzado una plena armonía con el Espíritu Santo, de manera que allí se conoce y se expresa perfectamente la voluntad de Dios. Cuanto mayor sea la capacidad de oración de la iglesia, más alcance tendrá la obra de Dios, y más expresión su voluntad. En la medida que la iglesia ore por grandes cosas, Dios podrá hacerlas.
24 La oración de autoridad, a diferencia de las demás, va en una dirección opuesta, es decir, no de abajo hacia arriba, sino de arriba hacia abajo. Esto significa que el creyente se afirma en la posición celestial que Dios le ha dado en Cristo -una posición de victoria- y utiliza la autoridad para atar y desatar, para resistir las obras de Satanás ordenando que se cumpla lo que Dios ha ordenado, o bien para ordenar a los montes que se muevan (Marcos 11:23). Esta oración no se dirige a Dios, sino desde el trono de Dios, donde el creyente está sentado juntamente con Cristo. Back to Top
Citas Cristianas - Dijeron un día "Dad gracias en todo; porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús." 1 Tesalonicenses 5:18
A Matthew Henry una vez le robaron su billetera. Sabiendo que debía dar gracias en todo, escribió lo siguiente en su diario:
Debo estar agradecido, primero, porque él nunca antes me robó; segundo, porque aunque él tomó mi billetera, no tomó mi vida; tercero, porque aunque tomó todo lo que poseía, ello no era mucho; y cuarto, porque fui el robado, no el que robó.
Matthew Henry (1662-1714)
Comentador de la Biblia
¡Maravilloso amor! ¿Cómo puede ser que Tú, mi Dios, murieras por mí?
Charles Wesley (1709-1788)
Escritor de himnos y predicador
"Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús." Efesios 4:6,7
La ansiedad no agota las angustias del mañana, sino que sólo agota la fuerza del hoy.
Charles H. Spurgeon (1834-1892)
Predicador Bautista
"Y dijo también a unos que confiaban de sí como justos, y menospreciaban a los otros, esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: el uno Fariseo, el otro publicano. El Fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que poseo. Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado." Lucas 18: 9-14
Dios no envía vacío a nadie excepto a aquellos que están llenos de sí mismos.
Dwight L. Moody (1837-1899)
Evangelista Norteamericano
"El pecado, pues, está en aquel que sabe hacer lo bueno, y no lo hace." Santiago 4:17
El pecado no sólo consiste en hacer el mal, sino en no hacer el bien que sabemos.
H.A. Ironside (1876-1951)
Maestro bíblico, comentarista y pastor norteamericano
"Pero tú vela en todo, soporta las aflicciones, haz la obra de evangelista, cumple tu ministerio." 2 Timoteo 4:5
Robert Murray McCheyne, era de sólo 28 años cuando murió. Él escribió una vez en su diario:
Vive tanto como para ser extrañado cuando mueras.
Robert Murray McCheyne (1815-1843)
Ministro Escocés
"Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y afligiéndome el corazón? porque yo no sólo estoy presto a ser atado, mas aun a morir en Jerusalem por el nombre del Señor Jesús." Hechos 21:13
La siguiente fue la valiente respuesta del anciano Policarpo al Procónsul Romano cuando éste le exigía que negara a Cristo para ser librado del poder del Imperio Romano: Ochenta y seis años he servido a Cristo, y él nunca me ha hecho el menor mal; ¿cómo, entonces, puedo blasfemar a mi Rey y mi Salvador?"
Policarpo (aproximadamente en el año 160) obispo de Smirna y mártir
"Y el Dios de paz que sacó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del testamento eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo: al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amén." Hebreos 12: 20, 21
Yo acostumbraba pedirle a Dios que me ayudara. Luego le pedí para que yo pudiera ayudarle a Él. Finalicé pidiéndole que Él hiciera su obra a través mío.
James Hudson Taylor (1832-1905)
Misionero inglés y fundador de la misión al interior de la China
Señor, digno eres de recibir gloria y honra y virtud: porque tú criaste todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser y fueron criadas.
Apocalipsis 4:11
¡El Cristianismo es Cristo!
Nadie jamás perdió por excesiva devoción a Cristo.
Cristo es un substituto para todo,
pero nada es un substituto para Cristo. Back to Top
Victoria - El triunfo sobre Satanás Para la mayoría de los creyentes la verdad acerca de Satanás no es más que algo nebuloso o una teoría irreal. Esta actitud es en gran parte la labor del mismo diablo.
Satanás busca impedir que el creyente adquiera entendimiento ya que detesta al Señor Jesucristo. Puesto que no puede atacar directamente al Señor, lo hace indirectamente, tratando de que el creyente no madure espiritualmente ni produzca fruto. El hecho de no poder disfrutar del Señor y de no vivir una vida fructífera mancha la reputación de nuestro Salvador.
I. La necesidad de liberación y libertad por parte del creyente
A. En la caída (en Edén) nosotros aceptamos las mentiras de Satanás y pusimos en práctica sus sugerencias. Al decidir desobedecer a Dios nuestra relación con él (de libertad) quedó interrumpida; y al obedecer a Satanás nuestra relación con él (de esclavitud) quedó establecida (Juan 8:44). No podemos enfatizar demasiado la seriedad de ese acto. Debido a él se introdujeron en la raza humana todas las dimensiones del pecado: avaricia, depravación, esclavitud, ignorancia, muerte y toda forma de intervención demoníaca. Como resultado, ahora somos presa de Satanás por medio del error y del pecado.
B. Descripción del control de Satanás (gracias a la salvación nunca puede ser de posesión absoluta).
B1. Los nombres por los que se conoce Satanás indican su actividad como:
acusador, Apoc. 12:10
adversario, 1 Pedro 5:8
dios de este mundo, 2 Cor. 4:4
engañador, Apoc. 12:9
león rugiente, 1 Pedro 5:8
homicida, Juan 8:44
tentador, Mat. 4:3
príncipe de la potestad del aire, Ef. 2:2
B2. La Biblia enseña que el creyente puede "dar lugar al diablo" (permitir que meta el pie en la puerta Ef. 4:27). Satanás puede:
llenar el corazón del creyente, Hech 5:3
estorbarlo, 1 Tes. 2:18
tentarlo, 1 Cor. 7:5
engañarlo, Apoc. 12:9-10;1 Tes. 3:55
devorarlo, 1 Pedro 5:8-9
envanecerlo, 1 Tim. 3:6
desacreditarlo, 1Tim. 3:7
enredarlo o cautivarlo, 2 Tim. 2:25-26
acusarlo, Apoc. 12:10
zarandearlo como trigo, Lucas 22:31
traerlo a condenación, 1 Tim. 3:6
corromper su mente, 2 Cor. 11:3
convertirlo en religioso fanático, 2 Cor. 2:1-11
hacerlo hipócrita, Hech. 5:1-11
hacerlo blanco de dardos de fuego, Ef. 6:16
atacarlo física, material y espiritualmente, Job 1 y 2
Toda la fuerza de Satanás va dirigida a impedir que el cristiano crea, madure en Cristo y desarrolle el fruto del Espíritu. Todo creyente, de una u otra forma, es objeto del ataque de Satanás y de sus espíritus maléficos. La evidencia a este respecto nos la dan muchos versículos bíblicos, así como nuestra propia apatía y debilidad espiritual. Satanás opera directamente con lentitud y con sutileza; e indirectamente por medio de sus demonios, no sólo para impedir nuestro crecimiento espiritual sino también para debilitarnos en los aspectos en los que aparentemente somos fuertes a fin de lograr que el gozo y la satisfacción de la oración, la adoración, la obediencia y el testimonio resulten inútiles.
A. Las artimañas del diablo.
A1. El diablo sigue usando la misma metodología que empleó con Eva (Génesis 3), que consiste en sembrar la duda en cuanto a lo que Dios ordena. Eva cayó en su trampa y desobedeció a Dios junto con Adán.
A2. El papel del diablo es rugir como león para atemorizarnos, paralizarnos y hacernos presa fácil, si se lo permitimos. Nosotros debemos rechazarlo y resistirlo en el nombre del Señor (Sant. 4:7; 1 Pedro 5:6-9).
A3. Cuando Cristo fue tentado por el diablo, al inicio de su ministerio, lo rechazó citando la Palabra de Dios (Mat.4:1-11). De allí se deriva la importancia de memorizar y apropiarnos la Palabra de Dios para resistir al enemigo de nuestras almas.
II. La provisión divina para liberación y libertad
A. En la crucifixión y la resurrección de Jesucristo Satanás fue derrotado (Col. 2:15; 1 Juan 3:8).
B. Después de la ascensión el Señor fue sentado en triunfo sobre Satanás (Ef. 1:19-21).
C. Los días del enemigo están contados (Apoc. 20).
Comentario: Esta victoria sobre Satanás y sus huestes ha sido hecha extensiva a todo creyente. Nosotros también estamos sentados en los cielos (Ef. 2:5-6); se nos ha dado el uso del hombre de Cristo para utilizarlo con poder (Luc. 10:17-20); tenemos la armadura de Dios (Ef. 6:11-18); y una poderosa arma en la Palabra de Dios (Ef. 6:17). Debemos aprender a usar lo que El ha provisto.
III. Instrucción bíblica para libertad y liberación
A. Honestamente debemos confesar y repudiar nuestros pecados pasados y presentes (Ef. 4:27).
B. Honestamente debemos practicar la verdad con amor y fe (Ef. 6:10-18).
C. Honesta y agresivamente debemos resistir la actividad de Satanás (1 Pedro 5:8-9).
D. Honestamente debemos ponernos la armadura de Dios y vivir sujetos a ella (Ef. 6:10-20).
E. Honestamente debemos resistir y rechazar al diablo en el nombre de Jesús (Sant. 4:7).
F. Honestamente debemos reconocer que sólo en la fortaleza del Señor podremos triunfar y que no hay lugar para el orgullo (Zac. 4:6; 2 Cor. 12:9; Fil. 4:13).
Conclusión: ¿Cómo saber si estamos bajo un ataque especial de Satanás? Entendiendo lo que la Biblia dice y aplicándolo a cada situación. La obediencia a Cristo siempre producirá confrontación con el enemigo.
Resístalo en el área que lo ataque:
Sea agresivo contra Satanás
Use el poder de Cristo y ampárese en él
En todo ataque cúbrase con la poderosa sangre de Cristo Back to Top
Espiritualidad hoy - ¿Solo emocionalismo? Cuando hablamos de espiritualidad estamos hablando de la búsqueda de la relación del ser humano con el ser supremo.
Para nosotros los cristianos este ser supremo es Cristo Jesús. Por lo tanto nuestra relación se da con Cristo que lo entendemos a partir de la perspectiva de nuestra fe que se fundamenta en la Palabra de Dios. Es un Dios viviente, activo en la historia y que está en medio nuestro.
Por lo tanto debemos reconocer que nuestra espiritualidad, es decir nuestra relación con Dios no siempre se hace dentro del marco correcto y que está viciado por nuestra propia vida y en nuestra relación con la Iglesia y el mundo. Esto muchas veces resulta en una falsa espiritualidad, ya que a veces se confunde espiritualidad con emocionalismo.
Para otros la espiritualidad es identificable con la proyección de sus pensamientos y sentimientos, a los cuales se reviste de un carácter sagrado.
Para otros la espiritualidad es un escapismo, es una especie de refugio donde guarecerse de las batallas de la vida, donde encontrarse mentalmente seguro en un mundo marcado por la inseguridad, la incertidumbre y el miedo.
Por lo tanto, esa espiritualidad con sentido de refugio, con sentido de ghetto, proyectada en el más allá, que no es coherente ni capaz de vivir en el más acá, es de mi perspectiva, una falsa espiritualidad.
Limitándonos a la acción y misión del Espíritu Santo hoy, debemos decir que la penetración del Espíritu Santo en la historia y más específicamente en la Iglesia naciente, vino a ser como el gran comienzo del Reino de Dios entre nosotros. El Espíritu Santo que siempre estuvo presente - lo encontramos en toda la teología del Antiguo Testamento- se hace presente en una forma especial, con un dinamismo especial, a partir del acontecimiento histórico de Pentecostés.
Lo que Cristo había enseñado con su vida, hechos y palabras acerca del Reino, ahora la Iglesia debía practicarlo, vivirlo y esto solo le sería posible con el auxilio del Espíritu Santo.
El elemento que nos hace dar el salto cualitativo hacia el Reino de Dios es justamente el poder del Espíritu. Es el poder del Espíritu Santo el que nos permite poner dentro del marco de lo posible todo aquello que humanamente es imposible. Es atreverse a soñar, sabiendo que nuestros sueños pueden ser realidad por el poder del Espíritu Santo. Y eso es Buena Nuevas para hoy.
El Espíritu Santo esta en el mismo origen de la misión cristiana. El Espíritu Santo es el que nos da la fuerza para cumplir la misión y es el que nos garantiza el resultado de nuestra misión.
De nada vale que tomemos conciencia de cual es nuestra tarea misionera si no tenemos el poder para hacerla. Lamentablemente muchas de nuestras iglesias, muchas veces no llegan a ser más que "clubes de buena voluntad", y esto es debido a que no tienen el poder para hacer que esa buena voluntad sea efectiva. El libro de Hechos de los Apóstoles nos dice en 1:8 "... recibiréis poder cuando haya venido el Espíritu Santo entre vosotros". El Espíritu Santo ya vino. No es entonces con astucia o con fuerza humana, sino que es reconociendo el poder de Dios es que se realiza la misión. Un poder que se manifiesta en todos los ordenes de la vida.
Dios permita que en nuestra vivencia de fe, en nuestra espiritualidad, podamos poner nuestras fuerzas y nuestras capacidades de tal manera en las manos de Dios, que en una entrega sacrificial por su Reino seamos útiles a su causa, pero sabiendo en última instancia que nada podemos hacer si no es con el poder de Dios, el poder del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es el que nos ayuda para que nuestra espiritualidad sea una espiritualidad comprometida. Es la única manera de que una espiritualidad pueda ser llamada cristiana. Back to Top
Autoridad Bíblica - ¿Está vigente hoy? ¿Tiene autoridad la Biblia hoy? Esta es una de las preguntas más antiguas y debatidas entre los hombres. También es una de las más importantes que debemos considerar en nuestros días. La gente a menudo demuestra su condición espiritual por la actitud que tiene hacia la Biblia.
Hace tiempo tuve la oportunidad de reunirme con varios pastores cerca de una ciudad en que estábamos celebrando una cruzada. Decir que nuestra conversación me produjo una especie de shock, podría parecer una exageración; sin embargo, me sorprendí sobremanera por las serias diferencias de opinión que teníamos en algunas cuestiones fundamentales. Al menos la mitad de esos pastores no aceptaba la autoridad de la Biblia como Palabra de Dios.
Varios señalaron que creían que en la Escritura había pasajes erróneos. Fue aun más sorprendente cuando admitieron que ciertas porciones de la Biblia les incomodaban, llegaban a la conclusión de que tales porciones debían dejarse de lado por carecer de fundamento científico.
¿Nos extraña entonces que haya lugares en que la Iglesia cristiana está tambaleante? ¿Quién puede estar interesado en escuchar a pastores y predicadores que rechazan la Biblia como Palabra de Dios? ¿Con qué autoridad pueden predicar? Por otra parte, ¿cómo es posible saber cuáles pasajes bíblicos son inspirados por Dios y cuáles no?
Cuando oigo que personas que profesan ser cristianas cuestionan si la Biblia es Palabra de Dios, no puedo menos que preguntarme si los cristianos de hoy no adoran a un Dios demasiado pequeño. Después de todo, si Dios es Dios, ¿no pudo acaso escribir un libro sin errores? Claro que pudo. Y lo hizo.
Pablo pudo decir a Timoteo con toda confianza: "Pero tú sigue firme en lo que has aprendido. Ya sabes que lo que se te ha enseñado es la verdad, pues has podido comprobar la integridad de tus maestros. Además, desde la niñez conoces las Sagradas Escrituras, y éstas te dieron la sabiduría que se necesita para alcanzar la salvación mediante la fe en Cristo Jesús" (2 Timoteo 3:14-15 BD) ¿Por qué razón Pablo podía decir eso? Porque toda la Escritura es inspirada por Dios; tiene autoridad porque es Palabra de Dios, no de hombres.
Y Pedro pudo escribir: "No crean ustedes que les hemos estado relatando cuentos de hadas, cuando les hemos hablado del poder de nuestro Señor Jesucristo y de su segundo advenimiento. No. Con mis propios ojos vi su majestad" (2 Pedro 1:16 BD).
La Biblia transparenta autenticidad.
Ningún otro libro tiene el sello de aprobación divino.
Recuerdo haber leído la explicación de un expositor bíblico, quien escribió lo siguiente acerca de la singularidad de la Biblia: "De todos los oráculos humanos, sin importar cuán confiables sean, vamos a la inspirada Palabra donde, en vez de declaraciones ambiguas e indignas de ser creídas, encontramos enseñanza distintiva y definida, enseñanza impregnada de autoridad e infalibilidad". En verdad podemos confiar en la Palabra de Dios.
Si Dios no fuera capaz de escribir un libro perfecto, ¿por qué confiar en un Dios así para nuestra salvación? No trato de decir que la fe en la inerrancia bíblica es necesaria para la salvación. Pero sí trato de decir que debemos aceptar la Biblia como Escritura divina a fin de experimentar autoridad, poder y comunión con Dios en nuestra vida cristiana.
La fe en la completa autoridad de la Escritura es vital para el entendimiento de la vida cristiana auténtica y victoriosa. Es sólo a través de una fe tal que comenzamos a conformarnos a la imagen de Cristo. ¿Crees de todo corazón no sólo en Jesucristo como Salvador sino también en la Biblia como la Palabra de Dios, Palabra que tiene un mensaje pleno de autoridad?
Reafirmando la autoridad de la Biblia
Muchos en nuestro tiempo ponen en duda la autoridad de la Palabra de Dios. Dejan de lado ciertos pasajes y cuestionan muchos otros. ¿Cómo debemos responder a tales ataques?
Al decir de Carlos Spurgeon, "Tratar de defender la Palabra de Dios es como tratar de defender un león... no necesita defensa alguna". Confiadamente podemos seguir el ejemplo de hombres de Dios a través de la historia y reconocer con ellos la autoridad de la Biblia.
Cristo mismo reconoció las Escrituras como Palabra de Dios. Cuando Jesús citaba pasajes del Antiguo Testamento, muchas veces optaba por aquellos supuestamente controversiales o difíciles de creer. Y lo hacía con el objeto de reafirmar su exactitud histórica. Jesús hizo referencia a la historia de la creación (Mateo 19:4-6; Marcos 10:2-9; 13:19), a Noé y el diluvio (Mateo 24:36-39; Lucas 17:26-27), y a Lot y la historia de Sodoma y Gomorra (Mateo 10:15; Lucas 10:2; 17:28-30).
Jesús incluso mencionó la historia de Jonás (Mateo 12:40-41; 16:4) según la relata el Antiguo Testamento. Hay quienes se burlan de esta historia diciendo que es un "cuento de hadas" o un relato para niños. ¿Por qué? Porque de acuerdo al conocimiento que ellos tienen de la ciencia, aseguran que es imposible que una ballena se trague a un hombre para luego vomitarlo a los tres días.
Pues bien, ante todo la Biblia no dice que Jonás fue tragado por una ballena sino por un gran pez (Jonás 1:17). Pero lo que es aun más importante, el hecho histórico está registrado en la Biblia y Jesús dijo que en verdad sucedió. Si Él lo creyó, ¿acaso no debiéramos creerlo nosotros también?
Me agrada el comentario que una vez hizo Billy Graham cuando alguien usó la historia de Jonás para "probar" que la Biblia era ficticia. Billy dijo que si Dios era Dios, entonces no sólo era posible que un pez se haya tragado a Jonás, sino que además, si Dios lo hubiera querido, Jonás se habría podido tragar al pez.
La Biblia declara sin dobleces: "Toda la Escritura es inspirada por Dios" (2 Timoteo 3:16). Lo maravilloso de esta afirmación es que lo que fue escrito por escritores sagrados, fue inspirado por Dios. Dios habló a través de esos hombres. Ellos eran Su vocero.
Las mismas palabras de la Escritura son inspiradas por Dios. Alguien dijo: "Es tan fácil tener música sin notas o matemáticas sin números como pensamientos sin palabras". La inspiración corresponde a todas y cada una de las partes de la Biblia y a la Biblia como un todo-no sólo a los "pensamientos" que las palabras comunican al lector.
Jesús declaró: "Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido" (Mateo 5:18). Él garantiza hasta las más pequeñísimas partes de la Biblia.
Los padres de la iglesia también afirmaron la autoridad de la Biblia. Agustín declaró: "De modo que rindámonos e inclinémonos a la autoridad de las Sagradas Escrituras, que no pueden errar ni engañar."
¿Por qué acobardarse ante los ataques de ciertos críticos de la Biblia? Como creyentes debemos sujetarnos a Dios y a su Palabra de autoridad. La Escritura es el estándar por el cual debemos medir todo lo demás.
Agradézcale a Dios por su Palabra. Léala. Estúdiela. Gócese en la seguridad de que la Escritura tiene autoridad divina. Back to Top
Entre olas - ¿Dios te ha llamado? Tengo una pregunta para todos los adolescentes: ¿Sabes, sin duda alguna, que Dios te ha llamado a servirle? La respuesta a esa pregunta es una de las cosas principales que mantendrán tu vida sellada con Su protección. El reconocer que Dios tiene un propósito para tu vida es una de las cosas que te ayudarán a permanecer en Él durante esos momentos difíciles.
Desde que tengo ocho años de edad supe que Dios tenía algo especial reservado para mi vida. Fue a esa edad que recuerdo haber hecho una entrega personal a Jesucristo y fui bautizado en agua. Mis hermanos y yo acompañábamos con mucha frecuencia a mi papá a los pueblos para predicar. Fue en una de esas reuniones que supe, sin lugar a dudas, que Dios me había llamado para Su servicio. Me arrodillé al lado de un banco de madera para decirle al Señor: "Heme aquí. Quiero servirte". Cuando regresé a casa, recuerdo haber dicho a alguien de los que estaban ahí: "Esta noche, Dios me llamó a Su servicio". Nunca lo dudé después de eso.
En mi casa, se consideraba un honor ser siervo del Señor. Venimos de una larga línea de siervos y ministros. Por el lado de mi mamá, soy la cuarta generación de ministros y por el lado de mi papá Jerry, tercera. Aun por el lado de mi papá Francisco (segundo esposo de mi mamá), soy tercera generación. Mis padres siempre nos animaban diciendo que si Dios nos había llamado al ministerio, Él se encargaría de proveer para todas nuestras necesidades. Cuando cumplí diez años, el 19 de mayo de1972, me sucedió algo que sellaría, en cierta forma, el hecho que había sido apartado para la obra del Señor.
Cada año mis papás se esforzaban para llevar a la familia a pasear a Mazatlán, México. Una mañana mi hermano Jerry y yo habíamos salido a jugar en el mar. Mi papá nos había enseñado el arte de "surfear con el cuerpo" las olas del mar. El había sido marinero por varios años y era un excelente nadador. Teníamos un par de días tratando de aprender este deporte, con algo de éxito. Tan era así, que mi hermano y yo empezamos a sentir un poco más de confianza de la cuenta.
Jerry y yo empezamos a meternos un poco más adentro, para buscar esa ola perfecta. Al caminar mar adentro, había unas mesetas en que se caminaba, haciendo muy fácil el estar en el agua, porque no parecía que profundizaba. De pronto llegábamos a unos vados profundos pero al otro ladito del vado estaba otra meseta. Así pasábamos unos tres vados y ya estábamos bastante adentro. De pronto lo que recuerdo es que entré confiado a otro vado, pero este no tenía una meseta esperándome al otro lado, sino que nunca volví a sentir el suelo. Las olas llegaban y cubrían mi cuerpo, empecé a luchar por subir a la superficie.
Buscaba tocar suelo con mis pies, para usar el fondo como trampolín y así lanzarme hacia arriba, pero no estaba funcionando. Tras una gran angustia, logré subir a la superficie y comencé a pedir ayuda. De reojo pude ver que Jerry estaba en la misma situación y que ya venía mi papá para rescatarnos. Yo daba manotazos y patadas, causando únicamente que me hundiera más cada vez. Oí que mi papá me gritaba "¡Extiéndete sobre la superficie del agua!". Intentaba hacerlo, pero estaba muy exhausto y desesperado. Sentía que el mar me llevaba. Su pe que mi hermano había llegado a la orilla y todos miraban con mucha atención a mi papá que se acercaba rápidamente para rescatarme.
No puedo describir la sensación que tuve cuando sentí la mano fuerte de mi papá que se colocó debajo de mi cuerpo y me dio el primero de muchos empujones que me hicieron regresar a tierra. ¡Que alivio!
Pasé mucho tiempo sentado a la orilla del mar, reflexionando en lo que acababa de suceder. Observaba las olas que llegaban y se iban, gracias a Dios, sin mi. Ese día en la ciudad de Mazaplán, fue uno de los momentos de los que se aprovechó el Señor para sellar en mi vida que sólo tenemos una oportunidad en esta tierra. Tenemos que hacer que todo cuente para Su Gloria
Sé que Dios tiene un llamado y un propósito para tu vida. Lo importante es que tú lo sepas. Back to Top
Amistad divina - Cómo amistarse con Dios La familia Quiñónez se mudó de nuevo. Pero eso no era nada novedoso.
Aunque odiaba volver a ser el "niño nuevo" a Ricardo le gustó lo
que escuchó acerca de la escuela a la cual asistiría.
La Escuela Secundaria Gabriela Mistral era famosa por sus equipos de fútbol, tenía un grupo excelente de entrenadores y era una escuela pequeña, así que sería posible que Ricardo tuviera una oportunidad. Anhelaba ser un héroe futbolístico. Ir al noveno grado en un contexto como la secundaria Gabriela Mistral y con la certeza de que su familia estaba programada para quedarse por cuatro años, era algo mejor de lo que Ricardo esperaba.
Cuando los Quiñónez se mudaron, la madre de Ricardo descubrió que sus vecinos también eran cristianos. Los invitó a cenar y Ricardo tuvo la oportunidad de conocer a Carlos Aponte. Era el capitán del equipo de fútbol de la escuela, noticia que casi lo enloqueció. Devoró todas las sugerencias que le ofrecía Carlos acerca del entrenamiento y del cómo ponerse en forma.
También era el presidente del grupo juvenil de la iglesia y estaba planeando dirigir un estudio bíblico para jóvenes de noveno grado de la secundaria. Cuando se le preguntó si deseaba unirse, Ricardo aceptó de manera entusiasta. Casi no podía esperar.
El primer día de clases fue fabuloso. Ricardo caminó hasta allá con Carlos, quien le mostró las instalaciones y le ofreció información acerca de cómo relacionarse con algunos maestros. Seis muchachos fueron al primer estudio bíblico; por su parte, Ricardo se ofreció a hacer unas invitaciones en su computadora y a ayudarlos como pudiera.
Sin embargo, en unas semanas, Ricardo se percató de que Carlos estaba muy ocupado con el grupito de graduados como para prestarle atención, a menos que hubiera trabajo que hacer. Entonces era: "Ricardo, ¿podrías llamar a los muchachos para decirles que esta semana no vamos a reunirnos para el estudio bíblico?" O "recoge todo el dinero y ordena la pizza para la noche del lunes. Paga mi parte y te la devuelvo cuando tenga algún dinero". Carlos no mostraba interés alguno en una conversación verdadera.
Un día Ricardo se lo encontró en el pasillo y su nuevo "amigo" ni siquiera lo saludó. Ricardo se preguntó si el hecho de que Carlos estuviera con un muchacho muy popular llamado Pedro tenía algo que ver con el asunto. Un día ¡se atrevió a pedirle a Ricardo que corriera a la casa durante el almuerzo y buscara la tarea de matemáticas que había olvidado! Aunque a Ricardo le molestaba que lo trataran como niño de mandado, lo hizo.
Una semana después, Ricardo vio su nombre en un listado donde se le asignaba como director del comité de limpieza para el festival del otoño. Carlos ni siquiera le preguntó. Realmente sintió que lo usaban. Esa noche Ricardo se sentó frente a su computadora, preguntándose por qué reclamaba ser el mejor amigo de Carlos. Imprimió algo que decía:
Un verdadero amigo es:
Alguien que escucha y también habla
Alguien que da y también recibe
Alguien que se ubica en el lugar de la otra persona
Alguien que es fiel aun cuando demanda sacrificio
Alguien que está dispuesto a hacer un favor, así como a pedirlo
Alguien que disfruta hacer feliz a la otra persona
Alguien que aprecia las buenas cualidades del otro y a veces menciona ese hecho.
Y se percató de que Carlos realmente no era su amigo. Eso lo entristeció. Deseaba la amistad de Carlos de manera desesperada, pero la amistad tiene que marchar en ambas direcciones y Ricardo no podía hacer nada para forzar a Carlos a ser recíproco.
¿Crees que Dios podría sentirse como Ricardo? ¿Eres alguien que sólo ora cuando necesitas algo? ¿Tratas a Dios como una máquina de golosinas o como un amigo por el que te preocupas? ¿Pasas más tiempo secándote el cabello que hablando con Dios? Una relación íntima implica cosas como: Priorizar los sentimientos de un amigo, ser fiel, expresar afecto, sacrificar a veces tus deseos a fin de satisfacer las necesidades de tu amigo, y corregir las cosas si se ocasiona algún mal.
¿Tiene tu relación con Dios algunas de estas dimensiones? ¿Sabes cómo disfrutar Su presencia y escucharle? ¿Quieres hacer su voluntad y obedecerle? ¿Eres fiel defendiéndolo aun frente a tus amigos inconversos? ¿Pasas mucho tiempo alabándole y dándole gracias? Cuando pecas en contra suya ¿lo confiesas de inmediato? ¿Arreglas las cosas con aquellos que has agraviado, para que no haya molestia alguna entre tú y Dios?
Este artículo está escrito para ayudarte a aprender estas cosas de manera que tu comunicación con Dios llegue a ser algo más que una serie de demandas, necesidades y gritos ocasionales de auxilio. Dios desea que le pidamos, pero ahí no acaba la oración. ¡Quizás te has estado perdiendo uno de los aspectos más fantásticos de ella!
Algunas veces es difícil saber cómo pasar el tiempo con un Dios que no puedes ver, así que ofreceré varias sugerencias y patrones para comunicarse con Dios. Por ejemplo, algunas personas realmente pueden derramar sus corazones mientras leen una oración escrita y otros consideran eso demasiado formal y pomposo.
Algunos pueden ensimismarse con mayor facilidad que otros en la oración de versículos bíblicos. Para algunos escribirle una carta a Dios es una verdadera oración, mientras que ciertos grupos sufren jaqueca con sólo pensar en escribir algo. No obstante te pido que intentes practicar seriamente cada idea, porque en algún momento en el futuro querrás utilizarla. Esto podría ayudarte a prevenir que tu vida de oración caiga en una rutina.
Quizás en este momento la ingratitud es tu problema y el énfasis principal que necesitas ahora en la oración es alabanza y agradecimiento. Luego, un problema específico en las relaciones con los cristianos podría hacerte desear que cambies a orar a través del libro de Efesios. O cuando tu vida se pone tan tensa que la concentración resulta difícil, leer una oración acerca de un tema específico puede ser muy útil.
O cuando estás demasiado ocupado o molesto, podrías necesitar aprender a estarquieto lo suficiente como para disfrutar la presencia de Dios. Ningún método puede volver a encender la clase de amor a Dios que le permite ser lo primero en tu vida ni eliminar el impedimento para la comunicación causado por el pecado inconfesado. Pero nuevas clases de oración pueden convertirse en medios para nuevas bendiciones.
Te invito a unirte conmigo en la excitante aventura de amistarte con Dios. El siempre está allí, amándote, deseando ayudar, esperando que hagas de Él la persona más importante en tu vida. Es cierto que cualquier otra amistad que tengas algún día podría llegar a ser descorazonadota, pero Dios nunca cambiará. Jamás te fallará, ni dejará de amarte.
Vale la pena invertir tiempo y esfuerzo en amistarte con Dios. Back to Top
Los conflictivos - Esas personas difíciles "Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos"
Romanos 12:18
Si Usted es como yo, nunca hubiera imaginado que mantener buenas relaciones sería un trabajo difícil. De niño nunca se me ocurrió que tendría que "trabajar" en mis relaciones. Simplemente ocurrían, y si por alguna razón no era así, me apartaba. Sin protestas, sin irritaciones.
No obstante, en algún lugar del camino entré en el desgaste de las relaciones maduras, donde las cosas se descomponen. Aprendí que algunas personas son muy difíciles, si no imposible de llevar bien. Por ejemplo, aprendí que los amigos confiables pueden traicionarme. Las figuras de autoridad que admiraba me despreciaron. La crítica constante de los colegas me lastimaron, y hasta algunos miembros de la familia que poseían información importante, me dejaron fuera. Aunque también aprendí que, a menos que quiera vivir como un ermitaño, no podía abandonar todas las relaciones que presentaban una dificultad.
Encontramos personas imposibles en nuestra familia, en el barrio, en la iglesia, en el centro de trabajo. Cuando se le pregunta a los empleados: "¿Qué le molesta más de su trabajo?", la queja número uno está dirigida a sus compañeros de trabajo. Las relaciones serán determinantes entre el trabajo que amamos y el trabajo que detestamos.
Aun así, la importancia de las buenas relaciones, por supuesto no se limitan a las relaciones laborales. Un grupo de pioneros investigadores ha estudiado el antiguo misterio de lo que hace feliz a la gente en sentido general, y sus respuestas no son lo que uno pudiera esperar. El éxito no es lo que aparece con insistencia encabezando la lista, ni la buena apariencia ni ninguno de todos esos envidiables logros. El claro ganador son las relaciones interpersonales. Las estrechas.
Lo cual me trae de nuevo a mi inquietud: Si las relaciones nos hacen tan felices, ¿por qué algunas de ellas nos hacen la vida tan difícil? Y más importante aún, ¿qué podemos hacer para mantener el temple, pisar en nuestro terreno y alcanzar soluciones positivas cuando nos encontramos cara a cara con esta gente "insoportable"?
Identifique su gente imposible
Cuando decidí escribir este artículo, supe enseguida qué tipos de personas me inspiraban y merecían tener algún escrito acerca de ellos. Sabiendo no obstante que no poseo una colección completa de gente insoportable, entrevisté a más de cien personas en referencia a la clase de relaciones que consideraban eran las más difíciles. Les presenté una lista de dos docenas de relaciones conflictivas y les pedí que eligieran las cinco más importantes. He aquí lo que encontré:
El criticón - Personas que son quejosas y criticonas.
El martir - Personas autocompasivas y que se hacen las victimas.
El aguafiestas - Personas que son automáticamente negativas y pesimistas.
La aplanadora - Personas cegadas con la insensibilidad hacia los demás.
El chismoso - Personas que esparcen rumores y divulgan secretos.
A estas cinco descripciones, yo le agrego otras diez:
El controlador - Incapaz de soltar ni de dejar solo.
El traicionero - Incorregible de dos caras.
El indiferente - Se desconecta y evita contactos.
El envidioso - Arde de envidia
El volcán - Activa el vapor y está listo para entrar en erupción.
La esponja - Siempre en apuros, pero nunca da nada.
El competidor - Atento para donde las dan las toman.
El burro de carga - Siempre empuja y nunca satisfecho.
La coqueta - Hace insinuaciones, que pueden rayar en el acoso.
El camaleón - Desea agradar y evita el conflicto.
No tiene por qué permitir que personas difíciles tomen control de su vida. No tiene por qué sentir que su única opción es una salida apresurada. Primero hay que identificar a la persona difícil en particular, luego hay que reconocer si se encuentra en una relación con este tipo de persona.
Analizar el comportamiento de esta persona nos ayudará a conocerlas. Todos deseamos saber por qué alguien se comporta de manera irritante. ¿Qué provoca el molesto comportamiento del "traicionero", del "camaleón", del "chismoso" o del "volcán", etc.? Es necesario conocer los antecedentes, la conducta y las motivaciones que pueden explicar su comportamiento.
Luego, pase a algo más práctico, un desafío. Sí, intente encontrar algunas de estas características difíciles en usted mismo. Usted aprenderá a ser más paciente con otros, una vez que vea algunos de sus rasgos en si mismo. Tendrá también más empatía y a su vez más buena voluntad para hacer a otros, lo que quisiera que otros le hagan a usted.
Ninguna persona es un prototipo puro de un perfil específico, lo descrito puede servir como una simple sugerencia para verificar otros caminos útiles a fin de llevarse bien con una persona difícil.
Jesucristo estuvo rodeado de personas "difíciles", no eran solamente sus enemigos: los fariseos o sacerdotes judíos, también sus propios discípulos tenían características poco deseables. Sin embargo, el trato particular que el Señor les brindó, pudo moldear sus vidas que más tarde fueron los que "trastornaron el mundo". Back to Top
Ser o no ser - Mi verdadera identidad Es curioso descubrir cuántas veces al día intentamos explicar o aclarar lo que acabamos de decir en la frase anterior, para asegurarnos que nadie nos haya entendido mal o que nuestra reputación no quede en entredicho. Nos parece muy importante que todos mantengan un buen concepto nuestro porque eso nos beneficiará siempre en todos los sentidos.
Así que la mayoría del tiempo que pasamos en compañía de otros estamos realmente interpretando un papel que nosotros mismos nos hemos asignado, para mostrar a todos los espectadores y compañeros de reparto nuestra mejor cara, la que realmente queremos que vean, y para ocultar la otra, la que no nos gusta y dañaría nuestra imagen personal.
Nos convertimos, pues, en expertos actores de una novela romántica, irreal, que de alguna manera hemos inventado y en la que todos participamos, interpretando cada uno el papel principal, en este enorme teatro que es nuestro mundo.
Sólo en ocasiones muy contadas, y sólo con gente muy cercana a nosotros, ante quienes no podemos ocultar nuestra verdadera identidad, porque realmente nos conocen, bajamos la guardia y dejamos que se muestre con libertad el pequeño personaje que llevamos dentro. Entonces nos quitamos la capa de Superman y nos convertimos, por unos instantes, en nuestro Clark Kent particular, con mil preguntas, temores, inseguridades, debilidades y, la mayoría de las veces, con mal genio.
Pero sólo es un momento de respiro, porque antes de que podamos relajarnos del todo y detenernos a pensar un poco, ya es hora de entrar en contacto otra vez con el mundo exterior, así que nos resignamos una vez más, nos volvemos a poner la capa y regresamos a escena, con el propósito firme de causar una impresión excelente, y de ser posible, llevarnos el Oscar de la Academia.
Pero como somos humanos, cometemos errores inevitablemente y en ocasiones, a nuestro pesar, se nos asoma Clark Kent de repente por detrás de la capa, en pleno escenario, cuando todos suponen que somos Superman, y es allí cuando se producen esas escenas embarazosas para uno y tremendamente graciosas para los demás. Escenas en las que tratamos de explicar, ruborizados y con mil aspavientos, que realmente no quisimos decir lo que acaba de salir de nuestra boca, o que no fue nuestra intención hacer lo que precisamente acabamos de hacer, para que nadie vaya a pensar que somos lo que no somos - o que no somos lo que aparentamos ser - y cuánto más nos empeñamos en rectificar, más evidenciamos nuestro error ante las miradas divertidas de los espectadores.
Hasta que algún corazón misericordioso decide que ya es suficiente y nos echa una mano desviando la conversación hacia algún otro tema. Respiramos aliviados, aunque en el fondo sabemos que hemos metido la pata, y que, a pesar de nuestros esfuerzos, la imagen de Superman ha quedado dañada. Y eso nos duele en lo más profundo de nuestro ser. En ocasiones puede llevarnos hasta auténticas noches de insomnio, en la que damos vueltas en la cama y no logramos conciliar el sueño, pensando una y otra vez: ¿Cómo pude decir o hacer aquello? ¿Qué habrán pensado de mí?
Cristiano = Luz y sal
Existe una justificación lógica, fácil y hasta muy cristiana para este comportamiento, y si queremos, podemos darnos por satisfechos con ella. Se trata simplemente de consultar el pasaje de Mateo 5:13-16, donde Jesús nos dice que somos la luz del mundo y la sal de la tierra. Partiendo de esos versículos, podemos interpretar que, como iglesia de Jesucristo, debemos brillar como la luz en las tinieblas, y asumir también las funciones de la sal, como pueden ser: sanar, conservar, impedir la corrupción, etc.
Si ese es nuestro cometido, entonces es lógico que estamos preocupados por cumplirlo. Es normal que nos interese lo que otros piensan y ven en nosotros. Es natural que nos esforcemos en conseguir reflejar a Cristo lo mejor posible, y que de alguna forma, refrenemos lo que pudiera dejar un mal testimonio ante los demás.
Pero si no somos conformistas ni superficiales, y si deseamos llegar al verdadero centro de la cuestión, veremos de inmediato que ese razonamiento es inconsistente. Basta con analizar un poco más las palabras de Jesús y descubrir que Él nos pide que seamos la luz del mundo, o la sal de la tierra. El dice que somos la luz del mundo y que somos la sal de la tierra, y añade que ni la luz puede esconderse en la tinieblas, ni la sal puede dejarse de notar en su entorno.
Es ahí donde está casi siempre nuestro error. Tenemos serios problemas cuando nos acostumbramos a tratar de vivir lo que no somos y siempre estamos expuestos a que, en algún momento de descuido, se transparente lo que realmente somos, lo que verdaderamente está en nuestro interior. Y ya que no somos luz, ni sal, al menos intentamos serlo.
Y si hemos caído en ese círculo, no solamente fallaremos en nuestro cometido, sino que además no habremos entendido bien lo que Jesús dijo. Porque nunca nos pidió que hiciésemos algo imposible por Él. Al contrario, Él hizo lo que era imposible para nosotros y vino a vivir Su vida en nosotros, para ser en nosotros lo que no podemos ser sin Él. Y cuando esto ocurre de verdad, ya no estamos imitando a un modelo o intentando representar un papel ideal ante nadie, sino estamos dejando que Jesucristo sea en y a través de nosotros y entonces, por el mero hecho de vivir en este mundo, somos la luz y la sal que Él dijo.
Pero si no es así, viviremos la tragedia de la cinco vírgenes fatuas, intentando brillar sin aceite y destinados al fracaso. Nos ocurrirá lo que Jesús dijo respecto a la sal que pierde su sabor y que no solamente deja de ser útil, sino lo que es aún peor, ya sólo sirve para ser hollada por los hombres. Lamentablemente, hoy nos sobran ejemplos que ilustran esa realidad.
La pregunta es: ¿Cuál es nuestra situación? La respuesta sólo está en nuestro interior. Back to Top
Adoración real - Es más que una canción "Más la hora viene y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al
Padre en espíritu y en verdad; por que también el Padre tales adoradores
busca que le alaben" Juan 4:23.
Quisiera formular una pregunta, ¿qué es lo que busca Dios? Lo que voy a decir sonará un poco contradictorio, pero Él no busca Adoración, sino que busca Adoradores. En otras palabras, Él no está buscando canciones, sino que esta buscando al hombre y a la mujer que canta estas canciones. Preste atención al orden que Jesús le expone a la mujer Samaritana "por que el Padre tales adoradores busca que le adoren...". En realidad, si meditamos detenidamente, llegaremos a la conclusión que la canción sólo es una excusa para Dios, en realidad no le preocupa mucho la canción que cantemos, lo que realmente le interesa, es la persona, el corazón del hombre.
En más de alguna oportunidad, cuando varios músicos trabajábamos para determinar una pauta de alabanzas y adoraciones escuché expresiones como esta: "¡toquemos esta alabanza por que tiene mucha unción y le va a gustar a la iglesia!". No se por qué, de alguna manera, hemos llegado a pensar que hay canciones que tienen mas unción que otras. En realidad no existen canciones ungidas, sólo existen hombres ungidos, y esto marca la diferencia.
Con esto no quiero decir que las canciones no tengan unción, lo que quiero expresares que la canción por sí sola no es la que posee la unción, sino que es el resultado de la unción de aquel que la compuso y la unción de los músicos que la arreglaron. Ellos al tener una relación potente con Dios y su Espíritu Santo logran un nivel de unción, producto de esa relación fuerte con Dios, unción que es amalgamada con su talento y derramado en la composición, logrando así una alabanza cargada de unción. Pero reitero, que la canción por sí sola no es la ungida, sino el hombre que la compuso.
Considero que no es bueno trabajar con músicos no cristianos, ya que ellos vierten un espíritu que no es el de Dios. Por esto, cuando se ministra al Señor en una reunión de alabanza, a un ministro la canción le resulta potente y el resultado es una ministración tremenda, pero a otro no le resulta igual, la razón es que debe haber una conexión con el espíritu de la composición en mi intimidad con Dios. No se puede ministrar alabanza con unciones prestadas. El resultado de mi relación con Dios, se reflejará en el tipo de ministración que fluya.
El adorador es transformado por medio de la alabanza
Aquel que adora toma los atributos de aquello que él adora, el ministro de alabanza y el músico deben tener una calidad de vida que agrade a Dios y que le permita tener buen testimonio con los del mundo. En resumen, ser un adorador es un estilo de vida, se es adorador las 24 horas del día.
Las manos del sacerdote que trabajaba en el altar del sacrificio, olían a sangre fresca; las manos del sacerdote que trabajaba en el altar de incienso olían a incienso. Yo quisiera hacerle una pregunta personal: ¿A qué huelen sus manos? ¿Nos quedará bien el título de adoradores? No debemos olvidar que todo lo que sucede en nuestra vida privada, tiene repercusiones en nuestra vida publica, no existe nada que le podamos ocultar a Dios. Podremos engañar a nuestros pastores y líderes pero "Dios no puede ser burlado", y si estamos llevando una vida contraria a la que Dios determina para un ministro, pronto esto tendrá repercusiones en nuestra vida publica.
Recordemos a los sacerdotes Ofni y Fines, hijos del sacerdote Elí, en el tiempo que el profeta Samuel era un servidor en el templo. Estos sacerdotes habían ofrecido fuego extraño al Señor y tenían relaciones con mujeres en la puerta del tabernáculo, hasta un punto en que Dios se canso de ellos y los elimino junto a su padre el mismo día.
Existen "ministros" que llevan una doble vida sin que nadie sepa, o también practican pecado, y piensan que como Dios los usa a pesar de su pecado, ellos están imputados del castigo divino. En realidad si Dios no ha hecho aun nada con ellos es por misericordia de aquellos que con un corazón benigno van al culto a buscarle, desconociendo la realidad de sus ministros. Dios espera que en algún momento de lucidez pueda haber arrepentimiento. Pero si no es así, tarde o temprano tendrá una repercusión grave en nuestro ministerio.
Un adorador vive una calidad de vida que agrada a Dios, ser un adorador no es algo de sólo los domingos o de algún evento, en realidad es un estilo de toda la vida. Hay una inclinación clara de parte de Dios para buscar personas con características especiales. En definitiva, el hombre o la mujer que se involucra con Dios en la ministración, necesita una profunda conciencia de lo que será en las manos de Dios. Lo que está en el corazón de un adorador será determinante en relación con el efecto que producirá sobre la congregación.
Salmo 40:3 " Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios, Verán esto muchos y temerán y confiaran en Jehová".
Cuidado del templo interior
De Abraham se dice, que siempre que llegaba a algún lugar, primero edificaba el altar y luego la tienda. Esto nos muestra la importancia que tenía para Abraham el estar siempre adorando a Dios, comprendía que adorar a Dios era una necesidad para su vida.
En 2ª de Crónicas 29:3,19, dice "En el primer año de su reinado, en el mes primero,abrió las puertas de la casa de Jehová y las reparó... y entrando los sacerdotes dentro de la casa de Jehová para limpiarla, sacaron toda la inmundicia que hallaron en el templo al atrio de la casa de Jehová y de allí los levitas la llevaron fuera al torrente de Cedrón".
En nuestro corazón, también tenemos un templo interior donde adorar a Dios, la pregunta es: ¿Qué pasa con nuestro templo interior? Analicemos el trasfondo histórico, desde los tiempos de Jotam, el abuelo de Exequias, y luego con Acas, se manifiesta un detalle sobresaliente, Hubo un gran menosprecio hacia el Templo y al santuario, de hecho de Jotam se dice en 2ª de Crónicas 27:2 "He hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho Usías, su padre, salvo que no entró en el santuario de Jehová; pero el pueblo continuaba corrompiéndose".
En consecuencia, cuando me alejo del templo interior, hay espacio para el pecado y la corrupción, de hecho un hombre puede hacer muchas cosas para Dios, pero si no está preocupado de entrar a su santuario interior, este se endurecerá como la piedra. 2 Crónicas 30:8 dice: "No endurezcáis pues ahora vuestra servís como nuestros padres; someteos a Jehová, y venid a su santuario."
El no entrar en el santuario es un signo de rebelión, entonces el no sacrificar alabanza, también es un signo de rebelión. He tenido la oportunidad, en más de alguna ocasión, escuchar hablar a algunos hermanos desanimados en medio del culto diciendo "No estoy con ánimo para adorar a Dios" o lo otro: "El ministro hoy no esta con unción". En realidad estas dos afirmaciones son superfluas en sumo grado, ya que el alabar a Dios no pasa por mi estado de ánimo. El salmo 150 dice en el verso 1, "Alabad a Dios en su santuario".
Quiero dejar en claro que esto no es opcional, es una ley. Dios nos creó para alabanza de Su gloria, ese es el fin de nuestra creación. Por esto, David entendiendo claramente este principio, cuando él estaba pasando un periodo depresivo por no confesar su pecado, es que escribe en el salmo: "Bendice alma mía a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre". David da dos órdenes claras a sí mismo, primero a su alma, y luego a todo su ser, esto es cuerpo. David comprendió que cuando nuestra alma se afecta, es inevitable que nuestro cuerpo lo sienta.
David parte dando una orden a su alma, ya que esta es la parte emocional de ser humano. En el alma esta la voluntad, la emoción y el intelecto, y éstos son los que gatillan mi descuido del templo interior. El intelecto me dice, "tienes un gran problema", mi voluntad se anula y mi emoción se entristece y en definitiva todo mi cuerpo se siente. David sabia muy bien que hay un poder en la alabanza, Salmo 84:4: "Bienaventurado los que habitan en tu casa, perpetuamente te alabarán". Al restaurar nuestro templo interior, podemos acercarnos al Señor y esto nos dará seguridad en fe y permitirá que siempre este en nuestra boca, un canto de alabanza para el Rey. Back to Top
Sacrificio grato - Una invitación a morir Alguna vez, un amigo me dijo que ya se ha dicho todo con respecto a la alabanza. Al escuchar este comentario comencé a meditar seriamente, ya que considero que Dios es Inmenso y nunca ha dejado de sorprenderme con algo nuevo, por esto resolví que era imposible que ya se hubiese dicho todo con respecto a la alabanza. Comencé a investigar y a intimar con Dios de una manera especial para entender aun más los misterios insoslayables que se encuentran en la alabanza.
Hay un nivel que no hemos experimentado en la alabanza, y esa es la alabanza sobrenatural. Me he preguntado ¿Cómo será la alabanza en el tercer cielo en donde esta la Gloria de Dios? En su reino sólo se hace alabanza al Señor día y noche, los ángeles, los seres vivientes, los 24 ancianos, todos adoran al creador por toda la eternidad. Este es un nivel alto y sublime, si hay quienes saben más de alabanza, son los seres que habitan la esfera sobrenatural de Dios.
En el libro de Hebreos 13:15 leemos "Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre". Quisiera destacar dos palabras sumamente importantes que se encuentran en este versículo, una es la palabra: Sacrificio, y la segunda palabra es: Fruto. En este versículo nos da la solución a una de las problemáticas más frecuentes entre los músicos y ministros de alabanza de nuestros tiempos.
Todo músico tiene problemas con su ego, se sienten en la necesidad de ser siempre reconocidos en todo lo que hacen, para ellos es muy fácil perder la mirada en el blanco que es Jesús. Es muy probable que confundan sus motivaciones, y se dejen llevar de una manera más natural, por esto aun no se rompe la barrera de la alabanza tradicional para llegar al nivel al cual Dios nos quiere introducir. Para lograr esto, es que debemos morir a nuestra naturaleza humana, y ser más espirituales, no quiero decir místicos o santurrones, pero les quiero recordar lo que Dios nos dice a través de su palabra:
"¿Quién subirá al monte de Jehová, y quien estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón". Subir al monte de Jehová, implica subir en alabanza al lugar de adoración a Sión. Adorar en la esfera sobrenatural en los lugares altos, implica intimidad, implica "aposento alto", sólo en los lugares altos se adora, debemos adorar a Jehová en el lugar alto de nuestro corazón.
El mejor sacrificio
La verdad es que Dios está completamente interesado en que todos sus adoradores mueran, ¡sí! Aunque parezca irrisorio y contradictorio, el peor estorbo que tiene Dios para fluir eres tú mismo, ya que el "YO", es decir tu voluntad, tus emociones, tu intelecto, te juegan malas pasadas, y luchan en tu interior para que tu seas independiente.
Un principio importante a considerar es que el ministro debe ser 100% "teodependiente". Lamentablemente es nuestra alma la que lucha constantemente con nuestro espíritu. En realidad nosotros no tenemos nada de valor que le pueda servir a Dios para su obra, ya es un gran honor que Dios nos considere en su plan redentor. Sin embargo, el peor problema de muchos músicos es el pensar que Dios depende de ellos para mover su Espíritu en la alabanza. Es por eso que se hace necesario morir al yo, a mi propia voluntad y comenzar a hacer la voluntad del Padre Todopoderoso.
Cuando se ofrecía sacrificio vacuno a Jehová (Lev. 1:5-9), el animal debía ser sometido a un proceso para llegar a ser un buen sacrificio. En primer lugar era degollado, o sea era muerto, para después ser desangrado y posteriormente desollado y trozado. Es evidente que esta imagen es un poco sangrienta y fuerte, pero estas eran las ordenanzas de Dios con respecto a un Holocausto. No se podía ofrecer un sacrificio sin que pasara por este proceso de preparación antes de ser consumido por el fuego.
Muchos cristianos en nuestra época gustan de las cosas instantáneas, como leche instantánea, café instantáneo, etc. pero lamentablemente no existe consagración instantánea o unción instantánea, todo se obtiene después de pasar un proceso con Dios. Muchos son los cristianos que tratan de saltarse etapas con Dios, pero a la larga sufrirán la falta de aquellas experiencias especiales que no vivieron. He visto a muchos ministros que imitan a otros pero sin fluir en el espíritu, se parecen a ese o este otro ministro de alabanza, dicen lo mismo,
usan las mismas arengas, e incluso algunos se visten igual o compran los mismos instrumentos que ellos, pero no pasa por ellos el fluir de Dios, tratan de cantar las mismas canciones con la misma intensidad y énfasis, pero no fluyen.
En realidad la unción no esta en cómo visten o en cómo arengan o en que la canción es especial, la unción está en la consagración y en que estos hombres de Dios ya han sido muertos por Dios en el altar del sacrificio.
Etapas del sacrificio
La primera etapa de un sacrificio era ser degollado, esto implica cortar toda comunicación con la cabeza y el cuerpo, en definitiva la cabeza representa nuestra alma, en donde están nuestras emociones, el intelecto, y la voluntad. Todo esto controla a nuestra carne, y nuestro ser, al ser degollados espiritualmente por el cuchillo de la palabra de Dios, nuestro YO muere y pierde toda potestad sobre mi ser. Necesito entender que debo morir ya que mi voluntad no es la voluntad de Dios, que mi intelecto no es nada ante la omnisciencia de Dios, Él es el que todo lo sabe, de manera concreta no hay ningún aporte de ninguna especie que yo pueda hacerle a Dios, ya que en Él esta toda la sabiduría de la existencia, por esto Dios resiste al músico o ministro que "tiene mayor concepto de si mismo que el que debe tener", pero a su vez, da gracia al humilde, a aquel que tiene una actitud de aprendiz todos los días con Dios.
Recuerdo una vez, ministrando en un congreso de mi antigua denominación donde se presentaban importantes oradores como Lucas Márquez, Luis Tovar, Raúl Ávila y Carlos Belart, al terminar mi parte un chico se me acerco y me dijo: "Pastor Jonathan ore por mí para que pueda tener lo que Dios le dio a usted". Lo miré a los ojos y recordé unas palabras de mi pastor Márquez y le dije: "Si quieres tener lo que yo tengo, tienes que orar todas las horas que yo he orado, tienes que ayunar todos los ayunos que yo he hecho, tienes que llorar todas las lagrimas que yo he llorado, ya que unciones instantáneas no existen".
El YO ha sido la problemática más grande que El Señor a tenido que resolver desde que Luzbel, el cual sería el director universal de alabanza del reino de los cielos, dijera cinco veces YO (Isaías 14:13-14). Siempre el YO a sido un problema para Dios, la carne, nuestra voluntad. Cuando la palabra de Dios penetra como espada filosa, destruye todo argumento en la mente del hombre, y ya no desea hacer lo que se le plazca, sino lo que Dios quiere. Esto es renunciar a mis privilegios por poder hacer la voluntad de Dios, esto en definitiva es morir; pero morir es aun más profundo.
El segundo paso es desollar el sacrificio, es decir, sacarle toda la piel. Creo que esto era uno de los momentos más fuertes dentro de un Holocausto, ya que el ver a un animal sin piel es completamente horroroso. Todos los músculos y terminaciones nerviosas quedan a la vista, el animal pierde toda identidad y toda atracción. Este mismo proceso es el que Dios somete al que quiere ser ofrenda grata o Sacrificio para Jehová. Dios lo tomará y lo desollara, para que vea su verdadera naturaleza.
Muchos músicos piensan que el atractivo que poseen, para que muchas personas quieran estar con ellos y charlar, es por sus capacidades, pero están muy equivocados. Lo que nos hace deseables para otros es sólo la gracia infinita que Dios pone sobre nosotros, sin Su gracia seriamos como un animal sin piel, feos, sin atractivo. Por lo general, Dios siempre a usado cosas inservibles para el mundo pero que en las manos de Dios se convierten en verdaderos tesoros. Un ejemplo claro es cuando Dios determinó que se le hiciera un arca en donde Él habitaría, y mando que se la construyese de madera de Acacia, esta planta no era un gran árbol, era un simple arbusto todo mal trecho que ningún carpintero gustaría trabajar. Cuando el arca estuvo terminada, mandó que se le recubriera con oro por dentro y por fuera.
Pues bien, Dios a hecho lo mismo con nosotros, el cubre nuestra naturaleza humana y pecaminosa, y a la vista del Padre, por medio de Jesucristo que está en nosotros, Él nos ve santos y justos ya que Su hijo, quien habita en nosotros, es Santo y Justo, esto es lo que los teólogos llaman la justificación. Sin Dios no seríamos nada ni nadie, él es el que pone ese atractivo que la gente percibe cuando pasamos ¿Nunca le paso que al comprar en una tienda o sólo al charlar con alguien le dijeron, "usted tiene algo especial"? Bueno, eso es la presencia de Dios que esta con usted.
Muchos músicos se han confundido completamente, por que cuando ellos ministran alabanza suceden cosas, la gente llora, ríe, se conecta con Dios, caen bajo el poder del espíritu, y creen que es por ellos, o por lo que tocan. En realidad Dios fluye por misericordia de los que están esperando algo de Él, de aquellos que tuvieron que caminar kilómetros por estar en el culto adorando a Dios. Cuando sucedan estas manifestaciones no siempre significa que el ministro esté en plena comunión con el Espíritu Santo. Dios, si tiene que hacer hablar a un burro para que entiendan, lo hará (Balan). Recordemos las palabras de Jesús cuando entró triunfalmente a Jerusalén, dijo que hasta las piedras lo aclamarían. El salmista dice que "toda la creación alaba a Jehová", en realidad no es lo que yo pueda hacer, sino lo que Dios pueda hacer conmigo. En definitiva esto es ser desollado por Dios, es dejar nuestra naturaleza al desnudo, es cuando Dios deja que puedas ver tu reflejo.
Después de todo esto el holocausto también era trozado y partido. Este era uno de los procesos más conmovedores, el animal era partido y sus huesos eran quebrados de tal manera que se podían ver los tuétanos, y posteriormente era compuesto el sacrificio sobre la leña. Bueno, esto es exactamente lo que Dios hará con usted, el Señor desea que nosotros podamos entrar a un proceso de quebrantamiento, en donde nuestro corazón quede palpitante y al rojo vivo frente a Dios. Quebrantamiento, moldeaje, poda, trato, martillaje, estos y otros términos similares son los que usa la Biblia para referirse al proceso de trato de Dios con el hombre.
Este tiempo es doloroso, por que Dios inserta su palabra tan profundamente que comienza a purificar, mediante la reflexión de la Palabra, nuestro entendimiento que finalmente conlleva al cambio del individuo. Parte de este tratamiento está enfocado hacia el carácter del hombre de Dios, ya que por lo general todos los músicos tienen eso del YO muy fuerte y por consiguiente tienen un carácter arrogante y vanidoso, melancólico y sanguíneo, de vez en cuando, cosas que para Dios no son nada buenas y por esto se tratan con más firmeza.
Me gusta la comparación de Dios con un orfebre, esta persona es aquella que trabaja con el oro, y su proceso de refinamiento también es fuerte. El artesano y toma la pieza de oro y la mete en un horno llamado crisol, en donde a elevadas temperaturas el oro comienza a ceder y es vulnerable al cambio. Luego cuando esta al rojo vivo se coloca en el yunque para ser golpeado muchas veces y luego es llevado al agua, el orfebre termina el tratamiento cuando puede reflejar su rostro en la pieza de oro.
Bueno, Dios hará lo mismo con usted, lo someterá a las pruebas de refinación y quebrantamiento, a altas temperaturas que parecerá que ya no podremos soportar más, y no suficiente con esto, Dios nos golpeará con su Palabra sobre el yunque del testimonio, y nos moldeará, hasta que Su rostro se pueda reflejar en nosotros. En esta última línea hice mención de una palabra que considero muy importante, "moldear", todo hombre o mujer de Dios llamado a la alabanza y la adoración debe poseer esta característica, ser moldeable, esto significa ser corregible. Que cuando se equivoque esté dispuesto a la corrección.
Por esto, siempre es bueno tener una autoridad espiritual sobre uno, y es bueno y sano que ejerzan autoridad sobre uno. La mayoría de las oportunidades en que los ministros han caído, a sido por que llegaron a un punto que no rendían cuentas a ninguna autoridad espiritual, a muchos no les gusta esto por que hiere su orgullo. Sin embargo, eso es exactamente lo que quiere Dios: que seamos hombres quebrantados, sujetos y obedientes.
El último proceso del holocausto era cuando se componía la leña y se prendía fuego y el sacrificio se consumía. Veamos algo interesante, de todas las cosas que los sacerdotes hacían para que el holocausto fuera grato, o sea, degollarlo, desangrarlo, desollarlo, quebrantarlo y luego quemarlo, sólo le interesaba una sola cosa: el humo. En realidad, lo que Dios quiere decirle es que nada de lo natural y que usted posea le interesa. De 450 kilos de un holocausto a Dios sólo le interesa el humo, de 450.000 cosas que yo pueda hacer para Dios, solo le interesa un a sola cosa: mis motivaciones.
Algunos músicos han comenzado a prepararse en escuelas de música y la pregunta es ¿Cuál es tu motivación? Esta es una palabra compuesta de dos: una es motivo y la otra acción, o sea la pregunta es: ¿Cuál es el motivo de tu accionar? ¿Querer consagrarte para Dios o en realidad para ser considerado como mejor músico? Lamentablemente muchos tienen sus prioridades equivocadas, pero cuando tu motivación es correcta, Dios bendecirá tu ministerio. Back to Top
Ataques verbales - Palabras que hieren El diálogo en la mañana de ese viernes era amargo.
De los espectadores:
- ¡Si eres el hijo de Dios bájate de la cruz!
De los líderes religiosos:
- A otros salvó, pero a sí mismo no se puede salvar.
De los soldados:
- Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
Palabras amargas. Ácido con sarcasmo. Odio. Irreverencia. ¿No era suficiente que Él estaba siendo crucificado? ¿No era suficiente que estaba siendo avergonzado como un criminal? ¿No eran suficientes los clavos? ¿Fue la corona de espinas demasiado suave? ¿Habían sido muy pobres los azotes? Para algunos, aparentemente sí.
Pedro, un escritor no dado normalmente a usar muchos verbos descriptivos, dice que quienes pasaban cerca y lanzaban insultos al Cristo crucificado tenían toda la intención de herir y lastimar. Ellos no sólo insultaban, hablaban o blasfemaban, eran piedras verbales. "¡Hemos quebrantado el cuerpo, ahora rompamos el espíritu!". 1 Pedro 2:23. De esa manera estiraban sus arcos con las flechas de su autojusticia y torturantes dardos de puro veneno.
De todas las escenas alrededor de la cruz, ésta es la que más me enoja. ¿Qué clase de personas -me pregunto- se burlará de un hombre agonizante? ¿Quién sería tan indolente como para poner sal en las heridas abiertas? ¿Cuán bajo y pervertido es hablar con desprecio a uno que está atado con dolor? ¿Quién se burlaría de una persona que está sentada en la silla eléctrica? ¿O quién señalaría con el dedo y se reiría de un criminal que tiene la cuerda de la horca alrededor del cuello? Puede estar seguro de que Satanás y sus demonios fueron la causa de tal inmundicia.
Y luego el criminal en la cruz número dos lanza su golpe:
- ¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!
Las palabras lanzadas ese día tenían el propósito de herir. Y no hay nada más doloroso que las palabras que tienen el propósito de herir. Esa es la razón por la que Santiago llama a la lengua un fuego. Sus llamas son tan malignas y destructoras que destrozan como las de una gran antorcha.
Pero no les estoy diciendo nada nuevo. Sin lugar a dudas usted ha tenido que soportar palabras que hieren. Usted ha sentido la tortura de un escarnecimiento bien apuntado. Tal vez usted está sintiéndolo. Alguien que usted ama o respeta lo azota en el piso con un látigo o con el fuego de la lengua. Y allí yace usted; herido y sangrando. Tal vez las palabras fueron dirigidas para herirlo, tal vez no; pero eso no importa. La herida es profunda. Los daños son internos. Corazón quebrantado, orgullo herido, sentimientos lastimados.
O tal vez su herida es vieja. Aunque la flecha fuera extraída hace mucho tiempo, la punta aún permanece... escondida debajo de su piel. El viejo dolor aflora impredecible y decisivamente recordándole las lacerantes palabras aún no perdonadas.
Si usted ha sufrido -o está sufriendo- debido a las palabras de alguien, estará contento de saber que hay un bálsamo para esta laceración. Medite en las palabras de 1 Pedro 2:23: "Quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente".
¿Ve usted qué no hizo Jesús?. Él no se desquitó. Él no devolvió la ofensa. Él no dijo: "¡Ya verás!", "¡Ven acá y di eso mismo en mi cara!", "¡Sólo espérate hasta después de la resurrección, bobo!". No, estas declaraciones no se encontraron en los labios de Cristo.
¿Vio lo que Jesús sí hizo? Él encomendó su causa al que juzga justamente. O dicho más simplemente, dejó el juicio a Dios. Él no se hizo cargo de la tarea de buscar revancha, Él no demandó explicaciones. Él no pagó a ningún emisario ni envió a nadie con ninguna propuesta. Él, al contrario de la reacción normal, asombrosamente, habló en defensa de ellos: Lucas 23:24
Si, el diálogo en esa mañana del viernes fue amargo. Las piedras verbales fueron destinadas a atormentar y torturar. Cómo Jesús -con un cuerpo quebrantado por el dolor, los ojos cegados por su propia sangre, y los pulmones inflándose ansiosamente en busca de aire- pudo hablar a favor de malvados sin corazón, es algo que va más allá de mi comprensión. Nunca he visto tal amor.
Si alguna vez una persona mereció una buena oportunidad para la revancha, Jesús fue esa persona. Pero Él no la tomó. En vez de eso murió por sus adversarios. ¿Cómo pudo hacerlo? Yo no sé. Pero si sé que todas mis heridas parecen insignificantes. Mis rencores y duros sentimientos se vuelven repentinamente infantiles. Algunas veces me sorprendo al ver el amor de Cristo, no tanto por la gente que toleró como por el dolor que soportó.
¡Maravillosa Gracia! Back to Top
Diálogo sordo - El don de escuchar Con frecuencia las conversaciones de hoy día entre las parejas casadas son diálogos de sordos. Permítame darle una definición de escuchar, en tres partes. Escuchar significa que cuando su cónyuge está hablando:
1. Usted no está pensando sobre qué va a decir, cuando él/ella pare de hablar. No está ocupado formulando su respuesta. Usted se está concentrando en lo que le están diciendo.
2. Usted acepta completamente lo que le están diciendo sin juzgar lo que él/ella está diciendo o cómo lo está diciendo. El aceptarlo no significa que usted esté de acuerdo con el contenido de lo que se ha dicho. Más bien, significa que entiende que lo que su cónyuge está diciendo es algo que él/ella siente.
3. Usted debiera aceptar lo que ha dicho y lo que piensa que él/ella estaba sintiendo mientras le hablaba. La verdadera forma de escuchar implica un interés obvio en los sentimientos de su cónyuge y sus opiniones y un intento de entenderlo desde la perspectiva de él/ella.
El no escuchar puede que aumente la cantidad de conversación que se le brinde. Usted puede aprender a escuchar, porque es una habilidad que hay que aprender. Su mente y oídos pueden ser enseñados a escuchar con más claridad. Sus ojos pueden ser enseñados a ver con más claridad. Pero lo opuesto es también cierto.
Tres componentes de la comunicación
Cada mensaje tiene tres componentes:
1. El contenido actual
2. El tono de voz
3. La comunicación sin palabras
Es posible expresar diferentes mensajes usando la misma palabra, frase o pregunta, simplemente al cambiar nuestro tono de voz o movimiento del cuerpo. La comunicación sin palabras incluye expresiones faciales, postura del cuerpo y acciones.
Los tres componentes de comunicación tienen que complementarse unos a otros para lograr que un mensaje simple sea transmitido. Un investigador ha sugerido que la comunicación efectiva consiste de 7% de contenido, 38% del tono de voz, y 55% de comunicación sin palabras.
Nosotros a menudo enviamos mensajes confusos porque los tres componentes se contradicen entre ellos mismos. Cuando un hombre le dice a su esposa con el tono de voz apropiado, "querida, te amo", pero su cabeza está metida en un periódico, ¿qué va a creer ella? Cuando una mujer pregunta "¿cómo fue tu día?" en tono monótono mientras que su esposo pasa por su lado camino a la habitación, ¿a quién le va a responder él, al mensaje verbal o al no verbal?
El esposo mientras sale para el trabajo, se acerca a su esposa, le sonríe, le da un abrazo y un beso, y le dice en un tono de voz amoroso, "yo te amo mucho". Después que él se va, ella se siente bien. Pero, cuando ella ve que el periódico está en el medio del cuarto, la pijama sobre la cama, las medias sucias en el suelo, y el tubo de pasta dentrífica sin la tapa sobre el lavamanos, sus buenos sentimientos comienzan a disiparse.
Ella le ha dicho a su esposo lo importante que es para ella que él asuma responsabilidades en recoger sus cosas, porque si no lo hace aumenta el trabajo de ella. Pero él no ha sido cuidadoso una vez más. Ella le creyó a él cuando se fue a trabajar, pero ahora ella duda, "si fuese cierto lo que me dijo y de verdad me amara ¿por qué no me lo demuestra asumiendo un poco de responsabilidad? Me pregunto: ¿De veras me ama? Sus acciones anteriores contradijeron su mensaje de amor, aunque el mensaje fue enviado correctamente.
Obstáculos que impiden escuchar
Para que el escuchar con solicitud ocurra, necesitamos estar conscientes de algunos obstáculos comunes para el que escucha:
1. El estar a la defensiva es un obstáculo común.
Nosotros estamos ocupados en nuestras mentes pensando una excusa, para refutar a lo que nuestro cónyuge está diciendo. Al hacer esto perdemos el mensaje. Hay una variedad de respuestas defensivas:
Quizás alcancemos una conclusión prematura. "Está bien, ya sé lo que vas a decir..."
Podemos leer entre sus palabras nuestra propia expectativa, o proyectar hacia una persona lo que diríamos en la misma situación.
Practicar tu propia respuesta.
Responder con palabras llenas de pólvora. Las palabras llenas de pólvora te enlazan en una reacción de defensa negativa.
2. Las actitudes o prejuicios que sostenemos hacia ciertos individuos.
Esto puede incluir personas que hablan con cierto tono de voz, grupos étnicos, sexo opuesto, personas que nos recuerdan a alguien en nuestro pasado, etc.
3. Nuestros problemas internos pueden bloquear nuestro escuchar.
Nosotros tenemos dificultades escuchando cuando nos involucramos emocionalmente. Se llega a un punto en que no podemos separarnos nosotros mismos de la otra persona.
4. Es la interrupción.
Usted puede levantar esta barrera porque siente que la otra persona no está llegando al punto deseado lo suficientemente rápido.
5. La sobrecarga.
Quizás ha usado todo el espacio disponible en su mente para información. Alguien más viene con una nueva información y siente que simplemente no puede manejarla.
6. El tiempo.
¿Ha escuchado alguna vez comentarios como éste? "¿Hablar?" "¿Ahora?" "¿A las 2:30 de la mañana?" "Me gustaría escucharle pero es muy tarde para una cita".
7. Agotamiento físico.
La fatiga física y mental hacen difícil que uno escuche.
8. Atención selectiva.
Otra forma de expresar este obstáculo es filtrando lo que escucha, escogiendo la información que se comparte.
Pasos para escuchar mejor
¿Cómo puede mejorar su habilidad de escuchar?
a) Entienda lo que usted siente hacia su cónyuge. Cómo ve a su cónyuge, afecta la forma en que usted le escucha.
b) Escuche con sus oídos, sus ojos, su cuerpo. Si su compañero le pregunta: "¿Me estás escuchando?," y usted le responde "sí" mientras está caminando y alejándose de él/ella o está preparando la comida o fregando los platos, puede ser que no esté realmente escuchando.
Hay varias reacciones que usted puede tomar para indicarle a su cónyuge que le está escuchando y recibiendo todo lo que él está diciendo:
El clarificar, es una de las reacciones.
El observar, es otra habilidad.
El escuchar reflexionando, un comentario de reflexión intenta recoger los sentimientos expresados.
Investigar, es otra reacción que ayuda
¿Conoce usted sus dificultades para escuchar? ¿Quién es responsable del obstáculo? ¿Su compañero/a o usted? Back to Top
Decisiones sabias - Construyendo mi futuro ¿Cómo es que algunos llegan a ser instrumentos útiles para Dios y otros no? La clave está en nuestras decisiones y reacciones frente a las circunstancias que atravesamos. Todas las personas a las que Dios usó con poder tomaron la determinación de vivir bajo el señorío de Cristo.
Las decisiones que tomamos determinan la clase de persona que seremos. En gran medida, quiénes somos en el presente es resultado de las decisiones que tomamos en el pasado. Nuestro carácter, valores, prioridades e intereses son consecuencia de nuestras decisiones. Por otra parte, nuestro futuro puede moldearse a través de las decisiones que tomemos de aquí en adelante. Podemos decidir ser obedientes a Dios, o hacer oídos sordos; dejar el pecado o seguir en él; morir al yo o vivir para él. También decidimos qué actitud tener frente a nuestro pasado, presente y futuro. Nuestras decisiones, entonces, nos moldean.
Decisiones que afectan la vida
En el libro de Ester leemos sobre tres personas que tomaron decisiones que afectaron el resto de sus vidas. La primera es el rey Asuero, emperador del vasto territorio de Persia y Media. Durante seis meses este poderoso rey mostró su riqueza, y al fin ofreció un banquete de una semana. Se sirvió buen vino a quien lo deseara y en la cantidad que deseara. Luego de siete días de estar bebiendo, "...estando el corazón del rey alegre del vino..." (Est. 1:10) ordenó que su esposa, la reina Vasti, desfilara frente a un grupo de hombres borrachos, de mirada lasciva.
El rey Asuero tomó esa decisión-que afectó el resto de su vida-bajo la influencia del alcohol y empujado por "la vanagloria de la vida" (1 Jn. 2:16). Esta es una de las tantas influencias poderosas que a veces nos llevan a decisiones devastadoras. Pensemos en la decisión que tomó el rey David al dejarse llevar por la lujuria, y cómo marcó el resto de su vida. Cuando Elías estaba agotado y deprimido, intentó huir de Dios y exclamó: "...quítame la vida, pues no soy mejor que mis padres..." (1 R. 19:4). Jonás estaba lleno de odio racista cuando Dios le habló para que fuera a los ninivitas. El poder de las emociones carnales, la amargura, el miedo, el resentimiento o el enojo nos llevan a tomar decisiones equivocadas.
Ante la gran diversidad de oportunidades que se nos presentan como mujeres, nuestra sociedad nos insta a ser egoístas; nos dice: "Pon tus aspiraciones primero, consigue lo que tú misma deseas de la vida; no dejes que tu esposo, tus hijos u otra persona se interpongan. Tú debes ocupar el primer lugar". Sin embargo, Proverbios 14:1 afirma: "La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba". La mujer sabia edifica, nutre, se asegura que todo funciona bajo la dirección divina. Llevada por la emoción del momento, la mujer necia derriba lo más precioso que tiene. Dice cosas que luego son difíciles de reparar, sin tener idea del efecto que esas palabras tienen en sus hijos o en los demás. Es probable que actúe por frustración, ira, obstinación o impaciencia.
En lo que se refiere a frustración, yo también solía ser una mujer necia. Los primeros quince años de mi matrimonio fueron difíciles para mí. Mi esposo, siendo médico, estaba fuera de casa casi todo el día y también muchas noches, y lentamente comencé a sentirme sola y llena de amargura. Teníamos muchos conflictos; incluso nuestra visión de cómo se debe vivir la vida cristiana estaba en conflicto. Yo me enojaba y hacía cosas egoístas que casi arruinaron nuestro matrimonio. Dios nos ha restaurado de una forma maravillosa.
Este ejemplo del rey Asuero me ayudó a hacerme preguntas para no tomar decisiones equivocadas. ¿Estoy viviendo controlada por este tipo de emociones? ¿Es así como tomo las decisiones? ¿Le demuestro amargura a mi esposo? ¿Tengo algún resentimiento contra otra persona? ¿Tengo envidia de alguien? ¿Es necia mi forma de actuar?
¿Cómo podemos tomar decisiones sabias?
Hay cuatro palabras que pueden ayudar a que nuestras decisiones honren a Dios.
La primera es espera. Si debes tomar una decisión y reconoces que estás molesta, enojada, a que no tienes dominio propio, grábate esta palabra en la mente: "espera". No hagas nada por el momento. Stg. 1:18 habla de una situación dominada por las emociones y nos ordena que seamos "tardos para hablar". Espera hasta que tus emociones estén bajo el control de Dios. No actúes de manera impulsiva porque luego vas a lamentarlo.
En segundo lugar compara lo que deseas hacer con la Palabra de Dios. "Lámpara es a mis pies tu palabra..." (Sal. 119:105). La Biblia es nuestro manual para vivir una vida fructífera, efectiva, y llena de gozo. Por eso espera, y luego corrobora con la Escritura lo que te sientes tentada a hacer.
En tercer lugar busca sabiduría en la Palabra y también en consejeros sabios (Pr. 11:14; 15:22; 24:6). La cuarta palabra es evalúa. Deténte y piensa en las decisiones que podrías tomar, y considera sus efectos y consecuencias en el tiempo; busca perspectiva: "En dos o tres años, ¿cuáles serán las consecuencias de esta decisión para mí o para los que me rodean?" Como le decidió al rey Asuero, es muy fácil tomar decisiones necias.
Decisiones en el matrimonio
Con respecto a las decisiones en el matrimonio, consideremos la que tomó la esposa del rey. La reina Vasti rehusó obedecer su marido quien se puso furioso. Cualquiera haya sido la razón para su negativa, parece no haberle dado importancia apropiada a su relación matrimonial. Debido a esa decisión, Vasti quedó sin esposo y sin reino. Si queremos ser mujeres sabias en nuestro matrimonio, aprendamos la lección de Pr. 14:1-necesitamos edificar nuestra "casa", nuestro matrimonio.
Quiero compartir cinco sugerencias para darle a nuestro matrimonio la importancia que se merece. En otras palabras, para no "dormirse en los laureles" y luego despertar en una pesadilla.
1. La primera es mantenernos atractivas para nuestros esposos. Este es un acto de amor y respeto (Pr. 31:22, 24). Si no le damos importancia, estaremos descuidando un área de la relación que Dios quiso que se desarrollara a través de la atracción física. Sin embargo, la atracción va más allá del aspecto físico. Hazte las siguientes preguntas: ¿Qué es lo que le atrae a tu esposo en una mujer? ¿Le agrada que tenga sentido del humor? ¿Le agrada una persona que lee el diario, y se mantiene informada? Cuando habla contigo de algo que considera importante, ¿te quedas mirándolo con una expresión de desconcierto? Si es así, necesitas informarte sobre lo que está hablando para poder responderle.
¿Desea una esposa que lo acompañe en sus actividades favoritas? Descubre qué es lo que tu esposo encuentra atractivo en una mujer, y actúa en consecuencia (siempre que no vaya en contra de un principio bíblico). Ningún esposo se va a sentir atraído por una esposa que lo regaña continuamente (Pr. 19:13; 21:9). ¡Recuerda que hay muchas otras mujeres, dentro y fuera de la congregación, dispuestas a hacer lo necesario para hacerse atractivas a tu esposo!
2. En segundo lugar sé afectuosa. 1 Corintios 7:4 señala que el cuerpo del marido pertenece a la esposa, y el de ella a su marido. La Biblia enseña que debemos suplir las necesidades sexuales del otro. En algunos círculos cristianos evangélicos existe el error de creer que disfrutar de la relación sexual entre marido y mujer no agrada a Dios. Pero en una sociedad saturada de sexo todos somos vulnerables, tanto el esposo como la esposa. Por eso sé afectuosa, espontánea, cariñosa, sorpréndelo con algo que sepas que le agradará. ¡Dale sabor a tu matrimonio! Sugiero una lectura de Proverbios 5 y del Cantar de los Cantares. Verás que Dios quiere que el matrimonio sea vibrante. Ese tipo de relación es una protección contra las tentaciones que acechan a nuestro alrededor.
3. En tercer lugar, muestra tu aprecio. En esos primeros años de mi matrimonio no apreciaba lo que tenía. Pero Dios en su amor y misericordia me hizo ver mis actitudes pecaminosas. Me mostró cómo me veía mi esposo. ¡Tenía muchísimo que cambiar! Lo primero fue la lengua, las palabras crueles que me había acostumbrado a decir. Dios me enseñó cómo mostrarle aprecio a mi esposo y a darle gracias por su vida. Comencé a meditar en sus cualidades (Filipenses 4:8). Y también pude enseñar a mis hijos a apreciar a su padre y a ser agradecidos con él, y así crecieron teniendo una relación maravillosa con su papá.
4. En cuarto lugar, sé amable y bondadosa con tu esposo y muéstrale cuánto lo valoras. Muchos maridos piensan que sólo tienen valor porque ganan el pan para la familia. Durante esos años difíciles de mi matrimonio, criticaba todo lo que él hacía. Es imposible imaginarse mi horror al descubrir que mis hijos lo habían advertido.
5. En quinto lugar, debemos estar alertas, pendientes de sus sentimientos. En lugar de comenzar a quejarte por lo cansada que estás, o de lo mal que te fue hoy, cuando lo veas, presta atención a lo que él siente. Sé sensible a sus comentarios sobre su cansancio, sus problemas en la iglesia, sobre la situación financiera... Quizás se siente algo inseguro en su rol de padre, de esposo o de líder en la iglesia. Incluso muchos hombres creen que no pueden satisfacer las expectativas de sus esposas en su rol de líder espiritual.
Nuestra actitud es una decisión
"Edificar" la relación matrimonial requiere esfuerzo, valentía y una confianza profunda en nuestro Dios. Consideremos ahora a Ester.
Desde jovencita Ester fue llevada, contra su voluntad, al harem del rey a fin de prepararse y esperar el día en que debiera presentarse ante él. Si ella no le agradaba, volvería al harem para ser una de sus concubinas. Era joven y sus sueños de tener un hogar normal se habían desvanecido en un abrir y cerrar de ojos. ¿Te encuentras tú en una situación similar? ¿Has perdido tus sueños? ¿Tienes el corazón destrozado? Así se encontraba Ester.
Veamos cuál fue su respuesta a esta situación que aparentemente no tenía salida.En el capítulo 2 se menciona en tres oportunidades que "halló gracia": delante del eunuco (Ester 2:9), de todos los que la veían (2:15) y del rey (2:17). No halló gracia a través de amargura, quejas o lástima de si misma. Muy por el contrario, Ester desechó la autocompasión, la amargura, y la desesperación. Desechó la mentalidad de víctima, aunque todas estas reacciones hubieran sido consideradas normales. Hubiera sido natural lamentarse: "¿Cómo pudo Dios permitir que esto me sucediera?".
Cuando nos encontramos en situaciones difíciles, recordemos que podemos elegir cuál será nuestra reacción. Ester eligió sobreponerse y no dejar que esa circunstancia arruinara el resto de su vida. En esos años difíciles de mi matrimonio, cuando incluso me sentía tentada a abandonar a mi esposo, escuché una cita del gran predicador escocés Andrew Murray: "Antes que nada, fue Dios quien me trajo aquí. Es su voluntad que esté en este lugar y voy a descansar en eso". Confiar en Dios es una decisión. Es creer que El no permite que algo suceda para dañarnos sino para profundizar nuestra relación con El. No nos está castigando sino que está quitando de nuestras vidas aquello que no permite que desarrollemos el carácter de Cristo.
Asimismo las pruebas nos purifican. Cuando por fin pude ver lo amargada y lo enojada que estaba, supe que Dios había comenzado a obrar en mi vida. Las pruebas nos muestran en qué debemos cambiar y qué quiere Dios que aprendamos. La gracia divina obra en nosotros y produce "fruto apacible de justicia" (He. 12:11). Ahora, cuando vienen las pruebas, digo: "Harás de esta prueba una bendición. Aunque ahora me duela, un día daré gracias por haber pasado por esto". Nuestra actitud es una decisión.
En esta cuestión de las decisiones, todo se reduce al tema del señorío de Cristo en nuestras vidas. ¿Quién controla tu vida? En las decisiones, en tu matrimonio, en tu vida familiar, en la iglesia, en tus momentos difíciles, te animo a decir: "Señor, te amo y quiero tomar decisiones de acuerdo a tu voluntad; decisiones que me transformen en una persona que sea de bendición para otros y, sobre todo, que te agrade a ti". Back to Top
Disponibles - La gente que Dios usa La mayoría de nosotros se asombra ante prodigios como Yehudi Menuhin, el violinista más joven de todos los tiempo que a los ocho años dio su primer recital de ópera en Manhattan, o el joven Mozart, que daba recitales en el clavicordio a los cuatro años y que antes de cumplir los cinco compuso "Brilla, brilla, estrellita". Nos maravillamos ante la agilidad de los gimnastas que ganan las medallas o las proezas desafiantes de la muerte de los artistas del circo, que asombran a los públicos con deslumbrantes despliegues bajo la gran carpa. Apilamos halagos (también dinero) sobre los atletas profesionales que tienen genuinas destrezas y loamos sus habilidades, por lo menos cuando ganan.
Son pocos los que pueden identificarse con esas personas excepcionales, que no son como nosotros. Sus logros superan todo lo que pudiéramos soñar con cumplir nosotros mismos. Sin embargo, de acuerdo con Charles Garfield, todos podríamos ser realizadores de vanguardia, pues cuando él trabajó como joven programador de computadoras para la misión espacial del Apolo 11, fue consumido por el entusiasmo de sus colegas, cuya gran mayoría eran personas desconocidas, dedicadas a una tarea en común: Poner en la luna al primer hombre. Ellos encontraron, como grupo, la manera de ser verdaderamente influyentes en la historia científica.
El primer paso de Neil Armstrong en la luna inspiró al mundo y lanzó a Charles Garfield a una nueva carrera; empezó a buscar personas que fueran realizadores de vanguardia aunque nunca subieran al estrellato, pero cuyos esfuerzos influyeran verdaderamente en sus trabajos, sus hogares y sus comunidades.
Garfield encontró a estas personas desparramadas por toda la sociedad. Se desempeñan en diferentes ocupaciones y tienen intereses diferentes, no obstante, todos tienen algo en común: metas que quieren alcanzar. Han aprendido a disciplinarse a sí mismos y aceptar la responsabilidad por medio de sus conductas. Respetan a los demás y trabajan bien como miembros de un equipo. Enfrentan tantos obstáculos como el resto de nosotros y pasan por momentos muy difíciles, pero cuando fallan rara vez se quedan parados por largo tiempo.
Garfield observa que "los realizadores de vanguardia siempre sienten que pueden hacer algo sin que importe cuán difícil se vuelva la cosa ni cuán enorme sea el esfuerzo que asalte a la mente y al cuerpo; invariablemente siguen adelante" (Charles Garfield, Peak Performers, Nueva York: William Morrow, 1986, pág. 20).
La gente que Dios usa
La mayoría de las personas que fueron influyentes en la Biblia no fueron bien conocidas, al igual que muchos realizadores de vanguardia. Unos cuantos tuvieron características sobresalientes, otros lograron riqueza e importancia, sin embargo la mayoría ni siquiera parecía calificada para la obra que Dios les asignó.
Algunos se resistieron. Moisés debe haberse alegrado al saber que Dios iba a rescatar a los oprimidos israelitas de sus amos egipcios, cuando se halló frente a la zarza ardiente en el desierto. Pero cuando Dios le dijo: "te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel", Moisés comenzó a disculparse; el hombre que muchos consideran ser el mayor de todos los líderes de Israel, intentó librarse de ser verdaderamente influyente.
Jonás hizo algo parecido; no se resistió en forma verbal sino que huyó, esperando que Dios no se diera cuenta. Gedeón fue más cooperador pero pidió dos veces una señal para asegurarse bien que realmente era él a quien Dios quería para dirigir un ejército a la lucha. Cuando Gedeón se decidió finalmente y marchó a la lid, el Señor le anunció que eran demasiados los soldados que llevaba. El ejército fue reducido en el 90% y solamente fueron trescientos los hombres que fueron a la batalla. Ciertamente algunos deben haber ido arrastrando sus pies pero ganaron en forma decisiva porque Dios estaba con ellos.
El apóstol Pablo llevó el Evangelio por el todo el imperio romano, a veces, se sentía débil y hasta temblaba (1 Cor. 1:1-3; 2:3-4). Pedro fue también una persona verdaderamente influyente pero, en su vida natural, era impulsivo. Rahab fue usada por Dios aunque trabajaba de prostituta. Elizabeth era una señora anciana sin hijos y fue la madre de Juan el Bautista. María era una sencilla niña campesina que agradó a Dios y llegó a ser la madre del Mesías.
David fue verdaderamente tan influyente que es mencionado en la Biblia con más frecuencia que cualquier otro personaje bíblico. Pero empezó su vida como pastor, tan poco calificado que su padre olvidó mencionarlo cuando Samuel vino en busca de alguien que fuera el rey de Israel.
Dios no usa siempre, para hacer su obra, a las personas sabias, influyentes o de noble cuna, "sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo vil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es" (1 Co 1.1-3; 2.3-4). A menudo Dios ha escogido a los improbables de este mundo para que sean su gente especial que es verdaderamente influyente.
Algunos empezaron tarde. Abraham fue padre cuando tenía cien años, no mucho más que su esposa, la flamante madre. Moisés pasó ochenta años en el desierto antes de erguirse como líder de Israel. Josué era, con toda probabilidad, el hombre más viejo del campamento cuando asumió el mando y condujo a los israelitas a cruzar al otro lado del Jordán entrando a la Tierra Prometida. Él usa nuestras experiencias para hacernos mejores personas verdaderamente influyentes.
Algunos empezaron mal. Dios le dijo a Jonás que fuera a Nínive pero él se fue en dirección opuesta y terminó dentro del estómago de un pez. Sansón era un hombre de increíble fuerza cuyo servicio santo fue interrumpido cuando se enamoró de Dalila, perdió ambos ojos y su fuerza. Pero Dios escuchó la oración final de Sansón, le dio otra oportunidad y le permitió derrumbar un templo gentil lleno con tres mil adoradores paganos.
David había peleado numerosas batallas y, finalmente, fue rey cuando se acostó con Betsabé una noche y la dejó embarazada. Tratando de cubrir su inmoralidad, el rey David, descrito en otra parte como el hombre con el corazón de Dios, mintió y asesinó. Pero Dios le dio otra oportunidad más. Pedro fue escogido para ser uno de los apóstoles pero negó tres veces a Jesús en la víspera de la crucifixión. Cuando salió de la corte del sumo sacerdote, llorando amargamente, Pedro debe haber pensado que estaba acabado como discípulo pero Jesús le perdonó y le dio una segunda oportunidad. A las pocas semanas, este discípulo predicó un poderoso sermón en el día de Pentecostés y se volvió líder de la iglesia de los primeros tiempos.
¿Qué podemos aprender de estos ejemplos bíblicos?
Por supuesto, Dios trabaja mediante personas sumamente educadas, consistentemente fieles, bien preparadas y ubicadas en importantes posiciones pero, más a menudo, Dios usa gente común y corriente para que sea su gente verdaderamente influyente. El usa personas que suelen resistirse al comienzo, personas que no cumplen requisito alguno, personas que empiezan tarde y hasta aquellas que antes lo echaron todo a perder.
Dios usa gente como nosotros.
¿Qué acerca de nosotros?
A pesar de no haber sido nunca un realizador de vanguardia, ¿Puede alguien ser un hacedor de diferencias? ¿Podrán las palabras de este artículo ayudarle a tener influencia sobre la vida de otras personas? La respuesta, en parte, depende de usted.
Sin embargo, estoy convencido de que toda persona que lo desea puede ser influyente en la vida de otras personas. Los creyentes de los primeros tiempos pusieron su mundo "de cabeza" porque fueron facultados por el Espíritu Santo y motivados para impactar de verdad. De manera similar los cristianos actuales podemos ser verdaderamente influyentes cuando admitamos que somos débiles pero nos dispongamos a ser fortalecidos y conducidos por el Dios todopoderoso (Mt 28.10-20).
Puede ser que a veces nos cansemos, pero podemos depositar nuestra esperanza en el Señor que nunca se cansa y que renueva nuestra fuerza (Is 40.28-31). Todos nos sentimos inadecuados en ocasiones, pero servimos a Dios que todo lo sabe, que es totalmente sabio y compasivo y dispuesto a trabajar por medio de gente que se siente incompetente.
Nos falta sabiduría con mucho más frecuencia de la que queremos admitir y, a veces, llegamos a puntos muertos que nos dejan maltrechos, pero tenemos un Dios que da sabiduría y guía, que espera que hagamos planes pero que, entonces, abre puertas y guía nuestros pasos (Pr 3.5-6; 16.9).
Algunos escritores u oradores públicos dan reglas y sugerencias para ser verdaderamente influyente pero para ejercer un impacto duradero, necesitamos algo más básico que una mera fórmula. Necesitamos cambiar por dentro para poder desarrollar algunas características fundamentales de persona verdaderamente influyente, aunque esto no puede hacerse solo ni por cuenta propia. La transformación interior real es hecha por Dios, que trabaja, a veces, por medio de otras personas y que parece obrar mucho más lentamente de lo que agrada a nuestra impaciente mente.
Estos rasgos no son metas imposibles que solamente obtienen los brillantes o los excepcionalmente talentosos sino son características que todos nosotros podemos desarrollar con el estímulo mutuo del uno al otro y la ayuda continua de Dios. Back to Top
Conocer a Dios - Sin Biblia ¡Imposible! Quisiera que empezaras esta lectura contestando un par de preguntas. Por favor, tómate todo el tiempo que necesites para hacerlo, piensa cuidadosamente antes de responder, procura que tu respuesta sea honesta y refleje tu realidad personal de la forma más fidedigna posible.
¿Por qué inviertes tiempo en la lectura de la Biblia?
En caso de que no pases tiempo, o no el necesario ¿Cuál es la causa por la que no lo haces?
Al orar y pensar acerca de este tema vino a mi mente una pregunta: ¿Por qué paso tiempo con Dios leyendo Su Palabra? La primera respuesta que vino a mi mente fue: porque "lo necesito". Automáticamente una segunda y lógica pregunta vino a mi mente: ¿Por qué lo necesito? Al llegar a este punto la respuesta ya no fue instantánea, ni automática, tuve que pensar, tuve que plantearme el porqué yo invertía tiempo en compartir mi vida con Dios. Por qué entre las muchas cosas y actividades que demandan tiempo he de dedicar una parte a Dios e intentar que la misma sea prioritaria. Me gustaría que pienses por ti mismo una respuesta a esta pregunta:
¿Por qué una persona como tú puede necesitar tiempo con Dios?
Al igual que tú, también soy una persona pragmática, necesito encontrar un sentidoen las cosas que hago, no puedo hacerlas porque sí, porque se supone que debo hacerlas, porque eso es lo que se espera de mí. Necesito encontrar razonables y útiles las cosas que hago. Pienso sinceramente que todos lo necesitamos, si no entendemos el porqué de nuestras acciones caemos en la hipocresía -hacerlas porque se supone que hemos de hacerlas- o en el legalismo -hacerlas por miedo o temor.
Tengo la impresión de que muchos cristianos no pasan tiempo leyendo la Palabra de Dios porque no han podido contestar de forma satisfactoria la pregunta de por qué necesitan leer la Biblia. Dicho de otro modo, no consideran que la lectura de las Escrituras sea necesaria, no entienden cómo se puede relacionar con su vida cotidiana, no creen que tenga nada que aportar a su realidad vital. Como consecuencia no lo hacen, o lo hacen muy escasamente.
Lo que compartiré contigo son las razones por las que yo necesito pasar tiempo con Dios. Pienso que estas razones son universales -válidas para toda persona, en todo lugar y en todo tiempo.- Es mi deseo que te animen y estimulen a pasar más y más tiempo con Dios en la lectura y meditación de la Palabra. Estas son las razones: Conocer a Dios, proteger mi vida y encontrar dirección y guía para mi vida cotidiana.
Para conocer a Dios
"Como ansía el ciervo las corrientes de las aguas, así te ansía a ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo iré para presentarme delante de Dios?" (Salmo 42:1-2)
"El Señor dice: Que no se enorgullezca el sabio de ser sabio, ni el poderoso de su poder, ni el rico de su riqueza. Si alguien se quiere enorgullecer, que se enorgullezca de conocerme, de saber que yo soy el Señor, que actúo en la tierra con amor, justicia y rectitud, pues eso es lo que a mí me agrada. Yo, el Señor, lo afirmo." (Jeremías 9: 23-24)
No se puede confiar en aquel a quien no se conoce. Imagínate la escena, alguien completamente desconocido se presenta en tu casa. Dice que has de confiar en él, pues de lo contrario tu vida corre peligro. Te da bonitas explicaciones y te pide que pongas todos tus bienes en sus manos y sigas todas sus instrucciones. ¿Cómo reaccionarías? ¿Confiarías en él, harías lo que te pide? Solamente un necio confiaría su vida y posesiones en las manos de un desconocido.
La confianza es básica en todo tipo de relación y la confianza no se puede desarrollar sin un conocimiento mutuo, y éste es imposible sin una inversión de tiempo. Cuando pasas tiempo con una persona puedes llegar a conocer cómo es realmente. Conocerla puede llevar bien a la confianza o bien a la desconfianza. Sin embargo, estarás de acuerdo que el factor tiempo y el factor relación son básicos para ello.
Piensa seriamente en estas preguntas:
¿Puedes confiar en Dios sin conocerlo? ¿Por qué?
¿Puedes llegar a conocerlo sin pasar tiempo relacionándote con Él? ¿Por qué?
Personalmente, pienso que es imposible confiar en Dios sin conocerlo. Dios es una persona y por tanto la relación con Él en muchos aspectos funciona como la relación con cualquier otra persona. Sin duda, la falta de confianza en Dios es uno de los problemas que hemos de afrontar como creyentes.
La vida cristiana se basa en la confianza
"Sin fe es imposible agradar a Dios", declara la Escritura (Hebreos 11:6). Todo lo que no nace de la confianza es pecado vuelve a afirmar el Nuevo Testamento (Romanos 14:23). Cuando la confianza no existe en la vida cristiana aparece el legalismo. Legalismo significa que las cosas ya no se hacen por amor, sino por temor, por miedo. El legalista hace cosas o deja de hacerlas para evitar el castigo o las represalias de Dios, o bien, para conseguir sus favores.
El legalista, en cierto sentido, regatea con Dios. Piensa: "si no hago esto, evitaré el castigo de Dios" o bien, "si hago esto conseguiré las bendiciones del Señor". Las relaciones legalistas caracterizan a aquellos cristianos que no confían en Dios porque no lo conocen. Sus relaciones no están basadas en la seguridad que produce la confianza, sino más bien en la suspicacia fruto de la desconfianza. No han entendido que el amor echa fuera el temor.
Cuando no hay confianza la vida cristiana se distorsiona
Las promesas de Dios no son tomadas seriamente, su voluntad aparece como sospechosa, su propuesta de estilo de vida y sus mandamientos ya no aparecen como un beneficio, una bendición para nuestras vidas. Se vuelven una carga, una opresión, un corsé que nos asfixia, un yugo pesado de soportar. Esto también nos pasa en las relaciones con los seres humanos, ¿quién se fía de la palabra o la promesa de un desconocido? ¿quién se siente obligado a seguir las indicaciones y consejos del primero que pasa por la calle?
No puede ser de otra manera, al desconocer a Dios y su carácter no podemos confiar en que sus motivaciones al ofrecernos un determinado estilo de vida sean las mejores. No podemos creer que anhela lo mejor para nosotros. Nos cuesta creer que su deseo sea bendecirnos y darnos una vida abundante.
Los mandamientos de Dios están dados para protegernos y proveer para nuestras necesidades. Sin embargo, la persona que no conoce a Dios no puede visualizarlos de esta manera, los ve como restricción, opresión, yugo, pesada carga, límite y coacción a su preciada libertad personal.
¿Por que existen tantos cristianos que no ceden a Dios el control de sus vidas? Sencillamente, porque no confían, y no confían simplemente porque no lo conocen. Tal vez tú eres uno de estos cristianos.
Piensa por un instante ¿Eres uno de esos cristianos que nunca han cedido a Dios el control total de sus vidas? ¿Es la desconfianza hacia Dios la razón que te impide entregarle el control total de tu vida? ¿Cuál otra si no?
La buena noticia es que sí puedes conocer a Dios y su propósito para tu vida en las páginas de la Biblia. Por algo este libro es llamado, y con justa razón, la "Palabra de Dios". Back to Top
La Biblia en mí - Forma, protege y guía Los pueblos adoptan el carácter de los dioses que adoran. Dioses de la guerra dan lugar a pueblos guerreros, dioses sanguinarios desarrollan pueblos sanguinarios, dioses inmorales producen pueblos inmorales. El propio pueblo de Israel experimentó esta realidad cuando en su idolatría cambiaron al Señor por dioses falsos que cambiaron y corrompieron sus costumbres.
El culto de Baal, tan común entre los pueblos vecinos de Israel en el tiempo del Antiguo Testamento, era un culto de la fertilidad en que la vida sexual licenciosa era glorificada como algo religioso y meritorio. Había prostitutas "santas" tanto masculinas como femeninas para la satisfacción de los adoradores. Como consecuencia, los pueblos cananeos era pueblos de una tremenda depravación sexual (recordemos el caso de Sodoma) e Israel no pudo sustraerse a esta inmoralidad como claramente atestiguan los profetas.
"Los seres humanos están diseñados para adorar". Creemos que esto es verdad, y por eso el ser humano busca objetos de adoración. Martín Lutero afirmaba que Dios es cualquier cosa que colocamos en el centro de nuestras vidas. Si Dios no ocupa el corazón del ser humano otras cosas lo ocuparán y se convertirán en su objeto de adoración. La Biblia afirma que donde colocamos tesoro -nuestro ídolo- allí estará nuestro corazón. (Mateo 6:21)
¿Hay en tu vida otros dioses que ocupan el lugar que sólo le corresponde a Dios?
La Biblia forma nuestro carácter
Conocer a Dios es básico para que su imagen se desarrolle en nosotros. Conocer su carácter moral es básico para trasformarnos a su imagen y de este modo su carácter se desarrolle en nosotros. Pablo afirmó al respecto:
"Por eso, todos nosotros, ya sin el velo que nos cubría la cara, somos como un espejo que refleja la gloria del Señor; y vamos trasformándonos en su misma imagen, porque cada vez tenemos más de su gloria, y esto por la acción del Señor, que es el Espíritu." (2 Corintios 3:18)
Dios nos pide que seamos santos porque Él es santo. La petición de Dios no es arbitraria o caprichosa, se basa en su propio carácter. Dios desea que como hijos suyos reflejemos, formemos en nuestra vida su forma de ser, su naturaleza moral. El conocimiento de Dios y su carácter es la base para el desarrollo del nuestro:
Hemos de evitar la mentira porque Dios es verdad
Hemos de ser justos porque Dios es justo
Hemos de amar porque Dios es amor
Hemos de perdonar porque Dios es perdonador
La Biblia nos protege espiritualmente
Los cristianos tenemos el gran peligro de ser absorbidos por la sociedad en la que vivimos. Los cristianos somos hijos de nuestro tiempo y cultura. Este es un axioma que siempre hemos de tener en cuenta. Vivimos en una cultura determinada y corremos el riesgo de perder nuestra identidad en el seno de la misma.
Esta sociedad proclama, cree y defiende valores, estilos de vida, prioridades y concepciones del universo, en el mejor de los casos diferentes a los nuestros, y en el peor de los casos abiertamente en oposición con las enseñanzas de la Palabra de Dios. Como personas inmersas en esta cultura podemos caer en el riesgo de asumirlos, de hacerlos nuestros, conformándonos, tomando la forma del mundo y viviendo y pensando como la sociedad lo hace.
Otro factor a tener en cuenta es que constantemente estamos sometidos a la influencia y los valores de la sociedad. Desde las aulas, los amigos y los medios de comunicación recibimos día tras día mensajes invitándonos a adoptar un estilo de vida contrario a la Palabra de Dios.
Israel fue advertido acerca de este peligro. Justo antes de entrar en la tierra prometida recibieron una seria advertencia del Señor al respecto (Deuteronomio 7:1-6) Todos conocemos el final histórico que tuvo el pueblo de Israel primeramente y posteriormente Judá. A pesar de las advertencias de Dios por medio del continuado ministerio de los profetas, el pueblo de Dios se fue alejando poco a poco de Él y adoptando el estilo de vida de los pueblos vecinos, llegando incluso a hacer propios los dioses de aquellas naciones.
Esto lleva al mismísimo Señor a exclamar indignado por medio del profeta Jeremías: "Id a las islas de occidente y observad; enviar a alguien a Cedar para que se fije bien, a ver si se ha dado el caso de que una nación pagana haya cambiado sus dioses. ¡Y eso que son dioses falsos! Pero mi pueblo me ha dejado a mí que soy su gloria, por ídolos que no sirven para nada." (Jeremías 2:10-11).
Piensa seriamente en tu propia vida ¿En qué áreas concretas tu estilo de vida está infiltrado de los principios, valores y prioridades de esta sociedad? Pídele a Dios sabiduría para identificarlos.
"No os conforméis a este siglo"
¿Como se realiza el proceso de conformidad? La conformidad viene como resultado de una exposición continuada y repetida a las influencias de la sociedad exterior. Es un proceso de varias fases:
1. Reacción negativa. Si existe en nosotros una sensibilidad espiritual, cuando nos enfrentamos por primera vez con un principio defendido por la sociedad y contrario a la Biblia, se produce una reacción negativa, rechazo.
2. Familiarización. Tras aquella reacción, sin embargo, si de forma continuada estamos expuestos a este principio se produce una familiaridad con el mismo y perdemos nuestra capacidad de reacción y de asombro. Los medios de comunicación nos sirven para ilustrar este punto. Los telediarios acostumbran a regalarnos con imágenes de grandes catástrofes humanas como Irak o Centro América. La primera vez que vemos las imágenes reaccionamos con indignación, rabia o cualquier otro sentimiento. Después de estar expuestos a las mismas imágenes durante semanas, éstas apenas llegan a impactarnos, nos hemos familiarizado con ellas.
3. Tolerancia (indulgencia y flexibilidad). Es el siguiente paso en este proceso. Cuando nos hemos familiarizado con algo, este algo ha perdido su capacidad de producir un impacto en nosotros, de levantar nuestras defensas, de poner en guardia nuestros mecanismos de reacción. La familiaridad hace que nos sea más fácil vivir con ellos, que nos volvamos más indulgentes y comprensivos con aquellos que lo practican, ya que al fin y al cabo se ha vuelto algo natural.
4. Conformismo. Lo adoptamos en nuestro estilo de vida. Es la consecuencia natural de todo el proceso anterior. Es mucho más fácil adoptar en nuestro estilo de vida aquello que mentalmente ya hemos aceptado y no acabamos de verlo como algo tan malo o negativo.
¿Cómo protegernos espiritualmente? ¿Es posible evitar la conformidad? ¿Hemos de retirarnos del mundo, dejar de vivir en sociedad? Por otro lado ¿No estamos llamados a estar en el mundo y ministrar en él? ¿Cómo podemos estar en el mundo, vivir, trabajar y ministrar en él y a la vez protegernos espiritualmente?
Jesús nos da la solución. En su oración sacerdotal al Padre -Juan 17-, dice: "No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal". (Juan 17:15) La única forma de poder hacer ambas cosas es estando fuertemente arraigados en la Palabra de Dios, pasando tiempo con Él, haciendo de la Biblia una prioridad cada día en nuestras vidas.
"¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu Palabra. Con todo mi corazón te he buscado: no dejes que me desvíe de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti." (Salmo 119:9-11). La Biblia actúa como un filtro solar. El filtro solar permite pasar aquellos rayos que favorecen nuestro bronceado, pero impiden el paso de aquellos que dañan nuestra piel. La no utilización del filtro solar trae como consecuencia quemaduras. Tristemente, éstas aparecen cuando ya no hay remedio. El filtro solar deber ser aplicado diariamente.
La Biblia lleva a cabo el mismo efecto en nuestras vidas. Si la Biblia está en nuestra mente nos permite filtrar todas las influencias negativas y dañinas para nuestras vidas. No hay la más mínima posibilidad de que sobrevivamos espiritualmente a menos que activemos el filtro ideológico de la Palabra de Dios.
La Biblia nos guía en la vida cotidiana
"Hay un camino que al hombre le parece derecho, pero que al final es camino de muerte" (Proverbios 14:12). "Hazme entender el camino de tus ordenanzas, y meditaré en tus maravillas" (Salmo 119:27). "Enséñame, oh Señor, el camino de tus leyes, y lo guardaré hasta el fin" (Salmo 119:33). "Ve si hay en mí camino de perversidad y guíame por el camino eterno" (Salmo 139:24).
La vida está llena de decisiones, alternativas, encrucijadas delante de las cuales hemos de dar pasos, tomar acciones, escoger caminos. Pero ¿a dónde nos conducirán nuestras decisiones? ¿habremos tomado las correctas? ¿cómo podemos saber cuál es el mejor camino? ¿cómo podemos evitar el tomar un decisión que nos parece correcta pero cuyo fin es la muerte?
Camino: sinónimo de vida cotidiana
En la Biblia el camino simboliza la vida cotidiana. Por eso, la petición del salmista puede traducirse por: enséñame, muéstrame como vivir la vida cotidiana. Esta no es una petición ridícula. En la Biblia, el sabio es aquel que organiza su vida acorde con la voluntad de Dios. Por el contrario, el necio es aquel que organiza su camino al margen de Dios. Organizar nuestra vida en línea con la voluntad de Dios es básico, ya que de ello se derivan muchas bendiciones y se ahorran muchas complicaciones y dolores.
Dios nos enseña cómo vivir por medio de su Palabra
En uno de los pasajes más conocidos del Nuevo Testamento se nos dice: "Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para la enseñanza, para la reprensión, para la corrección, para la instrucción en justicia" (2 Timoteo 3:16).
En el Antiguo Testamento se nos recuerda que: "Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo" (Salmo 119:165). "Tu Palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino." (Salmo 119:105).
La clave para organizar nuestra vida cotidiana nos viene de la Palabra de Dios, por medio de ella: se nos enseña la verdad, se rebate y reprende el error, se nos corrige, se nos educa, se nos forma el carácter.
Dios no nos ha dejado en esta vida sin dirección ni orientación. Dios nos ha dado su Palabra para por medio de ella proveernos de principios y pautas sobre las que edificar nuestra vida cotidiana. Desde nuestra sexualidad hasta nuestras relaciones laborales, todas las áreas pueden ser guiadas por medio de las Escrituras. Sin embargo, tristemente muchos creyentes somos incapaces de buscar en la Palabra la orientación y la sabiduría para dirigir nuestro cotidiano vivir, no usamos ni el mapa ni la brújula que Dios a puesto a nuestra disposición.
"Confía de todo corazón en el Señor y no en tu propia inteligencia. Ten presente al Señor en todo lo que hagas, y Él te llevará por el camino recto." (Proverbios 3:5-6)
Conclusión: La Biblia, una necesidad
Pasar tiempo en la lectura y meditación de la Biblia no es un lujo, tampoco es un acto piadoso que nos hace más "espirituales". Pasar tiempo con Dios es una necesidad imprescindible para sobrevivir, crecer y producir un impacto en nuestra sociedad.
Jesús utilizó una ilustración para enseñarnos acerca de este punto. Dos hombres edificaron dos casas similares en todo en su exterior. Incluso una de ellas parecía más atractiva que la otra. La fachada era más bonita y los adornos más llamativos y agradables. La diferencia básica entre ambas eran los fundamentos, los cimientos sobre los que estaban edificadas. La casa más sobria había sido edificada sobre roca viva, por tanto, sus cimientos eran fuertes y estables. La otra, aquella que tenía una fachada más atractiva había sido edificada sobre arena. Sin embargo, ambas casas parecían iguales, incluso como ya he mencionado, una de ellas era exteriormente más atractiva y llamaba más la atención.
Cuando vino el tiempo de la tempestad, la lluvia y el viento azotaron ambas casas y estas fueron puestas a prueba. Aquella que tenía sólidos fundamentos resistió todos los embates. La otra, la que carecía de solidez en su base, cayó derrumbada, no pudo resistir las presiones. Jesús dijo que estas casas representaban dos tipos de personas: los que edificaban sus vidas sobre las enseñanzas de su Palabra y aquellos que lo hacían siguiendo sus propios criterios. Cuando llegan las tempestades, las crisis y los problemas de la vida, es cuando se prueba la solidez de cada individuo. (Mateo 7:24-27)
¿Sobre que fundamento estás edificando tu vida? Las crisis de la vida lo demostrará. Back to Top
Nuestro tiempo - ¿Cómo lo administramos? Cuántas veces ha escuchado este tipo de quejas: "Se me hizo corto el tiempo, no me alcanzó para nada", "Hoy debía terminar este trabajo, y casi ni he empezado", "El tiempo es nuestro ?gran' enemigo.". Más que la pérdida de tiempo, se vislumbra una irrespetuosa falta de organización personal.
A menudo reclamamos que la falta de organización en alguna actividad a la que asistimos, es una falta de respeto hacia el público, y estamos en lo cierto. Pero se ha puesto a pensar en cuántas veces nosotros mismos nos faltamos el respeto, cuando no organizamos nuestro tiempo y nuestra vida? Lo peor es que este defecto no solo nos afecta a nosotros, sino también a todos los que nos rodean.
El tema de la desorganización es algo que nos preocupa a quienes somos responsables. No es muy agradable que nos digan: "Eres un desordenado", "no sabes hacer las cosas". Tampoco nos gusta hacer las cosas presionados y a toda prisa, como si el tiempo fuera nuestro peor enemigo. Esa no es la razón de la existencia del tiempo.
Aquí, vamos a descubrir algunos síntomas de desorganización en nuestras vidas, y consideraremos ciertas alternativas para evitarla.
Sinceros con nosotros mismos
Para descubrir sin somos realmente desorganizados o no, necesitamos ser sinceros con nosotros mismos. Debemos tomar en cuenta algunos rasgos que caracterizan a una vida desorganizada. Puede parecer que estas "pequeñeces" son un tanto ridículas y hasta sin importancia, pero casi siempre forman parte de algo más amplio. Recuerdo un dicho: "Las grandes playas, están formadas por pequeños granos de arena", por ello no debemos considerar como sin importancia los detalles de nuestra vida, especialmente aquellos que pueden indicarnos que el tiempo se nos va de las manos por nuestra desorganización.
Da un vistazo a tu mesa de trabajo, puede ser tu escritorio, tu mesón en el taller, o el armario donde guardas tus herramientas. Ese mueble será tu mejor medidor, pues cuando estas cayendo en la desorganización, ese mueble toma un aspecto de confusión, así como todas las mesas o el resto de espacios horizontales que se encuentran en tu recorrido diario. Se llenan de papeles, notas sin contestar, libros y revistas que debieran estar en otro lugar. A veces las herramientas están sobre la
mesa unas sobre otras, los lápices estas por todas partes, en fin. Una visible muestra de desorganización.
Otros síntomas, son la cantidad de citas olvidadas, los recados telefónicos que no se han contestado, las cartas de amigos o instituciones que aun esperan respuesta y los límites o plazos que se ha empezado a pasar por alto. Los días se van llenando de compromisos rotos y de pretextos muy pobres.
Cuando somos desorganizados no nos sentimos satisfechos del trabajo realizado. Y a menudo nos encontramos haciendo cosas insignificantes que aburren, solo para decir que hemos hecho algo. Y es muy difícil aceptar los elogios, la felicitación de los otros, porque en lo profundo de nuestro corazón sabemos que hemos presentado un trabajo de segunda categoría.
Un estado de desorganización se nota en la forma en que llevamos nuestras relaciones personales. Pasará días sin tener una conversación realmente importante con nuestros hijos o con nuestros padres, según sea el caso. Si estamos de novios o ya somos casados, quizás estemos en contacto con nuestra pareja, pero nuestras conversaciones son superficiales, no hay nada profundo que nos ayude a conocernos mejor. Y es fácil enojarse con él o ella cuando intentan hacernos notar las cosas que hemos dejado de hacer.
Lo que es mas grave, es que los cristianos desorganizados, pocas veces disfrutan de intimidad con Dios. Claro, tienen intenciones de buscar esa comunión, pero no
pueden lograrlo totalmente. No necesitamos decirles que deben separar un tiempo para el estudio bíblico, la reflexión, para adorar e interceder. Lo saben muy bien, simplemente no lo hacen. Se excusan diciendo que no tienen tiempo suficiente. Pero en su mundo interior, saben que se trata de un asunto de organización más que ninguna otra cosa.
El hecho es que cuando estamos desorganizados en nuestro control del tiempo, no nos gustamos a nosotros mismos, ni nos agrada nuestro trabajo, ni otras cosas en nuestro propio mundo. Y puede convertirse en una costumbre que hará difícil romper este desorden. Es urgente hacer algo, antes que nuestro mundo interior caiga, tanto como el exterior, rápidamente en la desorganización total. Debemos decidir a tomar pronto el control de nuestro tiempo.
Presupuestando el tiempo
La mayoría de nosotros hemos tenido que aprender a presupuestar o administrar nuestro dinero ¿verdad? Muchas veces a costa de golpes fuertes, especialmente cuando descubrimos que el dinero que obteníamos como sueldo o resultado de un negocio, no nos alcanzaba para hacer todo aquello que queríamos. Entonces decidimos que era mejor sentarnos y examinar bien nuestras prioridades, y hacer un presupuesto de nuestros gastos. Eso es lo mismo que debemos hacer con nuestro tiempo. ¡Sí! debemos presupuestarlo.
En el caso del dinero, sabemos que es limitado y por ello lo administramos de la mejor manera. Esto debiera suceder con nuestro tiempo, porque también es limitado. Y hay alguien que lo hizo así, y nos sirve de ejemplo, alguien que nunca se quejó de estar perdiendo el tiempo, alguien que nunca malgastó ni un momento de su vida. Ese es Jesucristo, el Señor del Tiempo.
Cuando analizamos la Biblia, descubrimos a los cuatro evangelistas que nos presentan a un Jesús que estaba bajo constantes presiones. Presionado por amigos y presionado por enemigos. Era terrible un ambiente así, cada palabra suya era examinada, cada una de sus acciones analizada, cada gesto suyo era comentado. Parece que Jesús casi no tenía una vida privada.
Estudiando la vida de Cristo nunca vamos a ver que haya ido de prisa, o haya tratado de ponerse al día con el trabajo atrasado, o que los acontecimientos le hayan tomado por sorpresa, como muchas veces nos pasa a nosotros. Cristo no sólo era experto en manejar su vida pública sin una secretaria que le llevara la agenda, sino que lograba tener suficiente tiempo a solas para dedicarlas a la oración y la meditación, como también para estar con sus doce discípulos para adiestrarlos. Jesús podía hacer todo eso porque tenía control de su tiempo.
Probablemente nos consolamos diciendo: "Es que Él era Dios, y podía controlar todo, mientras que yo soy humano". Recordemos que Dios se hizo hombre en la persona de Jesús, y se sometió a las condiciones y limitaciones de un ser humano, común y corriente. Así que no estamos hablando de alguien con más ventajas que cualquiera de nosotros pudiese tener. Pero una cosa es cierta, cuando reconocemos que por nosotros mismos no podemos controlar ni siquiera nuestro tiempo, Él está dispuesto a ayudarnos para hacerlo bien.
Hombres y mujeres que se dejaron guiar por Él e imitaron su ejemplo llegaron a ser buenos administradores, no solamente en sus funciones públicas, mejor aún, en su relación con Dios. Sabiduría es lo que pidió el rey Salomón y le fue concedido, eso le permitió realizar grandes cosas a favor de Israel. Una oración de Moisés, registrada en el libro de los Salmos, no da la pauta de una petición transformadora: "Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. Salmo 90:12.
La buena administración está asociada a la sabiduría. Sabiduría es conocer a Dios y aceptar su guía. En definitiva, Cristo es la sabiduría que necesitamos. El Señor del tiempo, el Dios del Universo, quiere hoy ser el Señor de nuestra vida, si se lo permitimos.
Este es un tiempo muy oportuno para tomar una decisión. 2 Corintios 6:2 dice: "He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación". Con Jesucristo en el corazón, no hay duda que nuestra vida, nuestro tiempo y nuestra organización personal están en buenas manos. Back to Top
Viva la vida - 10 principios bíblicos Jesús pasó tres años con los discípulos adiestrándolos y preparándolos para hacer el trabajo que Dios había estipulado para ellos. Ésta fue la oportunidad personal de ellos, en habitar por una temporada, en la escuela de Dios. Fue durante este tiempo en el que aprendieron del amor personal de Dios y su compromiso con ellos y el mundo entero. También tuvieron la oportunidad de encontrarse con el hecho de que Satanás era una fuerza real y viable, y que no pararía frente a nada con tal de desanimarlos y vencerlos. Jesús los adiestró no solamente en cómo vivir victoriosamente como creyentes, sino que también los preparó para el día en que no llamarían más a esta tierra, su hogar.
Los principios de la Palabra de Dios llevan consigo un tremendo potencial para el crecimiento espiritual y emocional. Por supuesto, que el beneficio más grande que conseguimos al cumplir con cualquiera de los principios de Dios, es una relación más profunda y mucho más provechosa con el Señor Jesucristo.
El crecimiento espiritual requiere tanto compromiso como sacrificio. Sabemos que Jesucristo hizo el compromiso y sacrificio máximo cuando escogió llegar a ser nuestro Salvador y Señor. Dios ha colocado una puerta de oportunidad delante de usted, que ningún hombre puede cerrar (Apocalipsis 3:8). Su promesa personal para usted es que Él se revelará a todo aquel que le busque (Mateo 7:7).
Los siguientes principios son algunos que personalmente he encontrado gratificantes y beneficiosos en mi propio caminar con el Señor. En cuanto los lea, pídale a Dios que le muestre los que Él tiene que trabajar en usted.
1. Obedezca a Dios
Obedecer no siempre es fácil. La tentación de dejarse llevar por la presión de compromiso de quienes le rodean, es muy real. El compromiso con los demás y la falta de convicción le conducirán a una fe vacilante. Por lo tanto, cuando Dios le muestre lo que Él quiere que usted haga en cierta situación, hágalo basándose en la Palabra que Dios le ha dado. Pueda que usted no entienda el cómo o el por qué de lo que le pidió hacer, pero recuerde que Dios conoce todo. Su obediencia es crucial y será premiada.
Cuando nosotros obedecemos a Dios, ponemos nuestra fe a trabajar en la habilidad de Dios para hacer lo que Él ha prometido. Esencialmente le estamos diciendo, "Señor, obedezco porque sé que así te honro y glorifico". Obedecer no significa que escapará del sufrimiento. Muchas veces, de hecho, podría llevarlo a enfrentar la dificultad y la presión de quienes lo rodean. Sin embargo, Dios toma en cuenta su obediencia y, Él bendecirá y honrará todo lo que usted haga.
2. Confíe en Dios
Nada puede cambiar la fidelidad de Dios para usted. Usted puede confiar en Él, sin importar cuales son sus circunstancias. La fe de los discípulos fue rigurosamente probada una noche durante una impetuosa tormenta en el mar de Galilea. La intensidad del viento y de las olas era arrolladora. Antes de saber lo que estaba sucediendo, el temor había paralizado sus corazones aún cuando Jesús, el Hijo de Dios, dormía en la proa de la embarcación.
Cuando los gritos frenéticos de los ocupantes lo despertaron, inmediatamente ordenó a las olas y al viento que se calmasen. Entonces, se dirigió a sus discípulos quienes reaccionaron impulsados por las emociones, y preguntó, "¿Dónde está vuestra fe?" (Lucas 8:24). No importa qué tipo de tormenta enfrente, Dios está ahí dentro con usted. Él está en su barca, y usted puede confiar en que apaciguará y cuidará de sus necesidades más grandes.
3. Espere en Dios
El Salmo 27:14 dice: "Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová". La mayoría de los siervos más grandes de Dios han aprendido a esperar en el tiempo de Dios. Cuando pensamos en el hecho de la espera, a menudo, nos imaginamos que debemos dejar en pausa aquello que deseamos inmediatamente. Pablo quería llevar el evangelio hacia Macedonia, pero el Espíritu Santo no permitió su entrada en esa región (Hechos 16:9-10). Nunca se nos ha dicho la razón por la cual Dios detuvo a Pablo. Sin embargo, sabemos que años más tarde, Pablo pudo predicar en algunos lugares de esa región y vio a muchos llegar a Cristo.
Dios sabe exactamente dónde y cuándo necesita que usted haga la obra para la cual ha sido llamado. Él sabe cuándo es el momento preciso para que usted se mueva al área a la que ha sido asignada.
Adelantarnos solamente nos conducirá a la frustración y el temor. Una de las maneras en las que nos adelantamos a Dios es apurándonos en llenar nuestras necesidades por cuenta propia. Aprenda a ser paciente y espere el tiempo de Dios. La bondad de Dios merece el tiempo adicional que Él podría exigir de usted. Cuando corre para adelantársele a Dios, se pierde todos los retos y bendiciones que Él coloca a lo largo de su camino. Usted puede esperar y ser bendecido o adelantarse y arriesgarse a ser decepcionado.
Si siente que se ha adelantado a Dios, vaya inmediatamente a Él en oración. Confiese su falta de confianza. Pídale que le perdone y que le anime a seguir la senda que usted debe caminar.
4. Dé para la obra de Dios
El dar es un indicativo del nivel de nuestra fe. Nosotros damos para la obra de Dios, como Él nos ha ordenado. No para ganar puntos con Dios, sino porque podemos participar en los asuntos de su Reino. Ofrendar es un símbolo de confianza. Al dar profesamos nuestra fe en la habilidad que tiene Dios para proveernos para todas nuestras necesidades.
Dar, además, abre una puerta hacia la libertad. El "amor al dinero" nos deja ciegos. Dios nunca quiso que los recursos financieros tomarán el lugar de posiciones extremas de poder en nuestra vida. El bienestar es un recurso que, en última instancia, le pertenece a Dios. No importa cuánto usted tenga, Dios tiene el poder de tomarlo todo.
El dinero puede ser una gran bendición o puede ser también una carga pesada. La manera en la que usted usa sus recursos financieros es un indicativo de su fe y confianza en Dios. ¿Ofrenda usted generosamente o, se agarra del temor de que Dios no le suplirá más?
Dios provee no para que usted pueda almacenar bienes materiales, sino para que usted pueda dar a otros. Pídale a Dios que le guíe en esta área. Permita que la cantidad que usted dé, sea el resultado de la dirección que Dios quiere que usted siga.
5. Usted no puede vivir la vida cristiana a su manera
Muchos han terminado exhaustos, tanto física como emocionalmente, al tratar de vivir a su manera y apartados de Dios. Creen que de alguna forma lo conseguirán sin Dios. Dinero, fama, poder, posición -nada de esto puede traernos el contentamiento que anhelamos. Cuando somete su vida a Jesucristo, renuncia al derecho a su propia identidad. Pero no pierde nada. En cambio, gana inmensamente. Dios le ha creado a usted único- no puede ser duplicado- y Él bendecirá su actitud de obediencia.
Amy Charmichael escribió: "Nosotros seguimos a un Salvador desnudo y crucificado. Esas palabras tocan lo más profundo. Tocan cada situación, tanto la vida superficial como la íntima; las motivaciones, propósitos, decisiones, todo. Déjelas permanecer con usted a medida que se prepara para la nueva vida. De seguro que habrá pruebas, pruebas inesperadas, así como mucho regocijo inesperado. Pero si sigue a un Salvador desnudo y crucificado, y por el poder de la resurrección busca entrar en la intimidad de los padecimientos de Cristo, usted irá en paz y será una de las personas bendecidas que esparcen paz a su alrededor".
6. Acepte que Dios lo ama incondicionalmente
Muchos llevan un peso enorme de culpabilidad. Están atrapados por el pecado o el sentimiento de culpa como si hubiese hecho algo que Dios no puede perdonar. Esto simplemente no es verdad. Dios le ha amado a usted desde el primer momento de la existencia. El hecho es, que Él siempre le ha amado. No hay nada que usted pueda hacer para borrar el amor de Dios por usted. El pecado y la muerte no pudieron detener el amor de Cristo. Él murió y resucitó de tal manera que usted pudiera tener perdón eterno. A pesar de que el pecado va en detrimento de su intimidad con el Señor, usted no puede detener el amor que siente Dios por usted.
Nada de lo que usted pueda hacer puede cambiar el amor de Dios hacia usted. El pecado trae sus consecuencias, pero Dios lo ama, incluso cuando usted ha caído.
Es el amor de Dios el que cambia vidas, hace que los pecadores vuelvan a Él. Esto es lo que la muerte de Cristo en el Calvario hizo por usted; abrió una puerta eterna de esperanza y perdón. Por lo tanto, no importa qué es lo que usted haya hecho, puede saber esto: sus pecados han sido perdonados. Jesús así lo hizo. Si usted no lo ha aceptado antes como su Salvador, entonces el amoroso perdón que le corresponde, no ha sido parte de su vida. Ahora mismo dígale que usted está arrepentido por todo lo que ha hecho. Pídale que le perdone y entonces acéptelo como su Salvador. Él espera recogerlo en sus brazos.
7. Dios está en control
Dios sostiene el mundo, todas las naciones, bajo su control. El salmista escribió: "Jehová reina; se vistió de magnificencia; Jehová se vistió, se ciñó de poder... más poderoso que el estruendo de las muchas aguas, más que las recias ondas del mar" (Salmo 93:4). Nos dice en Isaías 54:17, "Ninguna arma forjada contra ti prosperará". Usted puede dejar que se vayan sus temores y ansiedades. Jesús nunca le ha fallado y jamás lo hará. Puede descansar en el hecho de que cualquier situación que le concierne a usted, le concierne a Dios. No sucede nada sin que Él sepa todo lo que se tiene que saber.
8. Dependa completamente del Espíritu Santo
Cuando estamos asustados, Dios está con nosotros. David escribió: "El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente... Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. No temerás al terror nocturno, ni saeta que vuele de día... No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos" (Salmo 91:1-5, 10-11).
Como creyente, el Espíritu de Dios mora dentro de usted -tal como Jesús prometió a sus discípulos que enviaría a un Consolador, a un Paracleto, que vendría para estar junto a ellos. El Espíritu Santo es la evidencia que usted tiene de que la promesa de Dios ha sido cumplida. Su trabajo es guiarnos hacia la verdad y el entendimiento. Él lo encamina a Cristo a través de la Palabra de Dios.
9. Medite sobre los requisitos de Dios como prioridad
Cuando hablamos sobre meditación, estamos refiriéndonos a la oración y al estudio de la Palabra de Dios. Es en la quietud, cuando estamos solos con Él, escuchando su voz y buscando su voluntad, que descubrimos su preocupación íntima por nosotros.
Los momentos de meditación nos proveen una oportunidad para alabar a Dios. Él nos ama y quiere que le conozcamos cada vez mejor. Es únicamente a través de la intimidad con Él que podemos entender las cosas profundas de Dios. Honre, alabe, adore a Dios.
10. La Palabra de Dios transformará su vida
El evangelio de Jesucristo tiene el poder de penetrar hasta el más endurecido corazón, más allá de la cultura, credo o pecados pasados. Transformará la vida de una persona y cambiará su destino eterno.
También nos ayuda a ver la vida como Dios la ve. La Palabra de Dios es lámpara para sus pies. (Salmo 119:105). No importa la situación que usted esté enfrentando, puede encontrar sentido y guía en la Palabra de Dios. Back to Top
Cosas dudosas - Cómo decidir ante ellos ¿Debo hacerlo? Esta es una de las preguntas que más viene a nuestra mente en el transcurso de la vida. Vivimos en días en que el mundo nos ofrece muchas opciones, y nos encontramos en situaciones en que tenemos que detenernos para meditar y contestar esa interrogante. Podemos darle gracias a Dios de que la Biblia es muy clara en su condenación de ciertas prácticas. El decálogo es una serie de prohibiciones contra todo lo que se le opone al carácter de Dios. Muchas veces quisiéramos tener mandatos tan directos acerca de las llamadas cosas dudosas. Por supuesto, estas prácticas no existían en tiempos bíblicos y, por ello, no había por qué condenarlas o aprobarlas. Infortunadamente, vivimos en una cultura en que muchas cosas indiferentes nos rodean.
En cuanto a los asuntos indiferentes, Dios en su sabiduría dejó asentados en su Palabra principios que son aplicables en cualquier tiempo y cultura. El apóstol Pablo, bajo inspiración del Espíritu Santo, es el autor que expone esas normas conductuales. Dedica capítulos enteros a este tema y para tener un estudio completo habría que investigar a fondo los siguiente pasajes: Romanos 14:1-15:7; 1 Corintios 8 y 10:23-11:1. En estos capítulos, podemos encontrar casi la totalidad de la enseñanza bíblica sobre las cosas dudosas. Sin embargo, en este artículo sólo analizaremos la instrucción de tres textos tocante a este tema: 1 Corintios 6:12; 10:23; Gálatas 5:13.
En esos versículos hallamos un resumen de los principios que podemos aplicar al tomar una decisión acerca de cualquier cosa en donde la Biblia no da instrucción explícita. Consideraremos tres principios básicos: (1) En Cristo, somos completamente libres, (2) voluntariamente hemos de limitarnos en el uso de nuestra libertad, y (3) Dios nos capacita para utilizar bien nuestra libertad. El primer principio nos da la regla general: Somos libres. El segundo es una advertencia: Limítese. El tercero proporciona la confianza que tenemos de escoger bien en cada situación: Dios nos ha capacitado para elegir bien.
1. En Cristo, somos completamente libres
Veamos nuestro primer principio: Somos libres. En los textos que estudiamos, este es el principio que más se destaca. En 1 Corintios 6:12 y 10:23, cuatro veces encontramos la frase "Todas las cosas me son lícitas" (en el original, esta frase es igual en los cuatro lugares). Parece que Pablo quiere recalcar este mensaje. Hace hincapié en que somos libres. Por supuesto, esa libertad no incluye el participar de cosas explícitamente condenadas por la palabra de Dios. Fuera de eso, nuestra libertad es completa. La frase "son lícitas" es traducción de la palabra griega exestin y es término que estrechamente se relaciona con la ley. Referente a las cosas indiferentes, no hay ley que impida mi libertad. Todas las cosas me son permitidas. Todo me es legal. Soy el 100% libre.
Al pasar a Gálatas 5:13, descubrimos la misma verdad, somos libres. Pablo afirma, "a libertad fuisteis llamados". Nos llamó a fin de que viviéramos disfrutando la libertad que tenemos en él. También el versículo 1 recalca la verdad de la libertad. Nuestra posición en Cristo es la del hombre (mujer) libre. Nada ni nadie nos puede privar de esta libertad. Es nuestra posesión en Cristo.
2. Voluntariamente hemos de limitarnos en el uso de nuestra libertad
Sí, la verdad muy clara de la palabra de Dios es que en Cristo somos completamente libres y que debemos vivir nuestras vidas de acuerdo con la posición que tenemos en Él, la libertad. Mis alumnos saben que una de mis palabras favoritas es "pero", y aquí hay otra ocasión en que es importantísima. Somos libres, PERO eso no nos da licencia para hacer todo nuestro antojo. ¡De ninguna manera! Entonces, ¿qué es que limita mi libertad? Poseyendo libertad para hacerlo todo, ¿qué me impide hacer ciertas cosas? Aquí entra en juego nuestro segundo principio: Voluntariamente hemos de limitarnos en el uso de nuestra libertad. Nadie me obliga a negarme ciertas prácticas, pero yo sí me privo de ellas.
Tomando en cuenta todos los factores, llego a la conclusión de que debo abstenerme de algunas cosas indiferentes. Entonces viene la pregunta, siendo libre, ¿cómo sabré de cuáles cosas debo negarme?
Nuestros textos nos proporcionan cinco normas que podemos seguir al analizar toda situación. En esencia, enseñan que hemos de tomar en cuenta nuestro propio bienestar y el de los demás. Si hay algo que me perjudica a mí o a mi hermano(a), por un acto de mi voluntad, yo decidiré no practicarlo aunque estoy en libertad para hacerlo. Veamos las primeras tres normas que enfocan lo personal y lo global.
"No todas convienen"
En 1 Corintios 6:12 y 10:23 se repite la frase "no todas convienen". Hay muchas cosas que en sí no son malas, pero que no son convenientes. A veces es a mí que no convienen, a veces a mi prójimo. "Convienen" es traducción del vocablo griego symfero que también podría verterse ser útil, ventajoso o provechoso. Parece que el enfoque principal de estos textos es en uno mismo. Symfero es verbo compuesto de dos palabras griegas, syn = con y fero = cargar, y literalmente significa "cargar juntamente con". La cosa inconveniente es la que no puedo cargar juntamente con mi hermano(a).
La misma palabra se utiliza en 1 Corintios 12:7 donde encontramos que los dones espirituales fueron dados "para provecho" de todo el cuerpo. Debemos privarnos de lo que no es útil, lo que no causa provecho. Para poder decidir cuáles cosas son de provecho y cuáles no lo son, se requiere de mucho discernimiento. ¡Qué tengamos "los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal"! ¡Qué sepamos "aprobar lo mejor"!
"No todas edifican"
En 1 Corintios 10:23 hallamos otra norma que atañe a mí y a mi hermano(a), "no todas edifican". Aquí el apóstol enfoca el propósito que debemos tener en mente al tratar las cosas dudosas. Todo lo que hacemos debe contribuir en algo a la edificación. Si alguna cosa propicia mi destrucción, no voy a participar de ella. En la vida, mi propósito es constantemente edificarme hasta llegar a la madurez. Si algo no contribuye a ese proceso, debo abstenerme de ello. En esta norma, el aspecto global o corporativo es más fuerte. Algunos comentaristas limitan la edificación a los otros(as). Según el versículo 24, nuestra preocupación principal debe ser el bien del otro(a) y no el nuestro. Sólo haré lo que edifique a mi persona y a mi hermano(a).
"Servíos por amor los unos a los otros"
La expresión más clara de la tercera norma se encuentra en Gálatas 5:13, "servíos por amor los unos a los otros". Llegamos a nuestra libertad máxima cuando nos hacemos esclavos de los demás. Esto sólo puede suceder cuando somos impulsados por el amor genuino. Es por medio del amor que nos esclavizamos los unos a los otros. El llamado aquí es a que estemos enteramente entregados a los demás.
Ahora pasaremos a ver dos normas que tienen que ver exclusivamente con el creyente como individuo. Aquí vemos dos peligros que acarreamos si sin discernimiento usamos nuestra libertad.
"No me dejaré dominar de ninguna"
Parece que Pablo reconoce su propia debilidad cuando en 1 Corintios 6:12 dice, "no me dejaré dominar de ninguna". Él sabe que las cosas dudosas tienden a convertirse en vicios que esclavizan. Las cosas indiferentes son muy atractivas y el creyente débil fácilmente se deja dominar por ellas. Esta es una anomalía. El que es libre se vuelve esclavo. Sacrifica su libertad al aprovecharse de ella. Para remachar su idea, el apóstol se vale de un juego de palabras. Hovey traduce y comenta en la siguiente forma: "Todas las cosas están en mi poder, éjestin, pero yo no seré metido en poder de ellas por ninguna, ejusiodzo.
La lección es clara: que uno no tiene que usar su libertad de tal manera que venga a ser esclavo de la misma cosa en la cual alega tener libertad". ¡Cuidado hermanos(as)! Al abusar de nuestra libertad, podemos convertirnos en esclavos de alguna cosa, y eso sería una tragedia.
"No uséis la libertad como ocasión para la carne"
Es muy fácil aprovecharse de la libertad para satisfacer los deseos del yo. Este egoísmo no tiene cabida en la vida del creyente que en todo quiere agradar a Dios. El vocablo "ocasión" es término militar y se refiere a una base de operaciones, un lugar desde donde se lanzan los ataques. En otro lugar Pablo manda, "ni deis lugar al diablo". Éste es muy listo, y cuando abusamos de nuestra libertad aprovecha la oportunidad para lanzar un ataque de su base de operaciones, la carne. Recuerde que, "el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil". ¡Qué su libertad no se vuelva base de operaciones del diablo!
3. Dios nos capacita para ocupar bien nuestra libertad
Hemos analizado cinco normas que nos pueden guiar en tomar una determinación correcta al enfrentarnos con las cosas dudosas. Son fáciles de declarar pero difíciles de aplicar. ¿Ha hecho Dios alguna provisión para que siempre acertemos al tomar esas decisiones? Nuestro tercer principio dice que sí: Dios nos capacita para ocupar bien nuestra libertad. Él nos capacita por el Espíritu Santo que mora en nosotros. En 1 Corintios 6:11 y 19, tenemos referencias a la obra del Espíritu en nosotros. Sólo cuando tomamos en cuenta su obra en nosotros (v. 11) y nuestra posición en él (v. 19) podremos juzgar bien las situaciones y valernos de la libertad que poseemos en Cristo.
El contexto posterior a Gálatas 5:13 es aun más claro en hacer hincapié en la obra del Espíritu. El versículo 16 dice, "andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne". Este es el remedio perfecto para el peligro expresado en el versículo 13, "no uséis la libertad como ocasión para la carne". El versículo 18 nos da más seguridad, "pero si sois guiados por el Espíritu no estáis bajo la ley". Él se encarga de guiarnos en relación con las cosas indiferentes. Nuestra responsabilidad es asegurarnos de que estamos andando en él y permitiendo que nos guíe. ¿Quiere siempre escoger bien? Deje que el Espíritu Santo lo controle y no fallará. Back to Top
Somos o no Somos- Un pueblo santo para Él escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos
que están sobre la tierra"
(Deuteronomio 7:6)
En más de alguna oportunidad hemos escuchado la siguiente declaración: "los santos sólo están en el cielo". Sin embargo, el que hace aquí las declaraciones es el Señor, por su siervo quien escribe bajo la inspiración del espíritu diciendo: Tú eres pueblo santo.
Hermanos amados, cuánto hay en nosotros, en la casa del Señor, aquello de consagrarnos a Él ¿tenemos la suficiente claridad de cuál es ahora nuestra identidad?. Entendemos el valor de ese llamamiento santo del cual todos debemos participar. Porque no es cualquier llamado, sino es uno auténtico, divino y glorioso.
Hebreos en el capítulo 3:1 nos dice: "Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial...". Consideremos que nos dice hermanos, no primos, ni visita... sino hermanos. Y sigue, hermanos santos. Esta palabra en primer lugar, nos compromete, no para con nosotros mismos, no para con la iglesia, sino lo primero de todo para con Dios.
Tomando la escritura en el libro de Deuteronomio 7:6, el Señor nos dice que somos un pueblo santo, para quién, para Jehová tu Dios. Ante esta declaración, nos preguntamos ¿para qué? La respuesta viene en el mismo versículo: "Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra". Ser un pueblo santo para nuestro Señor, tiene una característica única, peculiar como que no hay otro pueblo sobre la faz de la tierra que se le iguale, porque es santo.
Como esta escrito en la carta a los Efesios, en el capítulo 2:1 leemos: "Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados". Todos nosotros, sin excepción alguna, estábamos muertos para con Dios. Pero su amor y misericordia para con nosotros se manifestaron por medio de nuestro Señor Jesucristo, como dice en el mismo capítulo versículo 4: "Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)". Así que, esté en nosotros en todo momento una acción de gracias y alabanzas al Señor. Grande es su amor, amén.
Nuestra identidad como pueblo
Sabiendo entonces, que hemos sido rescatados, salvos, redimidos, estábamos lejos más ahora cerca por la sangre de Cristo ¿Cómo vivimos? ¿Cuál es nuestra identidad como pueblo? ¿Somos o no somos, en cuanto a ese llamamiento celestial, a ser un pueblo santo, especial para Dios nuestro Padre?
Amados hermanos, según lo compartido, podamos meditar que Dios nos escogió para serle un pueblo especial, y esto no porque seamos los más fuertes, los más dignos, los más respetados, sino porque nos amó. ¡Aleluya!. Como dice en el evangelio de Juan 3:16: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". Nos confirma lo anterior Deuteronomio 7:7, "No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos". Cuán grande es el amor de Dios, amor que merece ser reconocido por todos. Como Israel, fue llamado a ser el pueblo de Dios, hoy ese llamado es también a nosotros.
Que todos juntos, sepamos reconocer que sólo en Cristo encontramos todo aquello que no estaba en nuestro viejo hombre, para que no nos jactemos. Porque éramos insignificantes. En 1ª Corintios 1:26-30 leemos: "Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención"
Como casa del Señor y pueblo suyo, podamos meditar en esto, que no hemos sido llamados por nuestra condición, sino por que él nos amo, nos escogió para que seamos un pueblo especial. Amados hermanos, ser un pueblo santo para el Señor, ser escogidos por Él, nos lleva a que seamos Hijos de Dios. Usted cuando va a una tienda no escoge cualquier cosa ¿cierto?, escogerá algo lindo, bueno, algo "ya" terminado listo para servir, para usar. En cambio, no fue así con nosotros, como leímos éramos insignificantes, rechazados, no teníamos nada, y así nos escogió Dios con el fin de comenzar a formarnos y así llegar a ser para Él un pueblo especial. Siendo insignificantes, viene a manifestarse en nosotros toda la grandeza del amor del Señor. Él nos formará para que seamos un pueblo especial, un pueblo santo, único. sólo para él.
Si nos reconocemos que éramos así, y lo que ahora somos en Cristo es por su gran amor y misericordia, podamos entonces decir AMÉN al llamamiento que él nos hace. Como dice en Deuteronomio 7:8 -9: "Sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto. Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones".
Si él nos dice que somos pueblo santo, es por que él es Santo. En 1ª Pedro 1:13-16 leemos: "Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo". Nosotros lo somos por adopción, más él lo es por naturaleza.
Nuestra identidad ahora, es como dice 1ª Pedro 2:9-10: "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo; pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia". Somos llamados al sacerdocio de Cristo, a apartarnos, consagrarnos y ofrendarnos para él. Seamos un pueblo maduro, Hijos maduros, porque así seremos un pueblo que bendice a otro.
Como casa del Señor y sacerdocio santo para él, vamos adelante en este llamamiento celestial. Ser un pueblo santo para nuestro Señor. Que cada día, anhelemos conocerle más, buscarle en todo momento. Que si nos llamó, fue porque nos amó, para salvarnos.
Habiendo sido insignificantes, no teniendo nada, meditemos entonces y valoremos el llamado que nos hace. Que todo nuestro ser, sea cada día una ofrenda al Señor, consagrándonos a Él, porque somos su pueblo, escogido y amado. Amén.
"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinados para ser adoptados Hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el amado"
(Efesios 1: 3-6) Back to Top
El Rey reina - ¿Verdad ignorada? ¿Qué sucede últimamente con la autoridad de Cristo en nuestras iglesias?
Este tema es carga en mi corazón. Y mientras que clamo por esto, tengo el presentimiento de que también es la carga del Espíritu Santo.
Como conozco a mi corazón, sé que es sólo amor lo que me motiva a escribir esto. Lo que hago no es el resultado de discusiones fraternales, agitado por el contender con mis compañeros cristianos. No he sido maltratado ni atacado, ni he discutido con ninguno. Mis relaciones con mi iglesia, así como con cristianos de otras denominaciones han sido muy buenas, amigables y agradables. Mi pesar es simplemente el resultado de una condición, la cual creo, prevalece casi universalmente en todas las iglesias.
Reconozco también que estoy muy envuelto en la situación que deploro. Como Esdras, en su poderosa oración de intercesión, me incluyo y digo yo también: "Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro a ti, porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestra cabeza, y nuestros delitos han crecido hasta el cielo". Cualquier palabra dura que yo escriba aquí debe caer también sobre mi cabeza. Yo también he sido culpable. Esto estoy escribiéndolo en la esperanza de que todos nos volvamos al Señor, nuestro Dios, y no pequemos más en su contra.
Déjenme establecer la causa de mi pesar. Es esta: Jesucristo casi no tiene hoy autoridad en los grupos que se llaman así mismos por su nombre. Y no estoy haciendo referencia a los diferentes cultos cuasi cristianos, estoy hablando de las iglesias protestantes en general, incluyendo aquéllas que se proclaman fuertemente como descendientes espirituales de nuestro Señor y de sus apóstoles.
El tema de la autoridad de Cristo es una doctrina básica del Nuevo Testamento. Después de su resurrección, Jesús fue declarado por Dios Señor y Cristo; fue investido por el Padre de absoluto Señorío sobre la iglesia, la cual es su cuerpo. Toda autoridad es suya en los Cielos y en la Tierra. En el tiempo apropiado El la ejercerá a pleno, aunque durante este período en la historia permita que su autoridad sea desafiada o ignorada. Y justamente es ahora cuando está siendo desafiada por el mundo e ignorada por la iglesia.
EL REY REINA, PERO...
La posición actual de Cristo en las iglesias evangélicas puede ser comparada con la de un rey contemporáneo, con una monarquía constitucional parlamentaria como las que tienen varios países actualmente en que "el rey reina pero no gobierna" (España, Inglaterra, Suecia, Japón, etc.). El rey, a veces tan despersonalizado que hasta se lo llama "la Corona", es en tales países no más que un elemento tradicional de reunión, un símbolo agradable de unidad y lealtad como una bandera o un himno nacional. El es aclamado y sustentado, pero su verdadera autoridad es mínima. Nominalmente es la cabeza sobre todos, pero en cada crisis es otro el que toma las decisiones. En las ocasiones formales aparece con su atavío real para entregar el sumiso y descolorido discurso que ha sido puesto en sus labios por los verdaderos gobernantes del país. Todo esto no es más que apariencia, está arraigado desde la antigüedad, es divertido y nadie quiere terminar con ello.
En las iglesias evangélicas, Cristo, en la actualidad, no es más que un querido símbolo. "Aclamamos todos el poder del Nombre de Cristo", es el himno de las iglesias y la cruz nuestra bandera oficial, paro en los servicios semanales y en la conducta diaria es otro, no Cristo, quien toma las decisiones. En ocasiones especiales se permite que Cristo diga: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cansados", o "No se turbe vuestro corazón" pero cuando termina de hablar, otro personaje toma posesión.
Aquellos que están en autoridad deciden las normas morales de la iglesia, así como todos los objetivos y métodos para conseguirlos. Como resultado de una gran y meticulosa organización le es posible hoy a un joven pastor recién salido del seminario, tener más autoridad en la iglesia que Cristo.
Y el tema no pasa solamente en que Jesucristo tenga o no autoridad, sino que, además, su influencia es cada vez menor. Algunos paralelos válidos podrían ser las influencias de San Martín para el Cono Sur, Bolívar para el norte de Sudamérica o Washington en EE.UU. Los honestos y valerosos libertadores son todavía líderes para estos países y sus niños son educados con su historia y sus máximas, pero ¿qué del control real y la influencia en los destinos de la nación? En la actualidad, y ante los hechos políticos presentes, el recurrir a sus dichos o máximas no es más que una verdadera burla.
El señorío de Cristo no está completamente olvidado entre los cristianos pero ha sido relegado al himnario, donde toda responsabilidad hacia El ha sido tranquilamente eximida en un brillo de agradable emoción religiosa. O tal vez, si es enseñado en el aula como una teoría, raramente es aplicada a la vida práctica. La idea de que el Hombre Jesucristo tiene absoluta y terminante autoridad sobre la iglesia y sobre todos los miembros en detalle de sus vidas, simplemente no es aceptada como verdad en las filas y esferas de los cristianos evangélicos.
NUESTRO LABERINTO DIALECTICO
Para eludir el obedecer o rechazar la completa instrucción de nuestro Señor en el N.T., nos refugiamos en la interpretación liberal de las mismas. Casualmente, esto no es monopolio de la teología católica romana solamente. Nosotros, los evangélicos, también sabemos cómo eludir el punto agudo de la obediencia, mediante finas e intrincadas explicaciones. Estos no son otra cosa que "trajes a medida" para la carne. Excusan la desobediencia, animan a la carnalidad y hacen que la Palabra de Dios no tenga efecto la neutralizan. Y la esencia de todo esto es que simplemente Cristo no puede explicar lo que dijo. Sus enseñanzas son aceptadas teóricamente y sólo después de que han sido debilitadas por la interpretación.
El todavía es consultado por un creciente número de personas con "problemas" y buscado por aquellos que ansían la paz en sus mentes. El es sabiamente recomendado como una especie de siquiatra espiritual con poderes notables para enderezar a la gente, capaz de liberarlos de su complejo de culpa, y ayudarlos a eludir serios traumas síquicos mediante un suave y fácil ajuste a la sociedad ya sus propios intereses. Por supuesto, este Cristo no tiene relación con el Cristo del N.T. El verdadero Cristo es también Señor, pero este contemporáneo Cristo, siquiatra complaciente, es poco más que un sirviente de la gente.
A PALABRA Y EL TRABAJO PRACTICO
Pero supongo que debo ofrecer alguna prueba concreta para sostener mi acusación de que Cristo tiene poca o ninguna autoridad hoy, entre las iglesias. Bien, expondré algunas preguntas y permita que las respuestas sean la evidencia.
¿Con cuánta frecuencia encontramos un grupo de ancianos que consulta las palabras de nuestro Señor para decidir determinados problemas en discusión? Si usted ha tenido experiencia en una junta de iglesia, trate de recordar las veces que algún miembro de la junta leyó de las Escrituras para aclarar un punto, o cuando un pastor o presidente sugirió a los hermanos el buscar las instrucciones que el Señor tiene para ellos en una cuestión particular. Las reuniones de junta son habitualmente comenzadas con una oración formal o un "tiempo de oración"; después se lee un pasaje bíblico. A renglón seguido, la Cabeza de la Iglesia permanece respetuosamente en silencio mientras los verdaderos gobernantes se apoderan de la reunión. A cualquiera que niegue esto, que traiga evidencias para refutarlo. Por mi parte, estaría muy contento de escucharlo.
En muchísimos grupos de maestros o escuela dominical, los planes, normas, "operaciones" y nuevas técnicas metodológicas absorben todo su tiempo y atención. La oración antes de la reunión es para que la divina ayuda encauce sus planes y la idea de que el Señor debe tener algunas instrucciones para ellos, generalmente no entra en sus mentes.
¿Quién recuerda a algún presidente de Comisión de Conferencias que trajo su Biblia con el propósito de usarla activamente en la elección de temas? Minutos, órdenes del día, reglamentos, reglas de orden, todo eso sí. Los Sacros Mandamientos del Señor, no; sólo una mención tradicional al comienzo. Una absoluta dicotomía existe entre el período devocional y la reunión propiamente dicha. La primera parte no tiene relación con la segunda, sólo alguna mención esporádica para apoyar alguna idea propia.
¿Cómo resuelven sus negocios las juntas misioneras? Podrán orar toda la noche para que Dios conceda éxito a sus empresas, pero Cristo es deseado como su ayudador y no como su Señor. Los recursos humanos son planeados para alcanzar metas que se creen deben ser divinas. Estos luego caen en política y burocracia, y después de eso el Señor no tiene ni siquiera un voto.
LA REUNION Y EL ESTUDIO
En la conducción de nuestras reuniones de alabanza, ¿dónde se puede encontrar la autoridad de Cristo? La verdad es que hoy raramente el Señor controla el culto, y la influencia que El ejerce es mínima. Cantamos de El, y predicamos de El, pero no (debe interferir). Adorarnos a nuestra manera y esto debe ser correcto porque siempre lo hemos hecho así, como las otras iglesias de nuestra denominación.
¿Qué porcentaje de cristianos, al enfrentar un problema de moral, se dirige al Sermón del Monte o a otra escritura del N.T. para encontrar una respuesta con autoridad? ¿Quién permite que las palabras de Cristo sean las definitivas en cuanto al dar, al control de la natalidad, la educación de la familia, a hábitos personales, a diezmar, al entretenimiento, a la compra y venta, y otros temas tan importantes?
¿Qué escuela de teología puede continuar si quiere que Cristo sea Señor de cada plan de estudio? Deben haber algunas (¡y espero que las haya!) pero creo estar en lo cierto cuando digo que la mayoría de esas escuelas, para continuar, están forzadas a adoptar ciertos procedimientos que no tienen asidero bíblico y que ellos llaman enseñar.
Así tenemos esta extraña anomalía: la autoridad de Cristo es ignorada para mantener una escuela que enseña, entre otras cosas, la autoridad de Cristo.
RAZONES
Los causantes de la debilitación de la autoridad de nuestro Señor, son muchos, pero nombraré sólo dos.
Uno es el poder de las costumbres, antecedentes y tradiciones enraizadas en los viejos grupos religiosos. Semejante gravitación afecta cada área de la práctica religiosa en estos grupos, ejerciendo una firme y constante presión. Por supuesto, esa presión tiende a dirigirse hacia el conformismo del status quo. No Cristo, poro sí las costumbres, señorean esta situación. Las mismas cosas se han establecido en grupos tales como los tabernáculos llenos del evangelio, las iglesias de santidad, los pentecostales, las iglesias fundamentalistas y las muchas iglesias independientes y sin denominación que se encuentran por todo el continente.
La otra causa es la instauración del intelectualismo entre los evangélicos. Esta, si entiendo la situación correctamente, no es "sed de aprender" sino "sed de reputación" por lo aprendido. Y muchos buenos hombres están siendo colocados en la posición de colaboradores del enemigo. Lo explico.
Nuestra fe evangélica (la verdadera fe de Cristo y sus apóstoles, "una vez dada a los santos") está siendo atacada en estos días desde muy diferentes posiciones. En el mundo occidental, el enemigo ha renegado de la violencia corporal, física. No nos ataca ya con la espada y los palos sino con la sonrisa y trayendo regalos. Eleva sus ojos al cielo y jura que él también cree en la fe de nuestros padres, pero su real propósito es destruirla o por lo menos, modificarla de tal manera que ya no sea la sobrenatural y contracultural fe que fue. Viene en el nombre de la filosofía o sicología o antropología, y con suaves razonamientos nos impele a que pensemos nuestra histórica posición, que reconsideremos "sensatamente" para ser menos rígidos, más tolerantes, más públicamente conocidos.
Este mimetizado enemigo habla en la sacra jerga de los seminarios y muchos de nuestros eruditos corren a adularlo. El arroja licencias académicas a los trepadores "hijos de profeta", como el rico acostumbraba a arrojar migajas a Lázaro. Muchos evangélicos, quienes con alguna justificación han sido acusados de falta de una verdadera erudición, ahora intentan asir tales símbolos que dan status. Cuando llegan ya casi no creen. Su fe ha cambiado tanto que el glorioso e inicial evangelio en que creían ahora es una maraña de ideas. Caminan contemplativos con una escéptica incredulidad, con un "por poco me persuades" en su actitud general.
Para el verdadero cristiano, la única y suprema prueba para el mérito de cada cosa religiosa deberá ser ¿qué lugar ocupa nuestro Señor en ella? ¿Es El el Señor o un mero sagrado y venerado símbolo? ¿Está El a cargo del proyecto o es simplemente uno más en la tripulación? ¿Decide sobre las cosas o sólo ayuda a encauzar los planes de otros? Toda actividad religiosa, desde la simple obra de un cristiano hasta las costosas y poderosas empresas de toda una denominación, debe ser probada por la respuesta a la pregunta: ¿Es Cristo el Señor de esta obra?
Que nuestras obras prueben ser madera, heno u hojarasca, u oro y plata y piedras preciosas en aquel gran día, dependerá de que demos una correcta respuesta a estas preguntas.
¿Qué haremos, entonces? Cada uno debe decidir y hay, por lo menos, tres opciones: Una es levantarse indignado y acusarme por este artículo. Otra es asentir con lo que está escrito, pero considerar que, de hecho, hay excepciones y que usted está entre ellas. La última es ir en sumisa humildad y confesar que hemos entristecido al Espíritu y deshonrado a nuestro Señor.
Tanto la primera como la segunda, confirmarán el error. La tercera, si es aplicada hasta su final, podrá cambiar el curso. La decisión descansa en nosotros. Back to Top
Permaneced en Él - No te rindas Los tiempos no podían ser peores para la iglesia. El desaliento, la desesperación y la depresión abatían hasta al creyente más fuerte. Su fe había sido edificada sobre fundamentos seguros y sólidos, pero ahora aquella convicción estaba siendo sacudida. Muchos creyentes estaban al punto de abandonar su fe a cambio de ser aceptados por la sociedad y ser populares. De hecho, varios ya lo estaban haciendo.
Ante esa situación, el gran amor de Dios se movió rápidamente para asegurar a sus hijos que Jesucristo era la única esperanza para la paz y el consuelo. Y se manifestó en Patmos. A través del Apocalipsis, la revelación de Jesucristo, Dios nos ruega que no nos rindamos. Y este tema maravilloso lo precisan urgentemente los cristianos de hoy día. En Apocalipsis 2 y 3 encontramos las cartas a las siete congregaciones de Asia Menor.
A pesar de que muchos pasan tiempo enfocando a las iglesias individualmente, hay una lección beneficiosa que puede ser encontrada al agruparlas. Miremos con detenimiento a cada una en especial y consideremos las formas en cómo el enemigo nos induce a renunciar, invitándonos a abandonar nuestra fe en Cristo Jesús. En estos capítulos descubrimos cuatro atractivos comunes que son usados para invitar a los creyentes a rendirse al enemigo.
Tribulación
Primero, el adversario trajo tensiones y presiones sobre ellos (2.9). La palabra tribulación fue usada en escritos clásicos. Con ella se describía al método de tortura mediante el cual se era aplastado hasta morir bajo una piedra enorme. Nuestros hermanos enfrentaron pruebas que pesaron tremendamente sobre ellos y que amenazaban con destruir su vida espiritual.
Pobreza
En segundo lugar, el enemigo los llevó a que enfocaran su atención en el materialismo (2.9). "La pobreza" se refiere a una falta extrema. Estos creyentes vivían en una ciudad opulenta. Sus amigos tenían de todo y seguramente habían disfrutado de la prosperidad anteriormente. Pero ahora, todo lo de valor material les había sido quitado porque creían en Jesucristo. Sus obras, casas y tesoros de mayor valor les habían sido usurpados; no tenían nada. Seguramente, el pensamiento de que las cosas volverían a ser "como en los buenos viejos tiempos" con sólo transigir un poco, les atormentaba. Ni qué pensar cuando un miembro de la familia o del mismo matrimonio estaba débil en la fe; cómo le habrá recordado al otro los "tiempos pasados".
Calumnias
En tercer lugar, el malo hizo que se cometieran abusos injustos con ellos (2.9). Fueron falsamente acusados y difamados. Tanto ellos como sus hijos debieron enfrentar terribles mentiras, burlas y hasta el ridículo. ¡Qué tentador debe haber sido para un Padre amoroso buscar algún alivio para que su hijo no tuviese que sufrir este tipo de abusos. Pero la única alternativa que le quedaba era la de entregarse al Mentiroso.
Desaliento
Cuarto, este cercaba la minoría de los fieles con la mayoría de los perversos infieles (2.13). Los creyentes parecían estar aislados. A dondequiera fueran o dondequiera se volvieran, veían hombres y mujeres sirviendo a Satanás. ¡Qué desanimados deben haber estado! ¡Cuántas veces les habrá pasado por la mente "¿Por qué continuar cuando todo el mundo está desobedeciendo?".
Vivir una ciudad tan llena de maldad, la que fuera conocida como el "Asiento de Satanás" era ya suficiente motivo para sucumbir.
Cuantos estos cuatro atractivos son usados efectivamente el enemigo, habrán algunos que querrán rendirse. Esta rendición no será instantánea; es un proceso lento. En los capítulos 2 y 3, este proceso se lo describe en tres pasos.
El amor a Dios comienza a desgastarse (2.4; 3.1,2,17). Lentamente, silenciosamente, casi imperceptiblemente, la devoción y el compromiso salen de nuestras vidas. Nuestros hermanos de Efeso habían "dejado" su amor por Dios. Aquellos que dieron este primer paso, muy a menudo expresan: "Simplemente no me siento tan cerca de Dios como lo estaba antes". No pasará mucho tiempo, si esta actitud no es corregida, antes de que uno se vuelva como Efeso, Sardis o Laodicea.
La tolerancia para comprometer la voluntad de Dios es permitida, y hasta fomentada (2.14, 15, 20). Los creyentes comienzan a engañarse pensando que uno puede tener, al mismo tiempo, paz con Dios y con el enemigo. Buscan la manera menos difícil de vivir y enseñar.
Habrá una falsa seguridad (3.17): ¡La guerra acabó! ¡La prosperidad llegó para los hijos del Reino!
No te rindas
En estos dos capítulos tenemos lecciones vitales para el hombre moderno. Son cinco maneras comentes que el enemigo usa para desanimamos o desviarnos del rumbo. Hace aparecer, a la claudicación, como algo muy atractivo y hasta permitida. El enemigo nos lo pinta como el camino mejor y más fácil. Pero también allí se nos señala la tragedia que deriva de la entrega (3.17b). La claudicación puede comenzar lentamente, y puede que parezca fácil, pero al final acabará en la ruina eterna!
El mensaje de Dios a sus hijos en el libro de Apocalipsis es el de "¡No te rindas!".
Ya en la puesta del sol, en aquel día largo y sangriento de la batalla de Waterioo, cuando los remanentes sobrevivientes de la Antigua Guardia Imperial francesa fueron intimados a entregar sus armas, los veteranos, que llevaban cicatrices de cincuenta victorias encima, exclamaron: "¡El soldado veterano muere nunca se entrega!".
Tal debería ser el clamor de los soldados de Dios en el día de hoy. Usemos el mensaje animador del Apocalipsis: "¡Nunca cedas, nunca te rindas! ¡Siempre confía en Dios por la victoria!, ¡persevera!"
"Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles" (Apocalipsis 17.14).
"Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono" (Apocalipsis 3: 21. Back to Top
No es igual - Disciplina o castigo Usualmente al término "disciplina" se le ha dado una connotación negativa. Para algunas personas la palabra "corrección" les suena mejor. Si miramos el verdadero significado de la palabra disciplina vemos que es algo positivo, que da ánimo, y es aún una prueba de amor (Hechos 12:6).
La raíz de la palabra disciplina es discípulo. Cuando Dios nos disciplina, El está haciendo de nosotros sus discípulos. Cuando usted disciplina a sus hijos, usted los esta formando en discípulos. La disciplina se define como el entrenamiento que desarrolla dominio propio. La disciplina en términos bíblicos incluye tres niveles:
Nivel 1 = INSTRUCCIÓN
Nivel 2 = ENTRENAMIENTO
Nivel 3 = CORRECCION
Nivel 1, es la instrucción. El nivel fundamental de la disciplina comienza cuando instruimos, enseñamos y les comunicamos claramente los valores a nuestros hijos. Tanto en el antiguo testamento como en el nuevo testamento la palabra disciplina apoya esta definición incluyendo los tres niveles. Ahora, dentro de la palabra disciplina, el concepto de "instrucción" se ha abolido y se ha enfocado más bien en los siguientes 2 niveles.
Nivel 2 es entrenamiento. Entrenamiento significa guiar y dirigir el crecimiento del niño. Esto incluye ayudar al niño a formar hábitos y desarrollar eficacia al ser instruido.
Nivel 3, es corrección. Corrección significa alterar o adaptar el comportamiento del niño tomando la medida necesaria para que el siga las instrucciones que se le han dado. Por lo tanto, la corrección le sigue a la instrucción. Un niño necesita corrección cuando aún después de saber tu instrucción, no la sigue. Es de suma importancia tomar acción en este nivel ya que de lo contrario el sentido de seguridad y de dominio propio de su hijo se vera afectado. El ser firme y directo es muy importante en este nivel.
Contraste entre Castigo y Disciplina
Muchos casos en la Biblia diferencian la disciplina del castigo. A los padres se le instruye a que disciplinen a sus hijos, pero no se les instruye a que los castiguen. Lo mismo, si usted es cristiano, entonces Dios lo disciplinará por su propio bien, no lo castigará.
¿Cuál es la diferencia? Como se mencionó previamente, la raíz de la palabra disciplina es discípulo y aprendiz. La definición de disciplina tanto en el nuevo testamento como en el antiguo, incluye instrucción y entrenamiento, así como corrección. La disciplina debe ser motivada por el amor y el cuidado, de acuerdo a Hebreos 12.
En contraste, el castigo implica venganza, y cobrar una penalidad. Antes de ser cristianos, estábamos bajo el castigo Divino. El gobierno tiene una autoridad legítima dada por Dios en cuanto a castigos. (Romanos 13:4-5). Pero los padres son llamados a disciplinar y no a castigar a sus hijos. Y si usted, es un cristiano/a ahora usted no se encuentra más bajo el castigo de Dios.
La siguiente gráfica le muestra la diferencia entre lo que es el castigo y la disciplina.
CASTIGO
DISCIPLINA
PROPOSITO Inflingir pena por una
ofensa, venganza. Corregir y promover un
crecimiento positivo
ENFOQUE Ofensas pasadas Comportamiento futuro
ACTITUD Ira justificada Amor
RESULTADO EMOCIONAL DE LA
PERSONA CASTIGADA O DISCIPLINADA
Miedo culpabilidad, hostilidad Seguridad
La actitud de los padres es crucial al disciplinar a sus hijos. Es posible que el padre utilice el mismo método de corrección y esté disciplinando o castigando al niño dependiendo de su actitud interna.
La Ira es parte del Castigo, no de la Disciplina
Los niños poseen un formidable radar en cuanto a detectar las actitudes internas de los adultos hacia ellos. De hecho, el niño puede identificar la ira de sus padres cuando ello aún ni se han percatado de que están rabiosos.
Saber como manejar la ira es una habilidad necesaria para que los padres puedan disciplinar a sus hijos y no castigarlos o vengarse de sus hijos. Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos. (Colosenses 3:21).
Recomendaciones importantes
Si se siente iracundo/a, trate las siguientes pautas:
1.- No se apresure a corregir inmediatamente. No golpee a su hijo en cualquier
parte del cuerpo, brazos, piernas, cara, etc. (Hay una diferencia entre pegar
y golpear). Es peligroso pegar también cuando su ira está fuera de control,
eso puede conllevar a un abuso infantil.
2.- Sepárese de su hijo por unos minutos.
3.- Admítase a si mismo que usted está iracundo y pídale al Señor que le ayude
a lidiar con su ira y a tomar control.
4.- Pídale al Señor que le ayude a discernir porque esta rabioso/a. A veces está
rabioso con usted mismo debido a que ha dejado que la situación se haya
prolongado sin haberla corregido.
5.- Cuando este calmado/a, entonces vaya donde su hijo y tome acción para
corregirlo.
Si ha disciplinado a su hijo con una ira incontrolable, la mejor forma de remediar la situación es pidiéndole perdón a su hijo, no por corregirlo, pero por haber estado iracundo mientras lo corregía.
Back to Top
Corazón humilde - Recibiendo el consejo Una característica de Israel fue su rechazo a consejos y amonestaciones por su duro corazón. Así también nosotros, no estamos ajenos a la necesidad de recibir consejos o amonestaciones, las cuales, al final, vienen a ser como un estímulo para mejorar y seguir sirviendo al Señor con excelencia.
Un extraño pasaje en el libro de Eclesiastés 4.13 se refiere al «rey viejo y necio que no admite consejos». No es difícil comprender por qué un rey viejo, especialmente si fuera necio, pensaba y sentía que estaba más allá de toda amonestación o exhortación. Después de años de dar órdenes, con toda facilidad pudo haberse construido una psicología que, lisa y llanamente, no pudiera albergar la noción de que él necesitara recibir consejos de otros.
Su palabra y órdenes desde hace mucho tiempo se habían convertido en ley, y para él, el bien se había convertido en sinónimo de su voluntad, y el mal se había convertido en sinónimo de todo lo que fuera contrario a sus deseos y voluntad. Pronto, no le pasaría por la mente la idea de que existiera alguien con la sabiduría suficiente y bastante bueno capaz de amonestarlo. Tenía que ser un rey necio e insensato para dejarse cautivar en tal maraña, y un rey viejo para permitir que esta se solidificara hasta el tal punto que él no pudiera romperla. Además, tenía que haberle dado el tiempo suficiente para haberse acostumbrado a ella, a tal extremo, que ya no se daba cuenta ni de su existencia.
Sin estudio del proceso moral que lo llevó a este estado de dureza, ya le había llegado la hora del sonar de la campana. En todos los aspectos era un hombre perdido. Su cuerpo viejo, marchito y debilitado todavía se mantenía unido para proveer una tumba movible que albergaba un alma ya muerta. La esperanza había partido tiempo atrás. Dios lo había entregado a su altanería y vanagloria. Y pronto moriría su físico también, y su deceso sería como muere un necio.
Arrogancia encubierta
Un corazón que rechaza el consejo fue lo característico de Israel en varios períodos de su historia, y a estos períodos siguió, de manera indefectible, el juicio de Dios. Cuando Cristo vino a los judíos, los encontró llenos hasta el tope de esa auto-confianza arrogante que no acepta ningún tipo de amonestación. «Simiente de Abraham somos» ?dijeron fríamente cuando él les habló acerca de sus pecados y les subrayó su necesidad de la salvación.
La gente común lo oía con agrado y se arrepentía, pero los líderes religiosos judíos se sentían como el gallo en el gallinero y habían actuado como dueños y señores por tanto tiempo que no estaban dispuestos a entregar su posición privilegiada. Como el rey viejo, se habían acostumbrado a tener siempre la razón todo el tiempo. Reprenderlos era para ellos sinónimo de insultarlos. Se consideraban más allá de todo reproche.
Algunas iglesias y organizaciones cristianas han mostrado una tendencia a caer en el mismo error que destruyó a Israel: la incapacidad de recibir consejos y amonestaciones. Después de un tiempo de crecimiento y labor exitosa se aproxima la psicología de la auto-felicitación. El éxito mismo se convierte en la causa del fracaso posterior. Muchos de nosotros llegamos al punto de aceptarnos como los más escogidos y preferidos de Dios. Otros, se han convertido en objetos especiales del favor divino; su éxito es prueba suficiente de que esto es así. Por lo tanto, tienen que tener la razón, y a cualquiera que trate de pedirles cuentas se le descarta instantáneamente como a un entrometido, no autorizado, a quien debiera darle vergüenza atreverse a reprender a los que son sus superiores y mejores.
Si alguno cree que estamos meramente jugando con palabras, que se acerque al azar a cualquier líder religioso y llame la atención a algunas de las debilidades y pecados de la organización. Tal persona recibirá un rápido desaire, y si se atreviere a proseguir, se le confrontará con los informes y estadísticas para comprobar que está totalmente equivocado y no tiene derecho a hacer tales observaciones. «Simiente de Abraham somos» será el tenor de su defensa. Y ¿quién va a atreverse a encontrarle defectos y faltas a la simiente de Abraham?
Indicadores y señales
Aquellos que ya hayan entrado al estado donde ya no puedan recibir amonestación, probablemente no van a aprovechar esta advertencia. Después que el hombre haya traspasado el borde del precipicio, no hay mucho que se pueda hacer para ayudarlo; pero podemos colocar indicadores y señales por la ruta para evitar que el próximo transeúnte se lance al vacío. A continuación presentamos algunos:
No defienda a su iglesia, o su organización, contra la crítica. Si la crítica es falsa no puede hacer ningún daño. Si es verdad, usted necesita escucharla y hacer algo al respecto.
No se preocupe por lo que haya logrado, sino con lo que pudiera haber alcanzado si hubiera seguido al Señor de modo absoluto, y de todo corazón. Es mejor que digamos y sintamos, «Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos» (Lucas 17.10).
Cuando se le censure y condene, no preste atención a la fuente. No pregunte si es un amigo, o un enemigo quien lo señala. Un enemigo suele ser de mayor valor que un amigo porque él no se deja influenciar por la simpatía.
Mantenga su corazón abierto a la corrección del Señor y esté listo para recibir su corrección, sin importarle de quién es la mano que porta la vara. Los grandes santos aprendieron a soportar una paliza con gracia ?y tal vez esa sea la razón por la cual llegaron a ser grandes santos. Back to Top
Hablar bendición - ¿Cómo es nuestro hablar? ¡El poder de una palabra! El pequeño freno que domina el cuerpo pesado y fuerte del caballo. El pequeño timón que hace girar una gran nave en alta mar, aun contra los vientos de una tempestad. La pequeña chispa que enciende un gran bosque. Son las figuras que Santiago usa para impresionarnos con el poder de la lengua y la responsabilidad que tiene la persona que abre la boca para hablar hasta el punto de decirnos que no muchos deben ser maestros porque es tan fácil traicionar el llamamiento de educar y edificar.
Estas figuras nos hacen recordar que las palabras de un pintor de casas, Adolfo Hitler, encendieron una guerra mundial y libró una maldad que todavía marca nuestra sociedad. Pero, también recordamos las palabras de un Winston Churchill que fortaleció un país para soportar los bombardeos día y noche y al final, movilizaron muchos países para resistir y vencer el poder militar más fuerte y ambicioso que jamás se había conocido.
Santiago 3:1-12 enfatiza los peligros de la palabra y sus efectos negativos cuando nos recuerda que "todos ofendemos muchas veces" y "Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto". Usa expresiones como "la lengua es un fuego, un mundo de maldad", "contamina todo el cuerpo", "inflama la rueda de la creación" y "ella misma es inflamada por el infierno". Nos desanima escuchar las palabras, "ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, lleno de veneno mortal".
Pablo también estuvo consciente del impacto negativo de la lengua cuando escribió que el cristiano debe evitar la palabra corrompida; (Ef. 4:29). El vocablo que usó describe una fruta podrida, fea y hedionda. Pablo no habló sólo de expresiones huecas, sino de todo lo que no edifica, expresiones que atacan, humillan, critican, culpan, burlan, desaniman, amenazan, lastiman, engañan; el sarcasmo que hiere, el humor que humilla, lo que causa disensiones o la información que rompe amistades y arruina reputaciones.
Nos hace recordar a todos en nuestro pasado, una expresión de un amigo, de un maestro o de nuestros padres que nos lastimó y que nunca hemos olvidado porque marcó hasta el momento nuestra manera de vernos a nosotros mismos. Si la lengua puede hacer tanto mal, nos da ganas de no abrir la boca jamás.
No obstante, Santiago también dice que "con ella bendecimos al Dios y Padre....De una misma boca proceden bendición y maldición". Sí, la maldad sale de la boca, pero también la bondad, el amor y la edificación pueden salir de la boca. Pablo dice que es posible que el cristiano diga palabras que sean "buenas para la necesaria edificación a fin de dar gracia a los oyentes" (Ef. 4:29) palabras de ánimo, estímulo, afirmación, afecto, admiración, agradecimiento, humildad, compromiso, apoyo, entusiasmo; palabras que piden o dan apoyo y consejo, que enseñan, que piden perdón y perdonan, que sanan heridas, que reconocen que cada uno es frágil, que comparten alegrías, sueños y metas.
Toda la Biblia testifica del poder positivo de las palabras, llegando a su clímax con las bellas enseñanzas de Cristo que han marcado para bien la civilización humana. Después oímos el testimonio y las predicaciones de los seguidores de Jesús y las enseñanzas de los apóstoles que han impactado y orientado la transformación de millones de vidas por más de veinte siglos.
"¿Por qué dije tal cosa?"
Todos recordamos algo que dijimos y que tarde o temprano reconocimos como un gran error. ¿Por qué habíamos dicho tal cosa? Jesús contesta esta pregunta: "¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas" (Mateo 12:34-35). La paráfrasis en inglés que llamamos "The Message" ("El Mensaje") dice así, "Es tu corazón, no el diccionario, que da significado a tus palabras. Una persona buena produce actos y palabras buenas año tras año. Una persona mala es una plaga en el huerto de frutales".
¿Por qué critico a las personas en la iglesia? ¿Por qué murmuro sobre pequeñas ofensas y molestias? ¿Por qué disparo palabras con intención de lastimar a los que están más cerca de mí? ¿Por qué informo a varias personas del error o pecado de otro para que pierdan respeto por él? ¿Por qué exagero un poco para ganar el argumento o para que me vean mejor? ¿Por qué cuento lo que alguien me compartió en confianza? La Biblia dice que es porque dentro del corazón del hombre están los deseos de herir, de defenderse a toda costa, de imponer nuestra opinión, de mostrar que somos importantes porque tenemos las noticias.
Jesús habló de estos temas en varias ocasiones: "No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto... porque de la abundancia del corazón habla la boca" (Lucas 6:43-45). Culpar la lengua es sólo una figura que nos evita discernir las raíces del problema que son nuestros móviles de egocentrismo, ambiciones, malicia, venganza y soberbia. Intentar apagar la comunicación que daña es como matar algunas pocas cucarachas que salgan a la luz. A menos que fumiguemos la casa, seguirán prosperando y propagándose en los rincones oscuros.
Después del discurso clásico de Santiago sobre la lengua, él habla de la sabiduría porque es la sabiduría interna que influye en el hablar de la persona. Hay dos tipos de sabiduría dice él. Una que produce "celos amargos y contención", la jactancia y la mentira, "perturbación y toda obra perversa". En el vocabulario dramático del hermano de Jesús, él describe esta sabiduría como "terrenal, animal, diabólica".
Por otro lado, "la sabiduría de lo alto es primeramente pura [sincera en sus intenciones], después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía". Esta sabiduría viene del cielo, de Dios y de su Palabra, y produce el hablar que motiva, sana las relaciones, levanta las personas, las edifica y las transforma. Lo que está en el corazón hace la diferencia.
¿Cuál es el corazón que buscamos tener? ¿Cómo llegaremos a tenerlo?
Un corazón arrepentido. Cada vez que pecamos con la lengua necesitamos darnos cuenta de lo que hemos hecho, examinar los móviles del corazón y confesar esas actitudes al Señor. Si no vemos el egocentrismo y orgullo como una necia ofensa a Dios, seguiremos en lo mismo y no cambiaremos.
Un corazón agradecido. Cuando estamos convencidos y agradecidos por todo lo que Dios ha hecho, está haciendo y hará por nosotros, rebosaremos con satisfacción y contentamiento. Crítica y quejas desaparecerán cuando enfocamos las cualidades positivas de las personas y los propósitos de Dios en las circunstancias.
Un corazón que conoce el amor de Dios. Cuando seamos "capaces de comprender cuan ancho, cuan largo, que profundo y que alto es el amor de Cristo y conocer este amor que pasa todo entendimiento" nos sentiremos seguros en el deleite de Dios en nosotros. La necesidad de la aprobación de otros disminuirá. Perderemos la tentación de exhibir nuestros logros y exagerar una historia para impresionar a otros. No exaltaremos el ego tratando de ser el centro de la atención. Nos consumirá el deseo de que otros conozcan y experimenten ese amor, en vez de buscar que nos amen.
Un corazón que ama a Dios. Al responder al amor de Dios el corazón se llena de adoración y alabanza. "Mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día" (Salmo 35:28). Al amarle más nuestros pensamientos y conversaciones se ocupan más de Dios. Contaremos con el apoyo, dirección, provisión y poder de Dios en nuestras experiencias. Nuestras palabras edificarán y animarán a otros.
Un corazón que ama a la gente. Obviamente, los pecados de la lengua muestran una falta de amor a otras personas. Si de verdad buscamos el bienestar de los demás, la mayoría de estas faltas desaparecerán. Nunca quisiera dañar la reputación de otro. Perdonaré. "El amor es sufrido, es benigno...el amor no es jactancioso, no se envanece...no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (1 Corintios 13:4-7).
Un corazón humilde. En Salmo 8:13, Dios aborrece la soberbia, la arrogancia y la boca perversa. Salmo 73:8-9 describe la soberbia de los que hablan mal: "Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia; hablan con altanería. Ponen su boca contra el cielo, y su lengua pasea la tierra". En cambio, el cristiano humilde atribuye sus éxitos a Dios, es honesto en cuanto a sus debilidades y fallas. Evita la crítica porque reconoce que es capaz de pecar también. Rinde el control de su corazón y su lengua al control de Dios para que él use al cristiano como instrumento de bendición.
¿Cuál es la misión de la lengua? Hablar temas que dan gracia a los oyentes, por ejemplo: edificar, llenar necesidades, conocer y dar a conocer, pedir perdón y perdonar, contar lo que Dios ha hecho y comunicar buenos conocimientos. Las palabras han de expresar afecto, ánimo, estímulo, agradecimiento, compromiso, apoyo, sabiduría, entusiasmo, alegrías, sueños y metas. ¡Qué gozo, alegría y apoyo podemos compartir! ¡Qué bendición podemos ser! Back to Top